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En el ciclismo, la derrota es la norma y la victoria, la excepción. Entre decenas de aspirantes, el honor de levantar los brazos solo le corresponde a un privilegiado. Iván Gómez, uno de los ciclistas segovianos con más potencial, explica esa sensación. “Esos dos o tres segundos de euforia, cuando sabes que vas a ganar, son increíbles. Algo que no puedes conseguir de otra manera. Es una pasada, no podría describirlo”. A sus 18 años, en los últimos meses de su temporada juvenil, habla de la recompensa, de todo lo que hay detrás de un buen puesto. “Es un deporte muy sacrificado; la mayoría de las veces no tienes premio. Y esos momentos te hacen ver que todo el esfuerzo vale la pena”.

Iván empezó a montar en bicicleta cuando tenía siete años. “A mi padre le gustaba, siempre nos había hablado bien del ciclismo”. Fue una tarde al velódromo de Madrona con su hermano mellizo Alejandro, el mayor. En la carrera del alumbramiento, Iván terminó segundo. Las bicicletas eran tan grandes, o ellos tan pequeños, que no podían echar pie a tierra. “Nos tenían que parar nuestros padres. Y eso nos pasaba no solo entrenando. Acabábamos una carrera y hasta que alguien no nos parara no podíamos bajarnos de la bici”.

Empezó montando en Madrona una vez a la semana con las escuelas de ciclismo, con compañeros desde los siete a los 15 años. Al principio entrenaba con los pequeños, después ya fue con los mayores. “Al principio era un juego”. Ganó su primera carrera, con ocho años, en Navas de Oro. “Todo fue muy rápido, hacíamos distancias muy cortas. Salí el primero, llegué el primero y estaba muy contento porque nunca había ganado nada”.

Un grupo de amigos

El juego se convirtió en algo más en su último año de escuelas, con 15 años, con la aspiración de clasificarse para los primeros campeonatos de España. Salía a entrenar un par de horas a la semana con el equipo de cadetes de Segovia. “Nos picábamos en las cuestas; así es cómo entrenábamos”. Así surgieron líneas de meta imaginarias en La Granja, Valsaín, Los Hoyos o Zamarramala. Fue al campeonato de España, en Mérida, entre los cuatro seleccionados de Castilla y León. No tuvo suerte; caída en la primera vuelta y avería mecánica.

En el paso a cadetes, encontró un gran grupo humano. “Más que compañeros, éramos todos súper amigos. Aparte de lo competitivo, que no nos fue nada mal -ganó seis carreras en el segundo año en Burgos, San Sebastián De los Reyes o Fuenterrebollo-, nos lo pasamos muy bien”. También fue al campeonato de España –hizo entre los 15 primeros- pero se fracturó la clavícula en la que fue su última carrera del año, en País Vasco. Iba vestido con el maillot de la montaña, no pudo esquivar a otro ciclista en una bajada y cayó con el pecho. “Me levanté y cogí la bici, pero sabía que me había roto la clavícula. Notaba el hueso clavándome, era una sensación muy extraña”.

El reto del confinamiento

Segovia no tiene equipo en juveniles, así que compitió con el Artepref, de Aranda de Duero. “Se vuelve un poco más serio, pero han sido dos buenos años con los amigos. La categoría es ya bastante complicada”. A ello se añade la situación sanitaria, con una temporada interrumpida bruscamente en marzo. “Pensábamos que no íbamos a correr más en todo el año, así que hemos podido salvarlo un poco. Para un ciclista que está acostumbrado a correr muchísimo, competir tan poco lo complica todo. Si en lugar de 20 carreras, hay seis, todo el mundo se va centrar en ellas”. Entrenó disciplinadamente con el rodillo durante el confinamiento; ciclismo bajo techo y secundaria a distancia. Iván preparó desde casa la selectividad, sacó una nota excelente (12,05) y estudiará Fisioterapia en la Complutense, de momento en formato semipresencial.

El perfil de Iván es completo: tiene punta de velocidad, es buen rodador en llano y se defiende subiendo. Es la exigencia del ciclista actual: no puede haber puntos débiles. “Son buenos en todo, no flaquean”. En una época en la que veinteañeros imberbes como Tadej Pogaçar ganan un Tour de Francia, la exigencia por llegar a un gran nivel lo antes posible es real. Con todo, él tira de una madurez impropia de su edad para ver las cosas con calma. “Está todo muy profesionalizado y parece que si eres malo con 22 años no vas a llegar a nada. Sub-23 es una categoría mucho más dura, te exige el máximo. Son los años en los que tienes que demostrar si realmente vales”. Aún no sabe con qué conjunto correrá el próximo año, pero su idea es irse a algún equipo del norte. Compatibilizar ciclismo y estudios nunca ha sido un problema para él. “Los estudios antes que la bici. Hasta ahora he podido hacer las dos cosas sin dejar nada de lado”.

En un deporte señalado más que el resto por el dopaje, Iván espera vivir tiempos mejores. “El que quiera hacer trampas, las va a poder hacer, pero yo confío en que es uno de los más limpios”. Ante la disyuntiva, él tiene clara su respuesta. “Importa más saber que has ganado un título limpio que llevarte todas las carreras del año y saber que realmente no las has ganado tú”.

Iván reivindica más instalaciones en Segovia para evitar los peligros del tráfico. Habla del velódromo de Madrona como una solución para los más pequeños. “En una pena, con todo el amor al ciclismo que hay… Les vendría genial hasta que pierdan el miedo de salir a la carretera”. Él, que entrena más de 15 horas a la semana por las carreteras segovianas, es consciente de los riesgos. “Siempre intento ir por zonas con menos tráfico, más tranquilas y, a poder ser, casi siempre acompañado. Pero sí, miedo siempre hay”. Y un mensaje para el conductor: “Aunque los ciclistas a veces no lo hagamos todo bien, que piense que el que va en la bici es su hijo”.

Buen balance de 2020

Iván Gómez se muestra satisfecho con un año lleno de trabas. “Pese a todas las complicaciones que ha habido con el tema del Covid, ha sido una buena temporada y voy a afrontar la categoría sub-23 con más ganas”. Volvió a competir en julio con la Vuelta a Besaya. “La gente estaba muy preparada, fue una toma de contacto de bastante nivel”. Este año ha ganado el campeonato de Castilla y León en pista en el velódromo Narciso Carrión de Valladolid. Poco después, fue sexto en el campeonato de España de carretera, que se disputó en Mallorca. Todo un hito con la presencia de un centenar de ciclistas. “Tenía la rabia de haberme quedado cerca de las medallas, pero estaba contento”. De vuelta a la pista, fue campeón de España en Tafalla (Navarra)con la selección de Castilla y León en la prueba de velocidad por equipos.

La guinda la puso el pasado sábado con su triunfo en Villalba, su primero como juvenil en carretera. Fue un día desapacible, desde una leve caída en la salida neutralizada a la lluvia y viento, omnipresentes durante toda la prueba. Iván entró en una escapada y se marchó en la subida final con el que a la postre acabaría segundo. Tras varios ataques fallidos, llegaron juntos a meta y el segoviano ganó al sprint.