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En todos los deportes existe una meta, un objetivo que alcanzar. Cruzar la línea de llegada, lanzar más lejos, saltar más alto… o en los deportes colectivos conseguir derrotar a otro oponente en un partido con un tiempo pretederminado.

Sin embargo, existe una carrera en la que no hay línea de meta, ni otro objetivo para el corredor que no sea el de superar a sus rivales por puro agotamiento, ya sea físico o mental. Se trata de la Backyard Ultra, o ‘Carrera sin fin’ que se celebró en la localidad pontevedresa de Castro Caldelas como campeonato de España, y en la que tomaron parte más de 80 corredores, entre los que se encontraba el segoviano Luis de Andrés Santos.

Una carrera sin fin

La base de la carrera era tan sencilla como demoledora. Había que completar en menos de una hora un circuito de 6’7 kilómetros, para así tener la posibilidad de poder completar otra vuelta al circuito, también en menos de una hora, y así sucesivamente en una carrera de puro desgaste en la que los atletas tenían la posibilidad de descansar los minutos que ‘ganaran’ al crono para completar el recorrido. Si este se podía hacer en 50 minutos, se descansaban 10. Si se completaba en 55, se descansaban 5. Si se hacía en 60 minutos justos… tocaba seguir corriendo.

Luis, un experto en ultramaratones con varias pruebas de más de 100 kilómetros a sus espaldas, afrontó la prueba con un plan, “algo imprescindible en este tipo de carreras con un evidente desgaste físico, pero también mental”. Su objetivo pasaba por realizar 24 vueltas al circuito “ya que el ganador del año pasado completó 23”, y realizar cada vuelta en 50 minutos para poder descansar durante 10 minutos, “el tiempo suficiente para poder recuperar fuerzas sin quedarte demasiado frío”.

 

Los atletas debían completar todas las vueltas a un recorrido de 6’7 kilómetros en menos de una hora

 

La organización dispuso dos circuitos, uno para recorrer de día con un perfil más montañoso “que nos viene bien para no ‘aburrirnos’ mientras corremos”, y otro nocturno, con un perfil más suave “y que agradecimos mucho, porque llovía a mares, y haber hecho el mismo circuito con barro de noche habría sido algo peligroso”.

Veinticuatro horas después de tomar la salida a las diez de la mañana del sábado, el atleta segoviano decidía parar “porque ya había cumplido mi objetivo, y además de la paliza física, porque nunca había llegado a correr 160 kilómetros, mentalmente no creo que estuviera preparado para afrontar otra vuelta”. El ganador, Víctor Corvo, dio 32 vueltas al circuito. El récord del mundo está en 68 vueltas dadas en 68 horas, 468 kilómetros corriendo.

La sensación de objetivo cumplido

En la meta, como en cada vuelta de las veinticuatro que dio, a Luis le esperaba su padre “que fue el que me metió el gusanillo de correr”, y que estuvo acompañándole en Pontevedra.

Acabé con la sensación de objetivo cumplido, y siendo consciente de que había hecho un buen puesto”, señala el segoviano, “porque a cada vuelta que daba veía que cada vez íbamos quedando menos”. Al final, la séptima plaza compartida con Ibon Gamboa y Manuel Fernández le otorgó un ‘Golden Ticket’, clasificándole directamente para el campeonato del mundo de la especialidad, que en esta edición tendrá un formato muy distinto por culpa de la pandemia.

 

El segoviano competirá en el campeonato del mundo que se celebrará de manera simultánea en varios países

 

Así, el 17 de octubre a la una de la tarde, los corredores seleccionados por cada país de los 19 que tomarán parte en la carrera, se sincronizarán para disputar el Mundial cada uno en su lugar de origen, en circuitos de perfiles similares. En España los seleccionados volverán a Castro Caldelas, “aunque nos han dicho que van a suavizarlo un poco para adecuarlo al del resto de países”.

Luis de Andrés acudirá a la cita “para disfrutar todo lo que pueda” de una carrera no apta para principiantes “porque esto no es para cualquiera. Hace falta mucho entrenamiento, y un punto de locura para ponerte en la línea de salida y saber cuándo vas a empezar una carrera, pero no cuándo la vas a terminar”. Su trabajo de teniente de navío en el portaaviones Juan Carlos I en Rota le deja tiempo para entrenar por las tardes, completando cada semana entre 60 y 80 kilometros por montaña.