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Existe una expresión muy castellana que apela a “desnudar a un santo para vestir a otro” en referencia a intentar arreglar algo estropeando otra cosa. La Gimnástica Segoviana, que tenía ayer un buen número de santos que vestir, se empeñó en hacer experimentos frente a una Arandina que llegó a La Albuera sumida en una buena depresión, y salió del campo extraordinariamente reforzada, después de ganar un partido a base de creer que podía hacerlo, incluso cuando peor le estaban saliendo las cosas.

No son pocos los aficionados que opinan que la Segoviana tiene peor plantilla que el año pasado, y aunque la realidad del día a día puede ocultar este hecho, poniendo por delante otra realidad como es que, haciendo medianamente bien las cosas el equipo azulgrana es claramente superior al noventa por ciento de los conjuntos del grupo octavo de Tercera, cuando llegan los rivales de entidad, como el Zamora el primer día del curso, o la Arandina en la tarde del domingo, este hecho se nota. Y más cuando de la convocatoria se te caen jugadores que apenas tienen recambio en el plantel como son Rubén en el lateral izquierdo, Manu en el pivote defensivo, y Javi Marcos en el puesto de central.

Y es ahí donde el cuerpo técnico debe entrar a suplir esas bajas para que el equipo se resienta lo menos posible. Que Asier Arranz tenga que ocupar la plaza de Rubén es el mal menor, porque pierdes toque centro del campo, pero no hay otro para suplir a ‘Chupo’. Pero que para paliar las bajas de Javi Marcos y Manu el cuerpo técnico se ‘inventara’ cambiar de posición a Viti y Domingo, metiendo al vallisoletano de pivote, y al segoviano de central es una de esas decisiones que por muy bien que se expliquen (y Ramsés se ocupó de ello en la rueda de prensa) no terminan de entenderse demasiado bien. Ni mal. Que no se entienden, vamos.

SOBRE GUSTOS…

Para otro debate futbolístico puede quedar la obsesión por colocar a Dani Arribas pegado a la banda izquierda cuando donde verdaderamente crea peligro es cerca del área, o como mucho en la banda derecha, o la confianza plena que se demuestra en futbolistas como Álex Conde, que lleva casi un año sin estar al cien por cien, o la poca que se tiene en jugadores desequilibrantes como Diego Gómez o Iván Sales. El gusto del entrenador siempre es respetable, porque es el que toma las decisiones, y las seis victorias antes de la justa derrota de ayer le avalan, pero esa ‘manía’ de sacar a futbolistas fuera de su posición apelando a una polivalencia cada vez más dudosa, suele pasar factura ante rivales que tienen las cosas muy claras.

La Arandina llegó al campo de La Albuera con una idea, y la mantuvo hasta el final. Presionando de manera insistente la salida del balón de los gimnásticos, cortocircuitó el juego ofensivo local, que se reducía a balones en largo que el viento se llevaba hasta la portería de Tienza, mientras que en defensa, mientras el físico se mantuvo, los problemas fueron más o menos solventados, aunque uno de los asistentes echara un par de manos, o de banderazos, marcando un par de fueras de juego que si se los hubieran señalado al equipo de casa se habrían encontrado con las iras del respetable.

JAVI BORREGO, DE LOS POCOS

El partido no tuvo una sola ocasión de gol reseñable en su primera parte hasta que en el minuto 37 Dani Arribas (qué curioso, cerca del área…) peleó por un balón que cedió a Javi Borrego, que abrió hacia Calleja. El centro del ’10’ gimnástico no pudo ser rematado por Borrego, que fue objeto de penalti, pero sí por Dani Abad, que marcó en la única ocasión que tuvieron ambos equipos en la primera mitad.

El gol no hacía justicia a lo visto sobre el terreno, porque el partido transitaba por un 0-0 de manual, pero el fútbol no entiende de justicias, y tras el paso por los vestuarios la Segoviana se vio con la opción de sentenciar el partido con un segundo tanto. Pero Calleja no encontró portería en un remate desde la frontal tras otra gran acción de Javi Borrego, Dani Arribas chutó desde cerca en una contra para que el portero visitante se luciera, y el propio Javi Borrego se topó con Tienza en su lanzamiento flojo con la derecha.

Pero bastó con que la Segoviana diera un primer síntoma de cansancio para que la Arandina saliera de las cuerdas, y le asestara tres golpes que dejaron K.O. al equipo que dirigía Ramsés en el banquillo. Con el conjunto local partido por la mitad, porque los de arriba ya no bajaban a defender, Christian se lució a remate cercano de Joaquín en una acción visitante, y poco más tarde, en un lanzamiento de esquina que pilló de sorpresa a los locales, Kalifa desde el segundo palo colocó el balón dentro del área pequeña para que Diego Rubio pusiera el empate.

CHIRSTIAN SALVÓ DE UN MAL MAYOR

Desde ese momento, y hasta el final del partido, la Segoviana entró en un proceso de descomposición brutal. Con Viti absolutamente superado en el pivote defensivo, y con Domingo sin encontrar su sitio en el central, (lo de Adrián en el lateral fue caso aparte) Joaquín se encontró con campo abierto para plantarse ante Christian y cruzar su remate, que se estrelló en el pablo. Beli, rodeado de… nadie, solo tuvo que empujar el 1-2.

Y aún fue peor la cosa, porque en pleno desconcierto local, cuando el sistema pasaba a ser de tres centrales, Beli machacaba el 1-3 al contragolpe. Pudo ser peor, porque desde ese momento y hasta el final del partido se pudieron contabilizar tres mano a mano de jugadores de la Arandina ante Christian, cuya actuación impidió que el castigo fuera mayor.

Quiso el cuerpo técnico cambiar el rumbo de una nave que hacía agua por todas partes, apelando al esfuerzo de Diego Gómez, a la calidad intermitente (lógico con los pocos ratos que juega) de Elías, y el trabajo sin descanso de Ivi. Pero el partido estaba muerto, y cuando la Segoviana se empeñaba en resucitarlo, la Arandina tiraba de galones para volver a rematarlo. Así se gestó una derrota que se esta convirtiendo en ‘clásica’ frente a la Arandina en La Albuera, y que debería servir para reflexionar. Poner a los jugadores en su posición habitual, y suplir la baja de uno con la llegada de otro que juegue en el mismo sitio, suele ser un buen remedio. Pero esto es fútbol, y cada uno tiene su verdad.