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Filipe Mota, en un acción del partido entre Nava y Bidasoa el pasado mes de marzo. / AMADOR MARUGÁN

Filipe Mota empezó a jugar con siete años en un pequeño club de Lisboa. Casi tres décadas después -celebra los 37 el próximo 17 de mayo- cumple su quinta temporada en el balonmano español. Con todo, no conoce el pabellón municipal de Nava de la Asunción en plenas facultades. El Huesca, en el que militaba el curso pasado, no visitó Segovia antes de la pandemia. Y este curso, las restricciones imperan. “Me queda un año de contrato, así que seguiré el año que viene para verlo”.

— ¿Por qué el balonmano?

— Mi padre me quería apuntar a hockey, pero el material era muy caro. El otro deporte que había en el pabellón cerca de mi casa era el balonmano. Me apuntó, le tomé el gusto y hasta ahora.

— ¿Qué le llevó a España?

— Sabía más o menos cómo era jugar aquí de mi época en Almería. Tuve compañeros españoles en Rumanía y Hungría y hablé con ellos. Quería volver más cerca de Portugal.

— El Huesca ha pasado de ser penúltimo antes de la pandemia a ser segundo este curso ¿Se lo esperaba?

— La verdad, tanto no. El año pasado hicimos una primera vuelta muy mala y sabíamos que iríamos para arriba. Jugamos dos partidos buenos, pero llegó el Covid. Huesca tiene equipo para estar arriba y pelear siempre por Europa.

— ¿Por qué dijo sí a Nava?

— Desde que vine a España ficho cada vez por un equipo que está más cerca de Portugal (sonríe). Tenía a compañeros portugueses aquí… Me llamó el presidente después de Navidad, hablamos y me hizo una oferta. Como Huesca estaba donde estaba, no pudo hacerme una contraoferta para que me quedara porque no sabían qué iba a pasar. Con la edad que tenía, no podía rechazar la oferta de Nava. Firmé dos años y estoy a gusto, aunque con el Covid no se pueda casi viajar. A ver si se normaliza la cosa, estoy a cuatro horas de casa.

— ¿Cómo vive la pandemia desde la distancia?

— No es fácil estar en otro país, pero con la tecnología, las videollamadas o las redes sociales… Portugal lo pasó muy mal y mis padres pillaron el Covid, como nosotros, pero lo pasaron casi asintomáticos. Así que no ha sido tan malo.

— ¿Qué secuelas le dejó?

— Tuve un poco de dolor de cabeza. Y cuando vuelves a entrenar, tienes fatiga. Al cuerpo le cuesta adaptarse otra vez.

— No ha llegado a ver el pabellón lleno

— Me lo comentaba siempre Álvaro (Rodrigues). Si con la gente que viene ahora ya da gusto, imagínate cuando sean mil…

— ¿Teme irse sin presenciarlo?

— Yo tengo contrato un año más y creo que voy a seguir. Pasar por Nava y no ver el pabellón lleno sería una pena porque es una de las cosas por las que firmé. Tengo ganas de ver nuestro pabellón así, y el de los demás. Hay una diferencia entre jugar con afición y sin ella… Ya se notó el último partido en Cuenca. Es que sin afición parece un entreno o un partido amistoso.

— ¿Esperaban puntuar allí?

— Trabajamos siempre para ello, aunque sea en pabellones difíciles. Teníamos que ser serios, cometer pocos errores y estar en partido. Estuvimos muy bien, sobre todo Patotski, y al final casi fue una sensación de punto perdido. Intentamos ganar, no fue posible, pero el empate está muy bien.

— ¿Cómo vio desde dentro a un portero parando el 63% de los tiros en el primer tiempo?

— Cuando hay errores en la defensa y el portero sigue parando, te motiva aún más. En el vestuario le saludábamos, le decíamos que muy bien, que siguiera así el tiempo que pudiera.

— ¿Qué explica su mejora personal en las últimas semanas?

— Principalmente, es el físico. Para defender de 3:0 y atacar de central… Si no estás bien, te cuesta, porque son muchos minutos. Luego llevas un tiempo conociendo a los jugadores y ya hay muchas veces que no hace falta hablarse para hacer las cosas.

— En los peores momentos, la crítica era que los fichajes no estaban funcionando. ¿Sentía esa responsabilidad?

— No solo los fichajes, sino todos. Entrenando veíamos que éramos buenos, pero llegábamos a los partidos y no hacíamos las cosas como sabíamos. Estábamos hundidos, no teníamos confianza.

— ¿Por qué?

— Siempre intentábamos lo mejor, pero a veces las cosas no salen. El tema del Covid no es excusa, pero estábamos bien, nos dejó un mes casi parados y es difícil volver. Hay cosas que no se pueden explicar; cuando estás en una espiral negativa, salir es jodido.

— ¿Qué ha cambiado Zupo?

— Qué te puedo decir… Yo creo que cuando Zupo llegó los jugadores cambiaron un poco la mentalidad. Se pusieron un poco más las pilas, empezaron a entrenar más serios… Quitó un poco de presión a jugadores que la estaban acusando en algunos partidos. Se notaba que la gente entrenaba más relajada y suelta. Y luego, dice lo que tiene que decir, ya seas un jugador joven o veterano. Hay veces que hay que decir las cosas como son. A mí me dijo que quería “esto, esto y esto” de mí. Yo lo intenté cambiar lo mejor que pude y creo que lo estoy haciendo bien.

— Ha anotado goles clave en los últimos segundos. La victoria ante Valladolid y el penalti que valió el empate ante Sinfín. ¿Cómo afrontó ese lanzamiento en un partido crucial?

— En esos momentos intento no pensar en si es crucial o que voy a fallar. Voy, con la confianza que tengo de todo el equipo y el entrenador, a intentar meter gol. No quiero pensar en las consecuencias que pueda haber.

— ¿No perder ese partido fue un punto de inflexión?

— Ahí sí que sentimos que había sido un punto ganado y no un punto perdido. Teníamos que puntuar sí o sí y creo que el equipo acusó la presión de tener que ganar el partido. Hay que estar concentrado todos los partidos; si no estás al cien por cien, puedes perder con cualquiera. Desde ese partido sabíamos que todo eran finales y hemos apretado para sacar los puntos que venimos sacando.

— ¿Cómo es su vida en Nava?

— Con mi mujer y mi hijo Rodrigo. Muchas veces la vida es ir a entrenar, estar con la familia y dar una vuelta por el pueblo o por alrededor. A ver si empiezan a desconfinar la cosa y se puede salir un poco más. Cuando sales a la calle, los aficionados siempre vienen a saludar y a ver al niño. Está muy bien.

— ¿Cuántos puntos necesitan para salvarse?

— Ahora mismo, con tres puntos, sobre todo tras haber conseguido el de Cuenca.