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Agus Alonso intenta progresar con el balón con el defensor del Guijuelo tratando de medirle en la carrera durante un momento del encuentro. / JUAN MARTÍN-GIMNÁSTICA SEGOVIANA
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Muerta en su mayoría, pero no totalmente muerta. Así, como si se tratara del ‘El Milagroso Max’ definiendo a Westley en la película de culto ‘La Princesa Prometida’, es como se describe la situación de la Gimnástica Segoviana a tres jornadas para el final de la competición, tras el empate sin goles que cosechó en el campo del Guijuelo, que deja al equipo gimnástico a cuatro puntos de la permanencia, con nueve por disputar. Quizá un poco de magia en forma de tres victorias consecutivas pueda obrar el milagro, pero…

Necesitada de la victoria, la entrada al campo de la Segoviana fue la que se esperaba en un encuentro de unas características como las que ‘pintaban’ en el Municipal de Guijuelo. El equipo gimnástico salió con ansias de sorprender a su oponente, al que metió el miedo en el cuerpo cuando, apenas superado el minuto tres de partido, Javi Marcos recibía el balón en un saque de falta, y su zapatazo se estrellaba en el larguero de la portería de Kike. El balón le cayó al Kike de la Segoviana, pero éste no pudo culminar la ocasión.

Meterse en el terreno de las hipótesis, del ‘y si…’, resulta dañino, pero no cabe duda que si el lanzamiento de Javi Marcos hubiera supuesto el 0-1, el partido se habría desarrollado de una manera muy distinta. Pero la realidad fue que no hubo gol, y el Guijuelo se metió rápidamente en el partido, y un remate de Jónathan, a centro de Kevin, encontró la cumplida respuesta de Pablo.

Pero, pasados esos diez minutos en los que hubo algo más de juego, el resto del primer tiempo transcurrió entre imprecisiones, balones divididos y no pocos choques en cualquier zona del campo. El árbitro, que no quería que se le escapara un partido que se preveía ‘caliente’, pitó todo lo que vio, e incluso lo que intuía, aunque afortunadamente en el área de la Segoviana dijo el famoso ‘sigan, sigan’, en un par de acciones en las que los locales reclamaron penalti, aunque ninguna de las dos acciones dio la impresión de merecer el castigo de los once metros.

MEJOR SIN EL BALÓN, QUE CON ÉL

El partido resultaba embarullado y con dificultades para dar más de tres pases seguidos, entre la congestión que había en la zona ancha y los pocos espacios para mover el balón con fluidez, de lo que se resentía una Gimnástica que se no se encontraba cómoda sobre el verde. Con todo y pese a las dificultades, era mejor el equipo visitante, que manifestaba más argumentos que el Guijuelo, al que prácticamente le alcanzaba con destruir el juego.

Con el paso de los minutos cambió un poco la dinámica y fue el equipo de casa el que recuperó el balón, aunque sin generar peligro porque la presión de los jugadores segovianos neutralizaba las tentativas charras. Consecuencia de ese fútbol táctico y poco brillante, el balón apenas llegaba a las áreas y por tanto el fútbol resultaba plano, aburrido y previsible. Apenas las pelotas a balón parado generaban algo de incertidumbre, aunque con mínima repercusión como en una falta que detuvo Pablo a lanzamiento de Raúl Ruiz. Con esa acción terminaría una primera parte en la que hubo tanto respeto como poco fútbol.

Tras la reanudación, la Segoviana comenzó con precauciones, demasiadas para lo que imponía un rival que no había demostrado demasiado. Pero el equipo de Abraham García priorizaba el no cometer errores y encontrar su momento. Lo encontró a los seis minutos en un centro que no halló rematador y luego a la salida de un córner. El partido, eso sí, tenía más ritmo, pero mantenía sus bajas pulsaciones en cuanto a jugadas de gol.

La inercia hizo que el choque adquiriera los parámetros de la primera parte, con mucho contacto, muchas imprecisiones y fútbol interrumpido con demasiada frecuencia. De ese escenario era difícil que se crearan ocasiones de gol y sólo desde la distancia lo probaban con desigual fortuna, como en un lanzamiento de Rubén que detuvo Kike Royo. Más duro fue el siguiente remate de Fernán, que también despejó con los puños el portero del Guijuelo, esta vez con más dificultades. Sin embargo, en una acción aislada, fue Fuster el que tuvo una buena oportunidad para el equipo salmantino que detuvo Pablo en unos minutos en los que la Gimnástica se mostraba con pocas ideas para imponerse a un rival que por momentos intentó asumir más protagonismo. Con todo, el equipo local pudo haber marcado en una jugada en la que Gavilán recibió el impacto de un centro en la cara pero sin tiempo para dirigir con precisión el balón.

Pero fue un quiero y no puedo porque el Guijuelo no estaba para demasiadas exigencias y los chacineros no llegaron nunca a inquietar a una Gimnástica que gestionó tan bien el orden como mal su apuesta ofensiva. El punto es esa píldora que puede servir para resucitar al muerto (porque la Segoviana está ligeramente viva…) aunque, como dijo ‘El Milagroso Max’, “haría falta un milagro”.