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A veces, competir al máximo basta para irte a la cama con la conciencia tranquila, aunque competir para acabar perdiendo no te exime del disgusto. Tras el partido ante el Colmenarejo, las jugadoras del Unami pudieron irse al vestuario sabiendo que lo habían puesto todo sobre la pista, aunque con el disgusto de que eso no había sido suficiente para superar a un Colmenarejo que se mostró como un conjunto bien trabajado, físicamente capaz de aguantar ritmos exigentes, y con el acierto necesario para romper el choque cuando peor lo estaba pasando.

Como es norma habitual en el conjunto de Toño González, el equipo de casa fue de menos a más, y comenzó el choque siendo dominado por un oponente que quería marcar diferencias desde el principio. Y si bien en los ataques posicionales las azules apenas dejaron espacios, en el balón parado se pudieron comprobar las diferencias existentes entre los dos rivales, porque el Colmenarejo remató prácticamente todos los saques de esquina que tuvo a favor, y de tanto hacerlo terminó encontrando la portería de Lau.

En el minuto tres de partido, Lydi sorprendió a la defensa azul (y a unos árbitros despistadísimos) con un remate en el primer palo que se convirtió en el 0-1, marcador que se sostuvo durante muchos minutos, porque el Colmenarejo atacaba, pero guardando bien la ropa, y el Unami se defendía con orden, aunque sin mordiente en la ofensiva, hasta que llegó su oportunidad a dos minutos de la conclusión, cuando María recogió un saque en largo de Lau, y aprovechándose de una cierta pasividad de la defensa madrileña, cedió el balón a Laura Llorente, que cruzó con calidad.

El 1-1 parecía el marcador con el que se llegaría el descanso, pero de nuevo a balón parado el segundo clasificado iba a marcar las diferencias, tras un saque de esquina que fue rematado con demasiada claridad por Martita. Pudo igualar de nuevo el Unami, pero María no encontró el gol tras una cesión de Laura Llorente que había sorprendido a la portera Joy.

BENDITOS RECOGEPELOTAS

El fútbol sala sin ritmo es un deporte aburridísimo, pero cuando lo tiene, las alternativas son tantas que el espectador se lo pasa en grande. Y la segunda parte del encuentro entre segovianas y madrileñas, con cuatro recogepelotas en la pista que no permitían que el partido se frenara en su ritmo, fue de lo más vistosa.

Cuando no hay lugar para la pausa, el apartado físico cobra una importancia capital, y en ese aspecto el Unami ha mejorado muchísimo con la presencia de jugadoras como María, Marta o Leyre, que le ponen mucha intensidad a sus acciones. Bien acompañadas por unas veteranas que pusieron mucho de su parte, el equipo local se vino arriba pese a encajar el 1-3 en una acción en la que Lau no consiguió atajar el balón en un envío al segundo palo. Lydi estuvo atenta para poner los dos goles de renta para las visitantes.

HASTA QUE NO PUDIERON MÁS

Echaron el resto las segovianas, y María redujo las diferencias enviando a la red un despeje de la guardameta del Colmenarejo a remate raso de Laura Llorente. Poco después, Leyre peleó por un balón dividido con tanta fuerza que acabó anticipándose a su defensora, batiendo a Joy en una extraordinaria acción que reflejaba en el marcador lo que se veía en la cancha, que el Unami estaba igualando el partido a base de intensidad.

Pero el Colmenarejo, que se había metido en una dinámica de partido que quizá no se esperaba tras el 1-3, supo reaccionar de la mano de una gran jugadora como es Orive, bien ayudada por Martita y Cris Llanos, y con Lydi de estilete, marcando el 3-4 después de un contragolpe que las locales pudieron abortar de haber ido con un poco más de fuerza al despeje. Pero las fuerzas ya estaban justas, y apenas llegado el cuarto gol madrileño subió el quinto al marcador, tras una muy buena acción en el pivote de Anacris, que se revolvió perfectamente para superar a Lau en su salida.

El portero-jugador del Unami volcó el partido sobre la portería del Colmenarejo, que tampoco tuvo tan lejos el 3-6 a la contra, pero el marcador no se movió más, y los tres puntos se marcharon en el autobús del conjunto madrileño, con más pólvora que un Unami que puso todo lo que tiene sobre la pista. Y, aunque eso en ocasiones no sea suficiente para puntuar, sí basta para acabar con la conciencia tranquila.