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Imagen de archivo de los jugadores del Turégano tras la consecución de un gol. / A. MARTÍN

Para despertar al Turégano de su sueño va a hacer falta más que un susurro. El cuadro de Luis Bertó no se conformó con disputar una final por ascender a Tercera División, sino que demostró el hambre para ganarla. Así se llevó el duelo de ida ante un Unami que limitó daños y no exhibió sus mejores galas de la temporada regular, las de un equipo que se quedó a un punto del ascenso directo. La Albuera dictará sentencia el próximo sábado.

El partido tuvo el inicio soñado para el Turégano. El portero del Unami salió directo al encuentro con el balón, pero se llevó al atacante local por delante y el colegiado señaló los once metros. Guille Duque, con la solvencia que ha demostrado toda la temporada en la ejecución de las penas máximas, acompañó el movimiento de Víctor y colocó el balón raso al palo contrario. No habían pasado diez minutos y las camisetas rojas estaban celebrando junto al córner.

El Unami es un equipo emocional y no pudo esconde su lenguaje no verbal de decepción, esos brazos en jarra mientras se reanudaba la contienda. Era ya entonces un duelo con dos equipos bien plantados a la espera de que las áreas dictaran sentencia. Pudo hacerlo el Turégano, que estuvo a punto de marcar el segundo en un disparo de Marcos que casi desvían sus compañeros a portería. De haber entrado, los azules se habrían encontrado con una cita con el verdugo.

Pero no ocurrió. Y el Unami tiene tablas para adueñarse poco a poco de los partidos. Pese a que el Turégano es un equipo bien plantado atrás que no regala ocasiones, los azules fueron ganando la batalla territorial con más circulación de balón y una presión más efectiva. En esas, un pase filtrado entre la defensa local terminó con Morata metiendo el cuerpo para evitar el mano a mano, una respuesta desesperada que valió un penalti indiscutible que Vicente transformó con la misma solvencia que Guille Duque. Tras ese vital gol a domicilio y un mano a mano fallado por Guti para lamento local, el marcador se fue 1-1 al intermedio.

Superado el primer asalto, el duelo entró en una fase de valle, pues el resultado no era amargo para ninguno. El Turégano seguía en la contienda y el Unami mantenía su favoritismo de cara a la vuelta. Hubo un par de acercamientos visitantes, como un lanzamiento de Koby al lateral de la red, pero el cuadro local no se descomponía y fue a más con el paso de los minutos. Las previsiones apuntaban a que el factor físico podía decantar la contienda a favor del cuadro azulón, pero el Turégano terminó el encuentro con la gasolina a tope.

Sin darse cuenta, el Unami había dado un paso atrás. Fue algo casi imperceptible, pero el Turégano se había puesto en el asiento del conductor. Guti abrió para Luis del Barrio, que se recorrió la banda izquierda y puso el pase de la muerte para que su tocayo Eugencios engatillara con contundencia el 2-1. La eliminatoria vivió entonces unos minutos cruciales. Porque el Turégano iba a más y tuvo opciones para marcar el tercero, sobre todo a balón parado, pero también en dos remates que no llegaron a convertir Morata y Eugencios. El Unami no quería irse derrotado y estuvo cerca de evitarlo en un remate de Terleira que desvió con mérito el guardameta local. El córner siguiente terminó en contra de los locales, que no aprovecharon su superioridad numérica en una acción que finalizó sin suerte Guille Duque.