Tras sumar puntos en pistas como Valladolid o Benidorm, donde llegaba con el cartel de víctima, el Viveros HerolNava estuvo este domingo a la altura del traje de favorito. Los segovianos supieron gestionar la responsabilidad de recibir a un colista desahuciado y lograron dos puntos clave que les sacan de zona de descenso tras varias semanas hospedado entre cenizas. Con Dzmitry Patotskicomo gran artífice, el Nava cimentó en la defensa un triunfo holgado del que disfrutaron sus 268 fieles, felices de haberse saltado la siesta.

Como síntoma de todo lo que había en juego, el inicio fue una visita al psiquiatra. El Nava no tocó el balón hasta que Patotski lo atajó cuando intentaba entrar llorando en su portería tras encontrarse con su figura de guardaespaldas en un tiro de siete metros. Siguieron pérdidas por ambos equipos, ataques lentos y un pasivo de los locales antes de que Jorge da Silva abriera el marcador en el sexto minuto de juego. En efecto, sobre la pista había dos equipos peleando por la salvación.

El lenguaje del partido se acomodaba mucho al deseo de los locales, muy sólidos en defensa con Mota, Da Silva y Rodrigues, que se había convertido en el director de orquesta y se lanzaba a pedir las palmas del público para que sus decibelios ensuciaran aún más los ataques del Cisne. Por momentos, los gallegos se veían descifrando una comunicación entre espías de guerra.  Parte mérito de los segovianos; la otra, las dudas razonables de un equipo que ha perdido sus ocho últimos partidos.

En esas, el Nava abrió brecha por simple inercia; desde transiciones sencillas tras pérdida rival o aprovechando oportunidades como un tiro a portería vacía. Se encendían las alarmas en el banquillo gallego, forzado a parar el encuentro al cuarto de hora de juego y con un déficit de cinco goles (8-3) que corría el riesgo de ser irreversible. Patotski paraba a Pablo Picallo el segundo penalti ysuperaba el 60% de paradas. Cisne tenía una cita con el verdugo.

Con esos ingredientes, el Nava tuvo una oportunidad propicia para poner tierra de por medio y no mirar atrás, pero no lo hizo. Jorge Villamarín, que estaba manteniendo a sus compañeros en el retrovisor, encadenó paradas de mérito mientras el Cisno cambiaba la música clásica por el rock and roll y lanzaba ataques más rápidos. En un suspiro, el meta lanzaba una transición de Carlos Álvarez y Zupo Equisoain tenía que parar el partido tras un parcial de 0-4. Partido nuevo.

Cisne tuvo hasta pelota para ponerse por delante tras una pérdida de Villagrán que desembocó en un mano a mano de Javi Vázquez. Lo detuvo imperial Patotski, la mejor noticia de un primer tiempo que terminó con ventaja local gracias a un gran gol de Rosales (11-10).

El paso por vestuarios solo hizo que consolidar lo que ya era un diálogo entre porteros. Como en el primer tiempo, los ataques siestearon y el marcador se mantuvo cinco minutos inmóvil como una estructura de granito. Bien fuera por el trabajo de sus primeras líneas o por la ceguera del ataque rival, los guardemetas llevaban más que nunca el timón. A una parada de Patoski a un tiro de OleksanderNekrushets sucedía la arenga de Villamarín a los suyos, pidiendo con palmas un punto más de intensidad defensiva.

El pulso lo estaba ganando Patotski porque paraba más y sus huestes se desplegaban mejor en las transiciones. Volvió a tener el Nava una ventana abierta para dejar al rival empantanado en tierras movedizas, donde el Cisne se metió tras una sequía ofensiva de más de ocho minutos, pero donde el guión pedía letalidad los naveros ofrecían clemencia. La de Da Silva en un mano a mano que no supo resolver con un tiro picado que detuvo Villamarín. O la inocencia de perder un balón en un ataque con superioridad numérica tras una exclusión de los gallegos.

En un partido con un tono defensivo, una diferencia marginal entre los porteros se traduce en una brecha. Y lo cierto es que a Cisne no le valía con el intercambio de paradas; necesitaba algo más el cuadro gallego porque todo lo que no fuera una victoria le dejaba con pie y medio en Plata. Y no lo encontraba. Cuando su técnico paró el partido tras el contragolpe materializado por Vujovic (16-12) Patoski estaba en un 52% de paradas y Villamarín, con un partido más que solvente (un 44%) no podía salvar a los suyos.

Ni el tiempo muerto ni goles puntuales como la obra de arte de Picallo no iban a rescatar a Cisne de la quema porque el lenguaje de los 45 minutos previos no iba a cambiar tan fácilmente en el cuarto de hora final. El Nava tenía amarrado el encuentro con la solvencia de Patotski, el auténtico arquitecto de su victoria, y la aportación ofensiva de sus jugadores diferenciales.

Los goles con cuentagotas de Rodrigo Pérez Arce, que canjeó el único tiro de siete metros que tuvieron los segovianos en todo el partido, y las contras de Vujoviceran auténtico oro líquido ante un equipo romo con el balón. La enésima contra del montenegrino, que percutió por el carril central ante los forcejeos de la defensa rival para ajusticiar a Villamarín, forzó el último tiempo visitante y casi puso la sentencia  a diez minutos del final.  Cinco goles de desventaja eran el Himalaya para un equipo que había anotado 13 en los 50 minutos anteriores.

El Nava mantuvo la intensidad para no quitar el pie del acelerador. Cisne queda ya a ocho puntos, otra dimensión, pero los segovianos ampliaron la renta y se aseguraron el average en caso de empate a puntos, volteando la derrota por tres goles en la ida. Mientras los segovianos saboreaban la certeza de una semana fuera de puestos de descenso y daban minutos a piezas de futuro como el pivote Pablo Herranz, el Cisne representaba su pasión de Semana Santa y su descenso virtual. El domingo de resurrección que anhelaban se quedó en el imaginario.