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Las jugadoras del Segosala celebran el 1-1 marcado por Cris de Andrés de penalti./ ANA VÁZQUEZ

El Segosala Naturpellet comenzó a ver la salida a su mal momento después de la victoria, sufrida y ajustada, que logró ante un Muslera que llegó al Pedro Delgado con las ideas clarísimas y al que su falta de acierto en el mano a mano y una cierta zozobra a la hora de defender la inferioridad con el portero-jugador del equipo local le pasó demasiada factura.
El cuadro segoviano sabía la clase de partido que le iba a plantear su oponente, porque era el mismo que le habían propuesto los dos rivales que anteriormente le habían ganado, y ante la defensa en media cancha del Muslera quiso darle velocidad al balón con el fin de que el ritmo fuera lo suficientemente alto como para que con el paso de los minutos se abrieran los espacios. Y no le fue demasiado mal en el tramo inicial del choque, puesto que su oponente apenas cruzaba la línea del centro del campo y, aunque fuera a cuentagotas, las ocasiones iban llegando del lado local.
Pero la juventud es impaciente, y en cuanto a un par de jugadoras segovianas se les ‘olvidó’ que esto va de tocar y moverse, llegó el primer robo de balón del Muslera, que con un zurdazo desde doce metros de Beatriz marcó un golazo (que no sería el último) y amenazó con tirar por tierra todo el planteamiento del Segosala, que estuvo durante un par de minutos sin saber muy bien lo que hacer, hasta que la defensa rival se lo puso un poco más fácil con un inocente penalti sobre Jimena que Cris anotó para hacer el 1-1.

SI NO ES POR LAU…

Curiosamente, el empate le cayó al equipo rojinegro mucho peor que a su oponente, que enlazó dos contras clarísimas que desbarató Lau con dos intervenciones de muchísimo mérito ante sendos mano a mano frente a Alexia y María, así que el descanso pareció venirle fenomenal al conjunto de Agustín Pérez.
Pero el reinicio del partido tampoco mostró un cambio de roles. El Muslera, sin hacer nada del otro mundo, era capaz de llevar el peligro al marco de un Segosala que no veía la forma de entrar en la defensa riojana, y menos cuando Beatriz, en otro lanzamiento espectacular con la pierna izquierda tras un saque de banda, colocaba el balón en la escuadra. Golazo.
Y durante los siguientes ocho minutos de juego la única noticia positiva para el conjunto rojinegro fue que Lau sacó otro mano a mano a María, porque Jimena lo intentaba todo sin suerte, a Claudia le pasaba tres cuartos de lo mismo, y Eva se echaba las manos a la cabeza pensando en cómo se le podían ir los lanzamientos a un palmo de la portería contraria rematando desde tan cerca.
Pero la suerte suele ser aliada de los tercos, y en un fútbol sala de ritmo alto cada ataque suele ser una ruleta. El Segosala siguió jugando, y Jimena aprovechó un balón suelto cerca del área visitante para cruzar el 2-2 y meter así al partido en la locura del intercambio de ocasiones, con Claudia encontrándose con la guardameta en un lanzamiento cercano, y Lau evitando el 2-3 en otro mano a mano, para (ay…) marcárselo ella sola tras rechazar en primera instancia un lanzamiento que parecía el más fácil para ella de todo el partido.

EL TESORO DEL PORTERO-JUGADOR

Así, Agustín Pérez se vio obligado a poner el portero-jugador, el equipo de casa hizo la quinta falta… y cuando todo parecía de espaldas de repente encontró la solución a sus problemas, porque el Muslera no encontró su sitio en las primeras acciones defendiendo la inferioridad, y Cris de Andrés empató el encuentro en una jugada con perfecta definición en el segundo palo.
Poco después, Sandra se hizo con un balón en el centro del campo y lo envió por encima de la portera riojana, haciendo el 4-3 protestado por el Muslera que reclamaba falta, o que el balón no había entrado, o algo, porque el equipo riojano no se creía que el partido se le podía escapar, como así fue porque a medio minuto para el final Eva sentenció tras un saque en largo de Lau que le dio la opción de superar por arriba a Saelia. El 5-4 que el Muslera marcó a 15 segundos del final fue más testimonial que efectivo, porque ya no quedaba tiempo para más.