Puede tener mejor o peor suerte, pero La Granja nunca se rinde. En otro partido esquivo ante un filial con mucho nivel, sacó fuerzas de flaqueza para rescatar un punto, recompensa nada menor en una jornada donde los equipos de la zona baja han dado un puñetazo sobre la mesa.  Los últimos minutos fueron de tal emoción que alguno habría matado por un saque de banda. Todo concluye en el minuto 95, con Loren despejando un córner calcado al gol del Mirandés B.  La Granja luchará por salvarse, pero tiene argumentos.

No escondió sus intenciones el cuadro local, que salió ambicioso. Los granjeños acumulaban efectivos y presionaban la salida de balón. Los resultados no tardaron en llegar; Cristian enganchaba un potente latigazo desde el balcón del área en segunda jugada. Ayoub, en un papel más secundario que otros días, empezaba a caracolear y Dani Blanco libraba su guerrilla con los centrales en cada balón aéreo. Ricardo se lo pedía en los primeros minutos: “Hay que ir a chocar”. Vaya sí lo hizo.

Al técnico del Mirandés B, Jonathan Prado, no le gustaba lo que estaba viendo. “Vamos a entrar ¡eh!” La Granja tenía claro el escenario a evitar: dar a las camisetas rojas el privilegio de jugar cerca de su área. Para ello, adelantó líneas. Pero el riesgo de transiciones existía, sobre todo con Chabo, un habilidoso puñal en banda derecha. Suyo fue el primer tiro visitante con un disparo enroscado que se marchó lamiendo el palo de Loren. Poco después, llegó a línea de fondo y sacó una falta peligrosa que el meta granjeño, empujado por un rival, despejó a duras penas. El Mirandés había entrado en el partido.

El paso del tiempo inclinaba el campo a favor de los locales, más voluntariosos. Sin el fuerte viento del cuarto de hora inicial, el Mirandés B intentó sacar el balón jugado y cometió varios errores en ante la atenta presión granjeña. Dani robó un esférico y ensayó un disparo potente. Poco después, Miguel resolvía con otro trallazo un balón suelto en la corona del área tras un remate de Dani Lázaro que había rechazado la defensa. La Granja empezaba a acumular córners. El tráfico tenía un solo sentido: el área visitante.

En uno de esos lances discutidos, Dani Lázaro recibió un fuerte golpe junto a la valla de línea de fondo cuando ya estaba fuera del campo. Sin consecuencias. Con el campo inclinado tuvo su mejor ocasión La Granja en una transición que desembocó en un balón pasado que le llegó a Ibra al segundo palo. Achicó bien el portero, al medio no le gustó el bote y el tiro, que parecía el escenario más previsible, nunca se produjo. Centró, pero la ocasión se había disipado. Quería más Ricardo: “Tranquilos en los despejes, no la queremos reventar tan fuerte”.

Con todo, la gran hazaña de la primera mitad la firmó Loren. El Mirandés desplegó sus piezas por su flanco predilecto, el de Chabo. El extremo asistió a la llegada de Olguín en segunda línea. El meta repelió su tiro a bocajarro y, sobre todo, el rechace posterior de Óscar, que ya se relamía. Así llegó al encuentro a vestuarios; como el sol que buscaba brillar entre las nubes de El Hospital. La Granja quería el gol, pero no llegaba. Y en los mentideros de su banquillo reinaba la incredulidad: ¿Cómo es posible que vayamos 0-0?
El guión no tardaría en empeorar en el primer lance del segundo acto. Los burgaleses salieron en tromba y pidieron enérgicamente una mano de la defensa granjeña. Fue una frustración pasajera, porque de la esquina llegó la alegría. La firmaría Alfredo, que golpeó con la cara el envío cerrado en la divisoria del área chica. Había mucho tráfico cerca de la meta de Loren, que no pudo ni salir ni encontrar réplica cuando el poderoso delantero se levantó e hizo contacto con el esférico. Cualquier parte del cuerpo es buena para marcar un gol.

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Jugadores disputando un balón. / KAMARERO

Partido cuesta arriba

El gol dejó tocada a La Granja, que perdió el buen posicionamiento que había demostrado hasta entonces. Ricardo pedía un impulso emocional, pero no llegaba. En esas, el Mirandés estaba a un acierto de resolver el partido. La tuvo Pineda tras embolsar un balón aéreo a la espalda de Cristian que el lateral no supo leer. Con su pelo afro, el jugador rojillo caracoleó y enganchó un tiro fuerte y raso que se marchó pegado al palo. Su entrenador se lamentaba: “¿Cómo puedes fallar ese tiro?”

El Mirandés, con el segoviano Juan de la Mata algo más presente en la creación que en el primer acto, se había adueñado del partido con la presencia de Chabo -también rendía a las mil maravillas en banda contraria- y un Pineda que cada vez entraba más en juego. Este último estuvo cerca de nuevo de crear el 0-2 en un tiro envenenado desde unos 30 metros que sorprendió a Loren. El balón golpeó en el larguero y el asistente levantó la bandera cuando Alfredo llegó a embocar el rechace. Un fuera de juego que sacó a La Granja del crematorio.

El equipo de Ricardo no tuvo la mordiente del primer acto. Con todo, pudo empatar en una falta pasada de Lázaro que el meta no supo juzgar ante la llegada de Dani Blanco. Ante ese panorama, el técnico movió el árbol con Cuadri y Peli y puso defensa de tres: nada que perder.  El riesgo tuvo premio en una falta lateral clavada a la anterior. Gabi impulsó el caramelo de Lázaro con un testarazo inapelable al primer palo que tocó sin éxito el portero. Un cabezazo así tiene que dejar cicatriz. El medio, apodado Panzer, disparó un misil que vale un punto. Otra forma de marcar un golazo.