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Una acción del duelo entre Nava y Atlético Valladolid. / AMADOR MARUGÁN

Nava y Valladolid saben de derbis. Un año después del partido que decidió Mota en el último suspiro, ambos dieron lustre a un gran duelo que estuvo en el alambre hasta el final. Fue un ejercicio de resistencia del Nava, que remontó seis goles y tuvo en sus manos el tiro de la victoria, pero tuvo que conformarse con su primer empate del curso. Lo lamentó en rueda de prensa su técnico, Zupo Equisoain; aseguró que en toda temporada hay un partido tonto y que el de ayer fue el medio tonto. Que su equipo se relajó al verse en la atalaya del quinto puesto de la tabla. Que sufrió mal de altura. Pero la sangre no llegó al río: un punto es muy bueno cuando se deja al rival atrás. Y el quinto puesto sigue en manos de sus pupilos.

Empezó mejor el Nava, más dinámico de salida con el brazo de Jakub Prokop abriendo el marcador, la excepción de una tarde muy gris para lo que acostumbra el eslovaco, y Filip Vujovic culminando la primera contra. En un suspiro, los locales tenían bola para irse tres arriba. Por dos veces, no canjearon su ocasión de abrir brecha y el rival lo aprovechó.

Le costaba encontrar huecos en la defensa navera al Valladolid, pero tuvo la virtud de ir poniendo tiritas a ataques atropellados. Un gran tiro de Miguel Martínez Lobato desde nueve metros y otro de Pablo Herrero en pasivo servían para mantener a los visitantes a tiro ante un Nava liderado por Moyano y las primeras paradas de Patotski, que desató la primera polka del público cuando marcó a puerta vacía.

Llegó entonces la reacción del Valladolid, provocada a título personal por Álvaro Martínez Lobato. Empató el partido con una acción de enorme mérito: después de que Patotski le parase un tiro de siete metros, recogió hábil el rechace y se zafó de la defensa para batirle con un tiro picado. Siguió una vaselina de bella factura y un gol a la contra. Un parcial de 3-0 y Zupo se olía las consecuencias. Tiempo muerto.

No funcionó. Porque el gol de Moyano con el que se reanudaron las hostilidades fue el único de los locales en 14 minutos. Se creció el Valladolid, que ya circulaba con más argumentos la bola y aprovechaba la crisis navera para correr. César dominaba en portería y su defensa apretaba, cortando un pase interior a Tsanaxidis o interceptando un pase de quarterback del griego, negado en seis metros por el meta pucelano. Así culminaba el cuadro visitante un parcial de 7-1, con Carlos Villagrán lamentando un tiro errado y los morados contragolpeando. Al descanso, la herida era considerable y Patotski, pese a un par de paradas mayúsculas, no podía cerrarla: 11-16.

La pregunta era cómo iba a lograr el Nava volver a la contienda. Primero, evitando ampliar su fosa, algo que hizo Smetanka cortando una contra pucelana para ponerse siete arriba. En esas, el ataque local seguía en manos del infatigable Moyano. Máxime con la durísima caída que sufrió Vujovic en una acción sin mala fe. La contusión en las costillas le llevó directo al hospital y la previsión inicial, a falta de un diagnóstico preciso, es que pueda perderse lo que queda de primera vuelta.

El Nava buscaba prender la mecha y pareció encontrarla con un par de contras y un tiro de Basualdo al larguero. Nico fallaba un mano a mano para acortar el déficit a tres, pero anotaba la siguiente. Con su tesoro diezmado (19-22), pedía tiempo muerto el Valladolid. Smetanka pasó de solución de emergencia a ponerse al timón del equipo. La melodía ofensiva mejoraba cuando pasaba por sus jóvenes cuerdas, tanto por ritmo como por muchos pases de mérito. Otro secundario como Rosales también puso de su parte. Y el aspecto anímico, crucial en este pabellón.

Así que cuando Zupo pidió tiempo a falta de cinco minutos, con su equipo dos abajo, tocó la tecla de la defensa. Ante un rival cansado por su corta rotación, debido a las bajas, sus pupilos forzaron un pasivo y otro tiro desesperado que se estrelló en la barrera de brazos locales. Así las cosas, sus hombres tenían bola para ganar con medio minuto por jugar. Pero lo que Zupo dibujó en la pizarra se pareció en poco a lo que sus jugadores plasmaron sobre la pista. La acción terminó de forma atropellada y con la pérdida subieron las pulsaciones, pues el Valladolid tenía 10 segundos para contragolpear. Quedó en un susto porque el tiro de Basualdo contra la barrera terminó en la pared. Y los dos vecinos se repartieron un punto justo.