Un lanzamiento del cuadro local supera el intento de parada de Yeray Lamariano. / GONZALO NÚÑEZ

El Viveros Herol Nava sufrió ayer su séptima derrota consecutiva y duerme por primera vez en puestos de descenso a División de Honor Plata, un incordio que no vivió el curso pasado. La visita a un histórico del balonmano nacional como el Frigoríficos Morrazo Cangas era un acicate para que el equipo segoviano levantara la cabeza, pero el guión no varió demasiado de los tropiezos recientes. Fue una mala primera parte, sobre todo en ataque, que obligaba a una hazaña. Anotar seis goles en media hora es mal síntoma y remontar un déficit de siete requiere una actuación sobresaliente. Y el Nava, aún procesando las malas noticias desde su contagio masivo por coronavirus, está lejos de esas gestas.

A los segovianos les costó de nuevo entrar en juego. Son ya varios los partidos en los que su casillero ofensivo sigue a cero tras cumplirse el quinto minuto de partido; ocurrió también ayer, tras un par de pérdidas en ataque y un lanzamiento bloqueado por Miguel Baptista: el educado portugués que el año pasado jugó en Nava de la Asunción, fue entrando en rutina y seguramente el parón por la pandemia le pilló en el momento en que opositaba a ganarse la continuidad. Con todo, el Nava no pagó demasiado su mal arranque ni la exclusión de Álvaro Rodrígues. Paco Bernabéu y Rodrigo Pérez Arce anotaron y el Nava tomó su primera y última ventaja en el marcador (2-3) con un tiro de siete metros transformado por el leonés a los ocho minutos de juego.

Empezó entonces la exhibición de David Iglesias, auténtico dominador del partido con 12 goles. El joven lateral mostró su amplísimo repertorio en el lanzamiento exterior y en la circulación de balón. El Nava habría podido subsistir ante ese despliegue del jugador local si su ataque hubiera mantenido un engranaje normal, pero se encontró con un muro llamado Javier Díaz. El portero, la gran referencia de los gallegos, negó cualquier alegría al ataque segoviano con paradas de gran mérito; abajo, tirando de envergadura y frenando importantes contragolpes.

La unión de esos dos factores alejó al Nava del encuentro en la misma fase en que vio despegar al Huesca tres días atrás. Entre el minuto 8 y el 28 de partido, el cuadro que entrena Diego Dorado apenas anotó un tanto, el firmado por Rodrigo Pérez Arce. Cuando el entrenador paró el encuentro, Javi Díaz rompía las estadísticas: llegó a superar el 60 por ciento de paradas tras detener siete de los 11 primeros balones que se dirigieron hacia su portería. Terminaría el duelo en un 44%. Ese parcial dejaría tocado al Nava, pero no hundido. La culpa la tuvo Yeray, que se mantuvo en unos números terrenales del 40% de paradas y encajó seis goles en esos 20 minutos, una cifra que sirve para ganar partidos si el ataque cumple su parte. No lo hizo el Nava, por deméritos propios o por lo méritos de uno de los mejores porteros de Asobal, y se marchó al descanso con un déficit importante que voltear (10-6).

Las defensas siguieron dominando el encuentro y el primer balón en colarse en cualquiera de las dos porterías no lo hizo hasta el minuto 6 de juego. Sin margen, el Nava ahondó en su zanja (14-7) pero supo revolucionar el duelo en ese momento de gran necesidad con cuatro goles seguidos que forzaron al técnico local, Nacho Moyano a pedir tiempo muerto.
La culpa de la reacción navera la tuvo Paco Bernabéu, muy atento en defensa y rápido en las transiciones. Sus contragolpes y la mejora defensiva del Nava en la primera línea apretaron el marcador. El Nava pasó de tener el partido perdido a acercarse a dos goles con casi cuarto de hora por jugar. Los nervios empezaron a asediar al cuadro gallego, aún más necesitado de los puntos, sobre todo tras una acción que pudo ser clave. Con dos abajo, el Nava vació su portería como hiciera ante Huesca en busca de la superioridad numérica ofensiva; el ataque terminó mal, pero los pontevedreses fallaron un tiro a puerta vacía. Fueron los mejores minutos del cuadro de Diego Dorado en el partido, con sus jugadores más rápidos, desde Bernabéu a Óscar Marugán, que volvió a jugar un papel importante ante la ausencia de Filip Vujovic. Tampoco estuvo Lukas Simenas.

El factor público

El Nava no perdió el partido en la segunda parte, pero no pudo voltearlo. El Cangas no abandonó el timón del encuentro y participó feliz en el intercambio de goles con el que acabó la contienda. La exclusión a cuatro minutos del final de Adrián Rosales, que jugó en Cangas su mejor balonmano como profesional, sirvió de sentencia.

No hubo remontada y el Cangas celebró su ansiada primera victoria de la temporada. Nadie echa más en falta el factor público como el Nava, que ayer sí lo sufrió a domicilio. La legislación gallega permite que el club cuente con un centenar de ruidosos aficionados, que celebraron con el bombo una victoria crucial. La contrapartida de perder un duelo directo es alimentar a un rival directo. Los segovianos, que no ganan desde septiembre, esperan volver el miércoles, tras su visita a Cisne, con mejor sabor de boca de Galicia.