El Viveros Herol Nava demostró este sábado en Cuenca que tiene un sitio en la máxima categoría del balonmano español. Hay empates de un valor inmenso y el cuadro de Zupo Equisoain completó una tarea de postín en El Sagral, una pista con el colorido de la vieja normalidad, ante el rival con la mejor racha terrenal de la Asobal –dejando a un lado al Barça- y que venía de ganar de ocho goles al segundo clasificado. Dzmitry Patotski, descomunal en portería, y la resiliencia de sus compañeros, que voltearon un déficit de cuatro goles, dan al Nava una bombona de oxígeno para la salvación.

Decir que la primera parte fue un duelo de porteros es quedarse corto. Piensen cuántas veces hay visto media hora de balonmano sin que ninguno de los dos equipos llegue a dobles dígitos en goles. Eso ocurrió ayer en Cuenca. Patotski y Maciel convirtieron el gol, las letras con las que se van escribiendo los guiones del balonmano, es una excepción.

El meta bielorruso del Nava dejó claras sus intenciones: dos paradas para empezar. El primer gol local no llegó hasta el quinto minuto de juego, y fue en un intento de transición fallido de los segovianos que castigó Sergio González. Los locales circulaban bien el balón hacia sus extremos, de ahí que la estadística no haga mérito al verdadero esfuerzo de Patotski; no eran paradas de acompañamiento, sino intervenciones salvadoras, muchas en seis metros.

Al Nava le costaba más encontrar opciones de lanzamiento ante una de las mejores defensas del balonmano español. Los tiros de Jorge da Silva, a veces demasiado optimistas, y las filigranas de Rodrigo Pérez Arce mantuvieron a los segovianos en el retrovisor hasta que el partido vivió su primer drama pasado el cuarto de hora. Segundos después de la exclusión a Fede Pizarro por derribar sin balón a Darío Ajo, Pablo Simonet desequilibró en el aire a Filip Vujovic mientras ejecutada un lanzamiento. Tras un breve intercambio de pareceres, los colegiados sacaron la roja directa.

Con doble inferioridad, el Cuenca vació su portería para cuajar un ataque digno de ese nombre, pero perdió el balón y Vujovic, felizmente recuperado, embocaba el balón a puerta vacía. Amagó con la ruptura el cuadro segoviano en un tiro de Nico D’Antino que les habría situado tres arriba, pero Maciel dijo que no. El cuadro manchego necesitaba a su portero a un nivel sobresaliente para soportar la exhibición de Patotski y lo tuvo, con paradas de relumbrón como un tiro de Da Silva que no solo detuvo, sino que atajó, o una mano al cielo para negar el globo de Pérez Arce. Se fue al descanso con un 53% de paradas.

La exhibición de Patotski no tenía límites. Si tocaba desplazar la portería mientras reculaba hacia su arco, lo hacía. O se quedaba dolorido en el suelo ‘disfrutando’ tras repeler el balón con la boca del estómago. Para superar su figura resultaban necesarios trallazos inapelables como el de Thiago Alves, desequilibrado y golpeado en la cara. Ya con el tiempo cumplido, puso la réplica a 30 minutos más propios de un videojuego deteniendo el tiro de siete metros a Nacho Moya. El bielorruso había parado 14 de los 22 balones que avistaron su portería: un 63%. Ahí es nada.

Tras el paso por vestuarios, la vida pareció seguir igual. Los porteros seguían al timón y Maciel lo demostró deteniendo el primer intento de Da Silva. El portugués no estuvo acertado en los primeros compases del segundo tiempo; demasiado protagonismo para tan poco acierto en la toma de decisiones. En esas, el Cuenca despertó en ataque con la resolución de Fede Pizarro y la presencia de Doldán en el pivote. Los locales se hicieron con las primeras ventajas tras un parcial de 6-2 y anotaron en apenas 12 minutos los mismos goles que habían logrado en los 30 anteriores. El Nava, más dubitativo en ataque, estaba bordeando el punto de no retorno (16-12).

No se rindió el equipo segoviano, una seña de identidad del régimen de Zupo Equisoain. La reacción llegó desde la defensa, con un par de transiciones de Villagrán y Bernabeú. Y, por supuesto, de Patotski, que detuvo un intento de colgada entre los extremos y otro lanzamiento de siete metros a Inestrosa. Mota mejoró las prestaciones del ataque navero y llegó un parcial de 5-1 que permitió a los visitantes empatar de nuevo el encuentro a menos de cuarto de hora del final.

Hasta entonces, ambos porteros seguían por encima del 50% en paradas, pero el tramo final fue de los ataques. Bernabéu, que jugó uno de sus mejores partidos como jugador del Nava, y Villagrán dieron un paso adelante. El encuentro era ya un diálogo ofensivo, con Fede Pizarro sosteniendo a los locales. Los segovianos hacían su parte del trabajo con goles de mérito como el que convirtió sin ángulo Pérez Arce.

Con el duelo en empate a falta de un minuto, el Nava fue ambicioso y carburó una rápida internada de Villagrán por el carril central que le devolvió la delantera. Respondió en un suspiro Alves, que puso el empate definitivo. Pidió el último tiempo Zupo a 25 segundos del final. Contra las cuerdas, Cuenca adelantó su defensa y retrasó la llegada del Nava a su zona noble. Así las cosas, no convenía bajo ninguna circunstancia poner en riesgo el empate. La secuencia terminó con un tiro forzado de Pérez Arce que detuvo Maciel. Sin remordimientos. El Nava dejó la ciudad encantada con una sonrisa.