El pabellón que siete días atrás celebraba la permanencia en Asobal vestía ayer las mismas galas para un partido de la cuarta categoría del balonmano nacional. El pueblo que no olvida sus orígenes subió ayer a su filial a Primera Nacional, la categoría en la militaba su primer equipo hace apenas siete años. El Leche Mesenor Nava aprovechó un factor cancha privilegiado para ganar los tres partidos y asegurar una promoción clave para asentar los cimientos de los mayores.

El Casetas rechazó de inicio su papel de víctima, pese a que su diferencia de goles tras los dos primeros partidos (+1 frente a +12 del Nava) le obligaba a una victoria de al menos ocho. El mensaje era claro: el cuadro azulón iba a hacer sudar al Nava sus últimos metros antes de hollar la cima.

Jorge García percutía por el carril central en los primeros segundos, estrenando el marcador y celebrándolo como merecía: “Vamos”. En el otro lado, Pescador paraba el primer lanzamiento aragonés y lanzaba la primera contra. ¿Comienzo soñado? No se dejó arrollar el Casetas, que apostó por un juego vertiginoso y se hizo con las primeras ventajas. Gran culpa de ello la tuvo Elio Muñoz, un extremo diabólico siempre preparado para colarse entre líneas o lanzar un contragolpe fugaz. Anotó sus cinco primeros lanzamientos y se marchó al descanso con la friolera de siete goles anotados. Y eso que falló dos mano a mano y lamentó su desacierto de vuelta a la parcela defensiva.

El Casetas tenía clara la apuesta. En cuanto paraba algún lanzamiento, Carlos Jiménez se convertía en quarterback de fútbol americano y buscaba al receptor abierto.. El primer asalto lo había ganado el Casetas (5-7), pero el combate iba a ser largo.

El Nava tenía el margen de la diferencia de goles y la experiencia de haber volteado marcadores en contra en las dos jornadas anteriores. Si Elio dio una exhibición, Óscar Marugán no se quedó atrás. Solvente en los tiros de siete metros, su poderío para definir en seis metros está por encima de la categoría. Uno de los mejores goles que ha visto este pabellón esta temporada llegó de Segunda Nacional: embolsó un envío desde el extremo derecho de Paco Bernabéu y lo anotó de espaldas mientras caía. Un dúo de Asobal para la cuarta categoría del balonmano español.

Bernabéu, el gran revulsivo de los dos primeros partidos, jugó de inicio. El Nava mejoró en defensa, Pescador fue acumulando paradas y su equipo se puso tres arriba y amagó con la primera ruptura. No ocurrió: replicó el Casetas, siempre orgulloso, con su entrenador pidiendo intensidad y Elio, con su pierna totalmente tatuada, gritando a cada compás. Los primeros minutos sin Bernabéu se tradujeron en un parcial de 3-5 para los aragoneses. Así las cosas, un gol de Pablo Herranz en el pivote mandaba el partido al descanso con ventaja local (15-14).

El paso por vestuarios mejoró las prestaciones de Pescador. El meta se creció con su parada más meritoria de la tarde, un uno contra uno ante Elio que negó con la pierna mientras el extremo lamentaba su suerte. El meta paró las dos siguiente visitas a su portería y Jorge García lanzaba un contragolpe para el octavo gol de Óscar Marugán. Habían pasado solo tres minutos, pero el Casetas pidió tiempo muerto. Reaccionaría Elio con su octavo, quizás el mejor de la tarde, con una rosca exquisita desde el perfil izquierdo. Pescador, que encajaría otro gol después, también exhibía carácter golpeando los postes. Nadie quería perder.

El partido entró en una fase con más presencia de los porteros, que mantenían la calma tensa a la espera de la traca final. Bernabéu empezaba a sumar goles y Alberto Val, un gigantón no por ello corto de movilidad, daba un respiro a los aragoneses con un par de goles. Con el partido igualado a cuarto de hora del final, Casetas ya sabía que la goleada que necesitaba no iba a producirse, pero peleó hasta la última gota de sudor.

En esas, el Nava demostró que deseaba tanto o más la victoria. Así lo demostró Pablo Herranz, lanzándose al suelo para abrazar un balón suelto y protegerlo como una madre a su hijo. Lo agradeció la grada, cada vez más entonada ante un éxito que saboreaba con el paso de los minutos, como el aroma de un manjar que está terminando su horneado. Por eso no importó que a Emilio Marugán se le escurriese el balón cuando se disponía a culminar un contragolpe; la grada aplaudió.

Así las cosas, con poco más de cinco minutos por jugar, Carlos Colomer retiró a Pescador y dejó que Carlos Martín terminara el partido en portería. El ascenso estaba ya en el bolsillo, pero la fase cerró con su resultado más igualado. Y aseguró la victoria para los naveros Óscar Marugán anotando dos goles en el tramo final.

Como Nava no distingue entre mayores y cachorros, el ascenso se celebró con todos los honores. Y el grupo entonó ‘Sigo siendo el rey’, la canción de los mayores cuando se gana. Después, ‘Susanita tiene un ratón’. Y los grandes éxitos concluyeron con el himno. Un club, un pueblo, una afición. Un lema simple, pero lleno de significado.