Después de varias temporadas sin terminar de encontrar su rumbo, el CD La Granja parece haberse estabilizado en el segundo tramo de un año 2020 en el que el club ha sufrido no pocos avatares, después de que a finales de 2019 Pablo Alejandro dejara la presidencia de la entidad, y el club confiara en Miguel de la Fuente los destinos de un equipo que hasta entonces no estaba haciendo ni mucho menos bien las cosas en la liga.

Sin embargo, el cambio de entrenador no le terminó de mejorar la cara al equipo, pese a que algunos buenos resultados iniciales hicieron pensar que podría cambiar la dinámica. Pero defensivamente el plantel tuvo muchas dificultades y, cuando llegó la pandemia, el CD La Granja ya tenía asumido que iba a ser casi imposible mantener la categoría.

La permanencia, en los despachos

El milagro de la salvación llegó a través de la Federación Española de Fútbol, que después de varias semanas con la lógica incertidumbre cerró la categoría sin descensos en las competiciones nacionales, lo que dejaba al conjunto del Real Sitio de nuevo en la Tercera División, con una ‘bola extra’ que el club quiso aprovechar haciendo un proyecto nuevo.

La junta directiva del club, presidida por Javier Montero, confió los destinos del equipo a Ricardo de Andrés, que retirado del fútbol no hace demasiadas campañas, ya había mostrado su capacidad en los banquillos dirigiendo con buenos resultados al conjunto de la Gimnástica Segoviana que milita en la categoría Nacional Juvenil.

Casi todo nuevo

Junto a Ricardo llegó un cuerpo técnico con hombres de fútbol como Víctor Roldán y David Durán, junto con un preparador físico como Quique de Diego. Juntos planificaron lo que iba a ser la plantilla para la temporada 20/21, en la que se produjo un giro hacia los jugadores de Segovia, aprovechando tanto los futbolistas que acumulaban muchas campañas en el CD La Granja como aquellos que despuntaban en los conjuntos juveniles y a los que solamente había que dar confianza y minutos de juego.

La apuesta tardó un poco en dar sus frutos, pero no fue porque no hubiera trabajo detrás, sino porque los contagios por el Covid dejaron al equipo sin poder disputar partidos en las dos primeras jornadas de la competición. Pero en cuanto el plantel pudo demostrar su valía en los terrenos de juego, se puso de manifiesto que el CD La Granja había formado un conjunto competitivo para no pasar apuros en la Tercera División.

Tanto es así que en una campaña que se presenta extraordinariamente igualada en el subgrupo B, el conjunto del Real Sitio se encuentra clasificado con relativa comodidad en el centro de la tabla, de momento fuera de las posiciones que obligarían a disputar una segunda fase por la permanencia, dando una buena imagen en los partidos, pero también mostrando una gran capacidad de mejora.

Un error de 1.800 euros

En el apartado institucional, la directiva de Javier Montero cogió un club sin deuda, por lo que no tuvo rémoras a la hora de llevar a cabo el proyecto. El presidente cumple un año en un cargo en el que ha acumulado aciertos como el de ‘segovianizar’ una plantilla que poco a poco se estaba desnaturalizando, y errores como el de la multa que recibió por abrir el bar del campo de El Hospital en el partido frente a la Cebrereña cuando no se podía hacer debido al nivel de alerta en el que se encuentra Castilla y León.

El error llevó consigo una ‘penitencia’ económica que el propio Montero se encargó de abonar, ya que consideraba que el fallo de abrir el bar había sido suyo, y el club no tenía por qué pagar su error. Así que el presidente del Club Deportivo La Granja abonó de su bolsillo los 1.800 euros de sanción, acogiéndose al descuento por el pronto pago de la multa que era inicialmente de 3.000 euros.