Sin Vujovic, lesionado en una de las últimas acciones del encuentro ante el Benidorm, y también sin Lukas Simenas, pero con una fenomenal crisis de identidad, el Viveros Herol Nava se convirtió en la víctima propicia para el Abanca Ademar de León, que llegó a Segovia con la intención de prolongar su buen momento de forma y se marchó a Toulousse, donde jugará el martes, con una sobredosis de moral después de conseguir una victoria que dejó finiquitada en quince minutos.

Al Viveros Herol Nava se le nota el mal momento, sobre todo a la hora de los lanzamientos. La falta de confianza lleva a que los porteros parezcan mucho más grandes de lo que son, mientras que en el marco local el guardameta lee perfectamente los lanzamientos rivales, pero no los para.

Esa fue la situación con la que se encontró el Viveros Herol Nava frente a un Ademar León que llegaba en un fantástico momento tras sus dos victorias consecutivas, y que en el (de nuevo) vacío pabellón municipal fue un auténtico muro en el que se estampó el conjunto segoviano, que ya de por sí tiene problemas evidentes en ataque, siendo el equipo menos goleador de la liga.

Demasiado portero

Cuenta el equipo de Manolo Cadenas con una gran dupla de porteros, aunque normalmente el titular viene siendo Dino Slavic. Pero su compañero en el marco, Khalifa Ghedbane, no le va a la zaga en cuanto a calidad, y ya en el primer minuto de partido mostró sus credenciales cerrando la puerta a un contragolpe de Óscar Marugán. A partir de ese momento, el recital de intervenciones fue espectacular ante la desesperación de los locales que (todo hay que decirlo) tampoco evidenciaron una calidad excelsa en sus lanzamientos, en algunos casos muy bien defendidos por el 6:0 leones, pero en otros por una mala selección.

Así que, en ese estado de cosas, el encuentro duró más o menos siete minutos, los que tardó Ghedbane en detener un lanzamiento de vaselina de Rodrigo Pérez en un siete metros, y Rubén Marchán en hacerse con su espacio cerca del área de Patotski, que leía todos los remates de los leoneses, pero sin la fortuna de poder detenerlos.

 

El partido se acabó mediado el primer tiempo, cuando el equipo segoviano encajó un demoledor parcial de 0-7

 

Del 2-2 se pasó al 2-6 con el primer tiempo muerto pedido por Diego Dorado. Del 2-6 se pasó al 2-9 con otro tiempo muerto del técnico segoviano, y del 2-9 al 4-14… porque sobre la cancha el Ademar se sentía fuerte y confiado en lo que hacía, defensivamente impecable, y machacando una y otra vez el marco de Yeray, que sustituyó a Patotski mediada la primera parte con el mismo escaso éxito que su compañero.

El castigo que recibió el Viveros Herol Nava por parte de su rival se asemejó bastante al que el conjunto navero recibió el equipo en la primera jornada de la temporada regular en la pista del Balonmano Logroño. La sensación de no poder franquear la portería leonesa era más que evidente sobre la pista, como lo era también la inferioridad que mostraba la defensa ante la velocidad en la circulación de los ataques visitantes.

Al descanso, el 5-17 que reflejaba el electrónico reflejaba fielmente la desolación del Balonmano Nava, y no solo por la grada vacía, sino porque en la cancha no había una sola buena noticia que llevarse a la boca, más que la reaparición de Adrián Rosales, que trató de mantener el tipo junto a sus compañeros. Que hay que ser un equipo para las buenas, y para las de ahora.

Era virtualmente imposible que el Ademar mantuviera el ritmo infernal de juego de los primeros treinta minutos, pero también que el Viveros Herol Nava no apelara (al menos) al orgullo de la camiseta para tratar de maquillar el marcador. Y salvo en el caso Ghedbane, que parecía de otro planeta ajeno a este y que se mantuvo en su sideral setenta por ciento de paradas, se cumplió con lo previsto.

Maquillando el marcador

Manolo Cadenas miró al banquillo, vio a los jóvenes leones deseosos de minutos, y apostó por una rotaciones lógicas teniendo en cuenta el marcador. Diego Dorado trató de hacer lo mismo, porque el próximo miércoles hay partido de nuevo, y el de ayer ya estaba perdido prácticamente desde el inicio. Y por todo ello el balonmano que practicaron unos y otros se igualó algo más, y por lo menos el equipo de casa pudo intercambiar goles con el visitante, que no machacó con sus extremos, porque algunos se regodearon en la suerte con sus remates, pero sí mostró la calidad con sus lanzadores exteriores como Leandro Semedo o Tin Lucin.

La diferencia se mantuvo en torno a los diez goles en este segundo tiempo, y solamente en la recta final del partido pudo el Viveros Herol Nava dejar a su oponente durante más de siete minutos sin marcar, consiguiendo un parcial de 5-0 que le permitió maquillar el marcador, si bien de una manera mínima porque la superioridad del Ademar fue tan evidente como lo es la crisis en la que está metido el conjunto segoviano, que tiene jugadores de calidad y personalidad para salir del bache. Y mejor cuanto antes.