Andrés Alonso y Lukas Simenas defienden una acción ofensiva de Natan Suárez en el último partido jugado por ambos equipos. / AMADOR MARUGÁN

En un año absolutamente irrepetible en todos los órdenes de la vida, el Viveros Herol Balonmano Nava ha logrado sobrevivir. Y esa es la mejor noticia para un club que en su primera temporada codeándose con la élite supo adaptarse, y al que la pandemia le cortó las alas, pero no le impidió avanzar.

El trabajo que vino realizando el equipo navero en la campaña 2019/20 fue tan destacado que, cuando la competición en la Liga Asobal se vio aplazada primero, y suspendida después, el conjunto que por entonces dirigía Dani Gordo se encontraba en la novena plaza de la clasificación, sin ningún problema en lo que a la permanencia se refiere, después de haber realizado una campaña más que buena.

En verano. cambio de ciclo

La marcha de Dani Gordo del banquillo, anunciada con varias semanas de antelación, vino a propiciar un cambio de ciclo, puesto que también se fueron de Nava de la Asunción jugadores como Agus Casado, Ernesto Sánchez o Edu Fernández, y dijeron adiós a las canchas Bruno Vírseda y Darío Ajo Martín, dos ‘one club men’ que no pudieron despedirse de su equipo de toda la vida como hubieran preferido.

La apuesta fue fuerte, porque el Viveros Herol Nava fue un paso más allá, y confeccionó una plantilla de tanta calidad como experiencia con la llegada de Dzmytri Patotski en la portería, más los portugueses Filipe Mota y Jorge da Silva, Filip Vujovic y la apuesta por la juventud de Lukas Simenas, más las confirmaciones de dos jugadores de la casa, Óscar Marugán y Pablo Herranz, formando parte de la mejor hornada de juveniles de España, habituales en la Selección.

A jugar, asumiendo el riesgo

Y el club redobló esa apuesta con la llegada al banquillo de un entrenador con experiencia en los banquillos como es Diego Dorado, aunque sin bagaje como primer técnico. Todo ello en una época de incertidumbre tanto económica, con muchos clubes descendiendo bruscamente su presupuesto, como deportiva al no conocer hasta poco antes de iniciarse la liga el formato de la competición, como de salud, puesto que se temían los contagios tanto en la cancha como en la grada, y por ello los encuentros se jugaban a puerta cerrada… pero se jugaban, puesto que de ello dependía la supervivencia de muchos clubes.

Así que con no pocas voces en contra se dio comienzo a una competición que revivió un nuevo capítulo de la eterna trifulca entre Federación y Asobal, con las dos primeras jornadas suspendidas. Y no le fue mal el inicio al conjunto segoviano, sólido en casa con los triunfos frente a Atlético Valladolid y Guadalajara, y algo menos fuera con claras derrotas en Logroño y Barcelona.

El contagio que lo cambia todo

Sin embargo, todo cambió en los primeros días del mes de octubre, cuando un contagio masivo de toda la plantilla tras el partido en Irún frente al Bidasoa obligó a suspender varios partidos de liga, con la plantilla y buena parte de sus allegados confinados en sus domicilios, e incluso con Ángel Pescador ingresado en el Hospital General, afortunadamente más por precaución que por un problema mucho mayor.

Ese fue el comienzo del fin para el proyecto de Diego Dorado, porque la plantilla perdió casi toda la forma física adquirida durante las semanas de trabajo, y cuando quiso recuperarla, el aluvión de partidos que hubo de afrontar le obligaron a jugar durante varias semanas un número de encuentros demasiado alto como para poder trabajar con garantías. Así, comenzaron a llegar las lesiones de hasta cuatro jugadores a la vez, los malos resultados se multiplicaron hasta alcanzar las ocho derrotas consecutivas (alguna de ellas muy sonrojante como la del Villa de Aranda que terminó por precipitar los acontecimientos), y se hizo demasiado patente la falta de confianza en un técnico que no saba con la tecla para sacar el máximo rendimiento a la plantilla.

Giro de timón

Era el momento de cambiar, y al club no le tembló el pulso a la hora de hacerlo. La apuesta se formalizó en torno a un entrenador de sobrada experiencia como Zupo Equisoain, que no tardó en ponerse manos a la obra en su intención de cambiarle la cara a una plantilla que apenas era capaz de resistir un golpe sobre la pista, metida ya en puestos de descenso.

El cambio fue brutal en apenas dos días. Con muy poco tiempo para trabajar el partido, el Viveros Herol Nava logró una contundente victoria en la cancha del Sinfín, y seis días más tarde hacía gala de su cambio de imagen empatando un partido imposible en la pista del Fraikin Granollers, para cerrar el año 2020 y la primera vuelta de la Liga Asobal fuera de los puestos de descenso.

Por primera vez en su historia, el club ha tenido tres técnicos en el mismo año: Dani Gordo, Diego Dorado y Zupo Equisoain

Ahora, con más de un mes de trabajo por delante antes de afrontar la segunda vuelta de la competición, el Viveros Herol Nava ya sabe lo que es pasarlo mal en la Liga Asobal, pero también es consciente de que hay que resistir para vencer. Y si puedes resistir teniendo a tu ‘fiel infantería’ en la grada apoyando, mucho mejor. Aunque eso no depende del club, que ha hecho lo indecible por conseguir que el equipo logre estar arropado por sus aficionados, sino de la evolución de una pandemia que (todo hace pensar) aún tiene que ir otra vez a más antes de remitir de verdad.