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El ‘Héroe’ regresa al lugar de su gesta. Tras marcar un gol en toda la temporada, Domingo Pérez Pozo (35 años) anotó dos ante el Atlético Malagueño en una mágica tarde de mayo de 2017, el último ascenso de la Gimnástica Segoviana. La noche del 17 de diciembre del año pasado, este segoviano de Navas de San Antonio dejó el vestuario tras no jugar en Copa del Rey ante el Elche y no volvió. No se sentía importante y le dijo a Manu González que no podía vestir esa camiseta mientras él fuera el entrenador. Pasó unas semanas muy malas porque no solo dejaba el club, sino el fútbol. Hasta que un día recuperó las ganas, contactó con el Ávila y firmó otra hazaña: el gol de la única derrota del intratable Zamora. La Albuera aloja hoy al hijo pródigo.

Domingo Pérez: “Si no me voy en caliente, al día siguiente Manu se vuelve a reír de mí”
Imagen de archivo del último ascenso de la Gimnástica Segoviana ante el Atlético Malagueño. / KAMARERO
¿Qué es la Segoviana?
— Es un club ahora muy importante. Yo cuando vine de La Granja no sabía lo que era luchar por un ‘play off’. Yo llegué con gente de Segovia porque el club estaba todavía en la época de las deudas, pero desde el primer día es una lucha constante por estar arriba y por ascender.
¿Qué es el Ávila?
— A día de hoy es prácticamente lo mismo. Es un club que ha estado años en Segunda B y lo están empezando a llevar súper bien. Creo que los dos clubes se parecen en eso: ambos tienen equipo para estar regularmente en Segunda B.
¿Y en qué se diferencian?
— La Segoviana ha tenido la inteligencia de dar la oportunidad a jugadores de la casa y de Segovia. Es que al final parecía que éramos amigos: un núcleo de 14 o 15 jugadores, con tres o cuatro refuerzos y ya teníamos el equipo. Al final se vio que no hace falta más: si hay buen rollo, buenos jugadores y le das un toque con gente como fue Fernán en su día, haces un equipo que estuvo luchando por mantener la categoría en Segunda B.
¿Es Fernán el mejor jugador con el que ha jugado?
— Había gente del ascenso del Malagueño como En-Nesyri, que está en el Sevilla. Ahora está en el Ávila Manu Sánchez, un jugador que acaba de ascender a Primera División. Aquí Fernán marcó una época y Calleja es un jugadorazo, pero sobre todo era un equipo.
¿Cómo vivió el partido ante el Malagueño?
— En el ‘play off’ anterior nos fuimos con un mal sabor de boca impresionante. A mí se me criticó: que por qué me habían puesto, que si había jugado de central… Yo lo único que pensaba es: “Voy a salir a tope”. Como hago en todos los partidos. Pero al ver la gente que había… era una motivación extra. Es que es lo soñado: un ascenso en casa.
Ese partido le valió el apelativo de ‘Heroe’.
— Fueron amigos como Dani Arribas, Ivi, Javi Marcos, Manu o Calleja. Siempre me lo dicen. Pero es que yo había marcado solo un gol, al Villaralbo, que quedó último, en un partido en el que jugué de central, me expulsaron y ganamos 0-13. Abraham (García, su entrenador) me hablaba de la constancia, de las ganas, que todo eso que pongo en el campo me lo recompensó el fútbol ese día. Estaba medio lesionado y jugué infiltrándome, pero fue una chispa. Es que teníamos que ascender.
— ¿Se sorprendió a sí mismo?
— El partido estaba preparado para el balón parado y en ese momento Anel y yo éramos los más adecuados. El día de antes estuve practicando con Iván (Yubero, el segundo entrenador); en el entrenamiento no metíamos una y en la primera del partido, para dentro.
¿Fue el mejor día de su carrera?
— De los mejores. Por los jugadores a los que te has enfrentado y lo que has hecho por la ciudad. Hay días que estoy entrenando en el gimnasio, tengo un poco baja la motivación y me pongo ese partido en el móvil.
¿Qué le transmite verlo?
— Que si luchas y trabajas, al final lo consigues. Siempre he sido muy constante, me gusta trabajar y puedo asegurar que el año pasado cuando salí de aquí mi intención era dejarlo. Pero me puse en contacto con el Ávila: ¿Por qué voy a dejar de jugar al fútbol con lo que me gusta? Allí me recibieron súper bien. Y otra anécdota: el año pasado nadie había ganado al Zamora, lo hicimos y marqué. Son partidos en los que, por lo que sea, salgo con una motivación extra.
¿Cómo fueron sus últimos meses en la Segoviana?
— Veía que cuando había otros yo no era importante para el entrenador. Ya no solo ese año, sino el anterior. En cuanto había otro jugador bien en mi posición, iba antes que yo. Jugábamos Elías y yo porque Calleja y Asier no estaban, sinceramente. Y en el partido de Copa ante el Elche ya dije: “Es que yo aquí no pinto nada”. En la eliminatoria contra Villarrobledo salían jugadores lesionados antes que yo. Son cosas que yo no podía entender. Y el día del Elche lo hice de un calentón. El entrenador no se portó bien conmigo.
Acabó ese partido y usted abandonó el club. ¿Qué pasó?
— En la charla nos contaron que era un partido para disfrutar. Y yo estaba jugando, menos el partido anterior porque tenía un golpe. Pero fui a tratarme a Becerril, que seguramente otro jugador se habría quedado en su casa por no ir hasta allí. No he pedido ser titular en mi vida: simplemente creo que estaba bien y me merecía unos minutos. Y no me los dio. Él vino a disculparse, pero le dije que no, que mientras él fuera entrenador de la Segoviana yo no podía seguir allí.
No volvió al vestuario desde aquel día.
— Fui a verlos ante el Numancia B (4 de enero) porque tengo amigos allí. El club me llamó para arreglarlo, pero es que venía todo de atrás. Yo solo pedí al presidente que dieran cualquier explicación, pero que no dijeran que era por tema laboral porque me gustaría seguir jugando al fútbol. A raíz de eso, me llamó La Granja y me puse yo en contacto con el Ávila porque estaba a cuatro puntos del ‘play off’ y me gustaba el proyecto.
¿Cómo fue la despedida?
— Me lo tuve que pensar mucho, pero lo pasé muy mal porque tuve unas semanas en las que quería dejarlo. He tenido unos sentimientos que eran impresionantes y lo he pasado mal porque he querido mucho a este club. Se acababa tanto mi carrera de futbolista como estar en la Segoviana. Además de ser un club top, dejaba muchas amistades atrás. Siempre les estaré agradecido por la oportunidad.
¿Cómo se puso en contacto con el Ávila?
— Yo tenía a su director deportivo en Instagram, me pillaba igual de lejos Segovia que Ávila y pregunté si tenían fichas. Fui a entrenar una semana y encantados, tanto ellos como yo. Fue un mes de locos; hasta me llamaron de Canarias porque buscaban un mediocentro.
¿Siente que su posición es poco agradecida?
— Mucho. En la Segoviana y en casi todos los equipos, hay un 6 o un 10. Pero en el 8 siempre turnábamos: Quino, Asier, Calleja o yo. La continuidad la he tenido cuando había gente lesionada. Era jugar fuera y en casa, que es lo bonito, casi siempre me trincaban o me ponían en otra posición. Como el día de la Arandina (no estaba Manu Olmedilla y cayeron 1-3), me pone de central. Esas eran las cosas por las que decía: “Aquí no pinto nada”. He hecho partidos de la hostia. Hasta metía goles cuando me los pedían. Miras números el año pasado con otros jugadores con muchos más partidos que yo y menos goles. El que me conoce jugando sabe cómo soy.
¿Cómo es?
— Arrimo lo que haya que arrimar. Se habla de que soy especialista en juego aéreo, pero si me dijeras que soy cojo… Es que yo jugaba de 9 y 10 en El Espinar y en La Granja. Soy bastante potente y confío siempre en mis posibilidades de jugar. Que nadie es mejor que nadie, ni en Segunda B. Cuando voy a Ávila le preguntan a Rui y habló muy bien de mí. ¿Por qué tienen que jugar otros? Parece que algunos llevaban la etiqueta de jugar.
¿Quiénes?
— Ahí no sé decir, pero no entiendo que en la ida ante el Villarrobledo pusiera un rombo cuando llevábamos toda la temporada con un 4-3-3. Yo lo que quiero dejar claro es que no me voy al Ávila por dinero u otras cosas. Es que la Segoviana para mí era todo: rechazaba trabajo por ir a jugar y entrenar.
En el vestuario sorprendió lo abrupto de su salida porque se le consideraba alguien de la casa.
— Es que si no me voy en caliente, al día siguiente se vuelve a reír de mí. Y tuve que hacerlo en ese momento. A mí me llamaron todos: “Domi, que estás bien”. Pero si hubiera vuelto, ya no habría sido yo. Esto pasa en todos los equipos: hay jugadores a los que es muy fácil quitar y otros que tienen que jugar sí o sí. Son buenos, posiblemente se lo ganan, pero hay momentos para darles descanso.
¿Le trató la Segoviana como merecía?
— Me han tratado muy bien. Si yo me hubiera despedido, la cosa habría sido distinta. Pero me valía con la gente que me conoce y sabe cómo soy. Y me han criticado: me voy al eterno rival, qué poca vergüenza…
¿Le motiva enfrentarse a la Segoviana?
— Sí, claro. Yo la considero mi casa, pero ahora me debo al Ávila y vengo con más ganas que la hostia. Encima jugándonos el liderato, aunque sea muy pronto. Si no viniera a eso ya habría dejado de jugar al fútbol. La gente que me ve entrenar cada día sabe que siempre voy al máximo. Y tanto allí como aquí, en el momento en el que me debo a un equipo, voy a ir a tope. Y no sé ni si voy a jugar.
¿Qué sensación le gustaría tener el lunes?

— Me vale con los tres puntos.