La plantilla del Barça recibía este sábado sus premios del curso pasado: Gonzalo Pérez de Vargas (mejor portero), Dika Men (lateral derecho), Ludovic Fabregas (pivote), Thiagus Petrus (especialista defensivo) y Raúl Entrerríos (mejor central y jugador). Que el siete ideal de la Liga no sea íntegramente culé es mero decoro. Así, con esa carta de presentación, afrontaba el Nava la segunda visita de su historia a la pista del tirano del balonmano español, el que solo ha perdido una vez en más de ocho años de Asobal. Era la cueva del ogro y los segovianos salieron con orgullo tras un partido que aguantaron en empate durante 25 minutos.

El escenario no intimidó al Nava, que estrenó el marcador con un buen gol de Tsanaxidis; la ventaja duró apenas ocho segundos, lo que tardó Domen Makuc en culminar la fugaz transición culé. Jakub Prokop fue el encargo de llevar las manijas del ataque navero en las primeras acciones, con Haris Pleh como sostén en la portería. EL bosnio detuvo tres de los primeros cinco tiros locales. En esas, Moyano marcó un golazo desde nueve metros y Tsanaxidis culminó un fugaz contragolpe lanzado por el meta tras una parada de mérito a Makuc. En un suspiro, los segovianos firmaban un parcial de 3-0 y se ponían con dos goles de ventaja en el Palau (2-4). Fueron 181 segundos mandando en la pista de balonmano más hostil del planeta.

No tardó en reaccionar el Barça, que replicó por simple inercia con un parcial de 6-1 gracias a las circulaciones hacia el pivote y las primeras transiciones. Y la eficacia de Richardson en la línea de siete metros, un metrónomo que anota con cualquier tipo de lanzamiento. Ayudó la pérdida navera tras la exclusión de Tsanaxidis que facilitó un tiro a puerta vacía de Janc, que ponía el 8-5 para los culés. Para entonces, el Nava era víctima de una sangría de pérdidas: siete en los primeros 12 minutos de partido.

El cuadro segoviano evitó la tormenta perfecta con acciones de mérito por todos los costados. Recortó ventajas Moyano tras un gol bien trabajado por su lado contrario. Le siguió una espléndida parada de Pleh en inferioridad. Los naveros lanzaron muy bien los contragolpes, con Vujovic como misil tierra-aire. Y Moyano estaba atento a cada rechace, como el tiro de Rosales que salió repelido por la madera. Solo las pérdidas mantenían por detrás a un Nava con un 70% de acierto de cara a portería, un dato mejor que el de su rival.

Como era natural, el Barça amagaba en cada instante con la ruptura, pero el Nava tenía recursos para competir. Djukic exhibió brazo derecho y marcó tres trallazos en un suspiro. Y Rosales, que sacó con mérito una falta en ataque a Makuc, filtró un gran pase interior a Pablo Herranz, que marcó inmisericorde. El pivote, que tres meses atrás jugaba una fase de ascenso en Segunda Nacional, anotaba un gol en el Palau. Ahí es nada.

El Barça, con muchos canteranos y con Leo Maciel en portería, no terminaba de despegar y los segovianos nivelaron el marcador (15-15) en el minuto 26 de juego. Es toda una noticia que la primera vez que suene la bocina en el Palau sea para un tiempo muerto solicitado por Carlos Ortega.  Ahí tuvo una oportunidad de enseñar los dientes el Nava en una exclusión de Frade, que se zafó de malas maneras de Gonzalo Carró. No lo aprovechó el cuadro de Zupo Equisoain, que fue explícito en el tiempo muerto posterior: “Teníamos superioridad y la hemos desperdiciado”.

No necesitó demasiado el Barça para gestar un parcial de 4-0 entre el brazo de Richardson, las transiciones de Aleix Gómez y un tiro precipitado de Carlos Villagrán desde su campo, intentando sorprendera Maciel, sin éxito. Con todo, el Nava puso el cierre a una primera parte extraordinaria con un gran gol de Nico D’Antino desde el extremo y una parada de Pleh sobre la bocina. Irse tres abajo al descanso (19-16) en Barcelona tiene aroma a victoria.

Sin hacer demasiado caso a los cantos de sirena, Zupo Equisoain mantuvo sus planes y alargó la rotación. Fue el turno para Rodrigo Pérez Arce, que no había jugado en toda la primera parte, y de Tomas Smetanka, el eléctrico central eslovaco aún adolescente con argumentos de sobra para codearse entre adultos. Al Nava le costó carburar su ataque en los primeros compases del segundo acto y fue Pleh el que evitó que el marcador se desplomara.

Ganar en el Palau es una maratón. Exige sortear 60 minutos caminando a ciegas entre lava. Si Zupo pedía una buena imagen, lo cierto es que sus pupilos no desconectaron y siguieron en contienda hasta el final.  Eso sí, el ritmo lo imponía el Barça, a la más pura escuela catalana: la rapidez no se discute, cada segundo cuenta para lanzar transiciones.

Así las cosas, el duelo se convirtió en un intercambio de goles mientras el Barça, cómodo con su colchón, aumentaba a fuego lento sus ventajas. La nómina de goleadores segoviana aumentaba con las transiciones; esta vez fue Óscar Marugán el que sumó entre espacios. En el escaparate más exigente, Smetanka volvió a demostrar que está a la altura de la Asobal y que va a ser una pieza indispensable para el primer equipo. Sus goles, sus quiebros eléctricos, no dejan indiferente a ninguna defensa. Un gol suyo acercó a los segovianos a tres (26-23); no volverían a ver a los locales tan de cerca.

Pérez de Vargas salió en el tramo final y dejó alguna parada marca de la casa. Moyano, todo un añadido para esta campaña una vez superadas las lesiones del curso pasado, amplió su cuenta mientras peleaba por los suelos con Pérez Arce por cualquier balón suelto. Con todo, una cosa es aguantar al Barça y otra remontar a un equipo que suma goles casi sin pensar, incluso con canteranos como Juan Palomino. Un gol suyo puso el 34-28 y llevó a Zupo a parar el partido para pedir más atención defensiva.

La ventaja creció hasta los dobles dígitos, pero el Nava mantuvo el tempo ofensivo y se quedó a un gol de su mejor registro anotador en Asobal (35 goles ante Sinfín). El proyecto de Zupo quiere dar un paso adelante; en tardes así demuestra sus hechuras. Los segovianos habían caído por una media de 18,6 goles en sus tres partidos anteriores ante el campeón de Europa. Hay derrotas con más honor que muchas victorias.