David Llorente (16 de diciembre de 1996) afronta este viernes el momento con el que soñó cuando dejó Palazuelos de Eresma en la adolescencia rumbo a la Seu d´Urgell y dedicó su vida a lanzarse por canales embravecidos. Sus éxitos previos –plata en el mundial sub-23 con 18 años, campeón de Europa de la misma categoría en 2018 y subcampeón del mundo absoluto en 2019– le citan con su destino en Tokio. Será el tercero en bajar en las semifinales, a partir de las 7:00 hora española: 20 palistas en busca de 10 puestos en la final, a las 9:00. Poco más de dos horas para resolver un ciclo olímpico de cinco años. Con los pies en la tierra, aspira a ser el primer segoviano que se cuelga una medalla olímpica.

— ¿Cómo vive la víspera?

— Bueno, pues guay. La verdad es que contento. Estar en la villa olímpica es un placer y ahora estoy de público en las semifinales de mi compañera Nuria (Vilarrubla). Al final el trabajo está hecho; ahora solo queda estar ahí en el momento y ver lo que se puede hacer. Estoy tranquilo. Está claro que cuando me levante tendré nervios, pero dentro de lo normal y lo que me gusta a mí.

— Unos Juegos Olímpicos en plena pandemia y sin público. ¿Es un sueño a medias?

— Es verdad que de cara a París voy a estar muy motivado para seguir entrenando y poder vivir unos Juegos diferentes. Pero no porque esto sea menos, sino porque serán diferentes. Hay cosas que la pandemia va a hacer especiales. Es un sueño rotundo y conseguido, está claro.

— Ha quemado etapas, con poco que perder. ¿En la primera ronda sintió la presión?

— En ese aspecto, no. Sinceramente, pienso que ya he ganado todo estando aquí. Está claro que me hubiese quedado chafado si no llego a pasar, pero no porque tenía mucho que perder sino porque quiero dar mi nivel. Y ese nivel lo voy a dar en la última ronda, si llego. Quedarme así a las puertas me hubiera dejado un mal sabor de boca.

El campeón olímpico de Río 2016 (Joe Clarke) no está aquí ; sigue siendo súper bueno y si estuviese probablemente sería el que más posibilidades tendría de ganar

— Con los mismos rivales ha sido subcampeón del mundo en 2019. ¿Cuál es su nivel?

— Es algo que poca gente entiende. En mi deporte no se puede decir que mi nivel es este; de una bajada a otra, te cambia completamente. El campeón olímpico de Río 2016 (Joe Clarke) no está aquí ; sigue siendo súper bueno y si estuviese probablemente sería el que más posibilidades tendría de ganar. Pero no está porque no se ha clasificado. Y está un chico más joven que igual no tiene tanto nivel (Bradley Forbes-Cryans). Es verdad que vengo de hacer buenos resultados como en La Seu 2019 o ganar aquí el preolímpico, pero eso no significa nada. Ojala significase. Ahora mismo, de los 20 estamos 15 que podemos hacer medalla si bajamos bien. No me veo más ni menos favorito que otros. Ojalá pudiese decir que sí, pero es un deporte tan variable, depende tanto del agua… Y más con el circuito que nos han puesto. Lo que sí que sé es que voy a seguir siendo igual de bueno o malo quede el primero o el 20. Está claro que estoy preparado y me voy a dejar la piel.

— ¿Puede traducir su cara cuando logró el pase a la semifinal?

— Yo consigo dar mi nivel compitiendo cuando me meto esa presión. Ayer la tenía, sabía que ya no podía fallar. Salí a tope, sin dejarme nada y ya me relajé un poquito en el último tercio para asegurarlo todo. Hay tensión, por no seguir progresando, pero al cruzar la meta sentí rabia y alivio: “Joder, ya está, se ha conseguido. A por la siguiente”.

— Quiere bajar desatado.

— En la final. Está claro que en la semifinal es un pasito y hay que afrontarlo. Yo me veo bien, pero han puesto un circuito bastante técnico a la hora de pasar las puertas y, sobre todo, tienes que coger mucho los deflectores de agua. Estoy expectante porque al final lo que define este circuito es la adaptación, de principio a fin. La vimos en la final de Maialen, que las favoritas fallaron. Es intentar estar ahí y si consigo estar para mí ya es… Bueno, para mí el sueño ya está, pase lo que pase. Pero es que en la final es donde voy a ir a por todas y, una vez ahí, me da igual quedar el décimo o el octavo. Sé que voy a salir a darlo todo y me voy a quedar tranquilo, contento, independientemente del resultado.

— En un ciclo olímpico de cinco años, ¿hay una parte de usted que necesita acabar?

— Yo siempre lo llevaba bien; es verdad que desde el Mundial 2019 la tensión de no saber si tenía la plaza olímpica me produjo bastante estrés. Pero una vez que vino la pandemia todo eso se fue y nos dimos cuenta de lo efímero que es todo. Que no podemos querer que algo del futuro pase, sino estar en el presente. Está claro que he trabajado fuerte y duro, pero lo estoy disfrutando. Al revés, me gustaría que el tiempo fuese un poco más despacio para disfrutarlo más, estar más en la villa olímpica y empaparme del espíritu que se vive aquí dentro. Cuando estoy en la competición es cuando siento que estoy bien por dentro. Me gusta ese estado de presión, nervios o como quieras llamarlo. Y también ilusión.

Me gustaría que el tiempo fuese un poco más despacio para disfrutarlo más, estar más en la villa olímpica y empaparme del espíritu que se vive aquí dentro

— ¿Cuál es su mejor recuerdo en la villa olímpica?

— Hay muchísimos. Llevo un diario cada día y escribo bastante. Desde que entras y ves todas las casas decoradas con la bandera de cada país. El comedor gigante. Ver a esa gente de gimnasia, de halterofilia… Esa diversidad es muy guay. Hablar con gente sobre su deporte… Todo ese ambiente es brutal.

— ¿Qué parte de usted siente que puede ser medallista?

— Los 20 soñamos con ello. Como decía Maialen, es un sueño, pero algo muy difícil. Por supuesto que puede pasar, pero igual que me puede pasar a mí les puede pasar a los otros 19. Lo único que puedo controlar es mi bajada. Y después, esperar. Una medalla olímpica me parece algo muy bestia; ojalá se pueda tener. Al final hemos venido a dar nuestro máximo nivel.

— ¿Su máximo nivel es medalla olímpica?

— Claro que sí, por supuesto. Mi máximo nivel es medalla olímpica. Pero también lo puede ser el de los otros 14 que comentaba antes. Lo difícil está en sacarlo en esos momentos y que el agua te lleve por donde tú quieras. Pero por supuesto que sí.

— ¿Cómo vive la presión de buscar una medalla para España?

— Es verdad que está ahí. Más que presión, yo creo que la gente lo vive con ilusión. Yo recibo mil mensajes de gente de Segovia y de todas partes: “¡Venga va, tráete la medalla!”. Y te dicen: “Si no te traes la medalla no te preocupes, ya estamos orgullosos de ti”. Como si fuese lo más fácil del mundo. No me lo tomo a mal, al final son comentarios de gente que tampoco está viviendo aquí el día a día. No me presiona porque sé que lo hacen con su mejor intención, pero yo me lo tomo guay. Me gusta.