Asier Arranz
Asier transforma un penalti con la Segoviana ante el Palencia Cristo en octubre de 2019. / KAMARERO

Asier Arranz (28 de marzo de 1987) puso Campo de Cuéllar, su modesto pueblo de 200 habitantes, en Primera División, aunque fuera solo una tarde. A sus 35 años, al borde de una retirada que podría ser inminente, el jugador más polivalente que ha conocido La Albuera en tiempos recientes regresa hoy a casa, donde militó entre 2017 y 2020, con la camiseta del Palencia Cristo. Cuenta que pudo tener una mejor carrera, que la Segoviana le devolvió la ilusión y que no hubo opción de regresar al club en este mercado invernal porque no había fichas disponibles.

— ¿Quién le puso un balón en los pies?
— Soy de una familia muy futbolista, pero si a alguien tengo que achacárselo es a mi padre. Es el que hizo los esfuerzos cuando yo tenía 10 o 12 años y empecé jugando al fútbol sala en Cuéllar. Si él no hubiera puesto ese empeño de llevarme a entrenar o jugar, el futbol no habría sido tan importante en mi vida.

— Esos inicios en el fútbol sala le hicieron más habilidoso.
— Competir en espacios tan reducidos te hace adquirir registros técnicos. Cuando dispones de más espacios, puedes poner esas habilidades en práctica.

— ¿Qué quería ser aquel Asier de 12 años?
— Seguramente, futbolista, como tantos y tantos. Es tan difícil llegar que yo me considero un privilegiado por haber podido disfrutar todos estos años, ganándome la vida haciendo lo que más me gusta en el mundo. ¿Podría haber sido mejor mi carrera? Muchas veces lo pienso, pero soy de valorar lo que he conseguido. Hay mil factores en la carrera de un futbolista; yo tengo 35, estoy ya cerca del ocaso e intento valorar más el día a día.

— ¿Qué marca la diferencia para que uno llegue y otros no?
— Desde que entré en la cantera de Valladolid, con 14 años, he visto pasar jugadores que han sido mejores que yo. O bien no hicieron el partido que tenían que hacer. O no contaron con un entrenador que veía sus virtudes. Yo siempre he intentado dar el máximo y, sobre todo en los primeros años de categorías inferiores, me salían los partidos justo cuando me tenían que salir. El futbolista tiene que aprovechar esas oportunidades.

— ¿Qué significó llegar a Primera División?
— Fue cumplir no ya mi sueño, sino el de toda una familia. Yo procedo de un pueblo que tiene 200 habitantes, era impensable. Cuando estaba en esos vestuarios, pensaba en mis padres, en mis hermanos. Gente que había hecho un esfuerzo terrible para que yo tuviera esa oportunidad.

— ¿Cuándo sintió que el sueño se había cumplido?
— Al debutar, en Segunda. Todos los años hay cuatro o cinco canteranos que han destacado en el filial y tienen el premio de realizar la pretemporada con el primer equipo. Yo me lo tomaba con ilusión, y cuando llegue la última semana, tendré que volver con el filial para jugar en El Plantío. Pero esa pretemporada me salió muy bien, me quedé en la plantilla y salí de inicio en El Molinón contra el Sporting. Ahí empiezas a darte cuenta. Luego he ido consiguiendo más cosas, pero el paso de jugar en un filial a sentirte profesional fue ahí. La repercusión que tiene un partido televisado a las 12 de la mañana en un campo histórico. Sales a calentar y piensas: esto no es fútbol amateur. Hay muchos ojos mirándote.

— ¿Jugar en Primera fue una parte más del proceso?
— Queda registrado que han jugado en Primera División y eso es la leche para un jugador. Jugamos contra el Mallorca de Gregorio Manzano y Aduriz y nos pegaron un repaso importante. Estaba tranquilo, intenté hacer todo lo posible. Y seguramente que no haría ni buen partido. Lo que intenté fue disfrutar porque no sabía si iba a volver a pasar. Y no volví a jugar un partido de liga: fui convocado otros cinco o seis y no tuve la suerte de jugar más.

— ¿Cómo aprendió a disfrutar del fútbol en categorías con menos relumbrón?
— Es complicado. Son cambios grandes, pero tienes que adaptarte a dónde estás. No puedes ir crecido al vestuario de la Segoviana y decir que has jugado en Primera. Te pueden decir: “Mira el tonto este, si estamos en la misma categoría”. Hay que intentar ser uno más: ni peor ni mejor. Eso de demuestra con tu rendimiento en el campo. Es un proceso de adaptación.

— ¿Cómo fue mentalmente ese proceso?
— No es fácil. Sobre todo, cuando pasas de Segunda a Segunda B. Me fui cedido al Pontevedra y me rompí el cruzado. Fue perder un año y ahí ya es difícil volver a reengancharte, en el fútbol hay mucha competencia. A partir de ahí ya vi que sería difícil volver. Di entonces un cambio en mi vida: el fútbol me ha dado muchas cosas, pero ahora tengo que mirar otras. Estudié una carrera, me saqué un máster… Aposté por otras cosas.

— ¿Qué significó la Segoviana?
— Lo veía como un equipo de mi ciudad, pero no me arraigaba mucho a él. Al estar más cerca de Valladolid, era el equipo más representativo. Cuando llegué, era una oportunidad de jugar al fútbol cerca de mi casa y ahora es como si fuera mi familia. Conozco a muchos jugadores, la directiva…

— ¿Qué Asier llegó a la Segoviana y qué Asier salió de ella?
— Venía de estar un par de temporadas muy mal a nivel físico. Había perdido un poco la ilusión y la Segoviana me sirvió para valorar lo que había tenido antes: “Yo he conseguido muchas cosas en el fútbol, pero ahora me toca vivir esto”. Y el objetivo era dar el mejor rendimiento para ayudar al colectivo a conseguir los objetivos. Va a ser muy difícil volver al fútbol profesional, pero si puedo ayudar a esos chicos que sueñan también con llegar a Primera… Llegó un Asier con la motivación baja y la Segoviana me hizo volver a sentirme futbolista.

— ¿Los años dan esa perspectiva del colectivo?
— Totalmente. En el Cristo estoy jugando bastante menos de lo que me esperaba cuando firmé. Llegué tarde, con un once inicial muy identificado. Podría tener dos caminos: estar cabreado y decir, yo paso, o intentar ayudar a los compañeros. Es lo que hago, entrenar bien para ponérselo difícil a los que están jugando o ayudar al entrenador cuando me pregunta. Te sientes más tranquilo contigo mismo siendo profesional, juegues o no. Ahora tengo una visión mucho más global, no pienso solo en mí. Aunque haga una temporada muy buena, tengo 35 años, no soy idiota.

— Dice que su carrera pudo ser mejor. ¿En qué?
— Tuve mala suerte en momentos puntuales. Cuando estaba jugando todo, el primer año que subimos, con Mendilibar, tuve un par de lesiones de tobillo; la segunda me la creó un compañero. Luego son pequeños detalles: no aceptar con el club o con el entrenador, que parecía que te quería pero luego no. Mi carrera está marcada por pequeños momentos puntuales en los que, casi siempre problemas físicos, no he podido tener continuidad cuando estaba en el nivel más alto.

— ¿Qué se achaca a sí mismo?
— Principalmente, la mentalidad. Cuando tienes 18 años y te ves en el fútbol profesional, te piensas que lo sabes todo Es un problema que hemos tenido la mayoría de futbolistas. Miras de reojo a quien te da un consejo, como diciendo: “Qué me vas a contar, si ya estoy en Primera”. La diferencia del Asier de 18 y el de 35 es aprender a competir en todas las situaciones. Yo he jugado de extremo izquierdo, derecho, mediocentro, lateral derecho, izquierdo. Y con 19 años te diría: “No me veo jugando de lateral”. Aquel Asier habría puesto excusas más que soluciones.

— ¿Qué le ha aportado jugar en Chipre y Finlandia?
— Viajar siempre es una experiencia maravillosa, para mí ha sido muy enriquecedor. Ha habido momentos buenos y malos; en lo deportivo lo he jugado todo, me he sentido importante. Los padres de un compañero de clase de mi hijo van a venir en junio desde Finlandia. Es lo que te queda del fútbol, las relaciones que haces con otros compañeros. Cuando me retire, valoraré más todo eso.

— ¿Qué equivalencia hace del nivel futbolístico?
— La Segunda División de Chipre era una liga muy física. En la primera División de Finlandia hay dos niveles diferenciados; era un fútbol bastante vistoso, a mí me sorprendió, me esperaba algo más directo. Son combinativos, están mejorando mucho.

— ¿La Segunda RFEF es lo mismo que Segunda B?
— No, había más nivel en Segunda B. En Segunda RFEF hay un montón de recién ascendidos como nosotros que lo habrían tenido muy difícil en un play off y el año pasado lo hicieron bien. Y así muchos, como el Ceares, que apenas ha competido. ¿Qué va a pasar? Pues que esto se va a equiparar en uno o dos años; estos equipos irán bajando y la liga va a ser más competitiva. Habrá unas temporadas de transición.

— ¿Dónde estarán Palencia y Segoviana?
— Yo espero que estén los dos en Segunda RFEF. Son clubes que trabajan bien. Yo tenía la expectativa de que la segunda hubiera quedado más arriba, que estuvieran salvados en mitad de tabla. Si este años se salvan, que yo creo que sí, intentar ver qué se ha hecho mal y el año que viene dar otro pasito más. Y ojalá en dos o tres temporadas se pueda aspirar a estar en Primera RFEF, ¿por qué no?.

“Me alegro por Ramsés porque es un gimnástico hasta la médula, un tío súper currante que siempre está ahí para echar una mano”

—¿Le ha sorprendido la racha de Ramsés?
— Para él ha sido el cuento ideal. Le habría gustado empezar por otro motivo y no la destitución de Manu, pero desde que ha llegado, los números están ahí. Es súper motivador, ha sido dar con la tecla. Y los detalles han salido a favor. Tampoco creo que el equipo esté jugando muchísimo mejor, pero las cuatro cosas que les ha dicho Ramsés las llevan a la perfección. Yo he visto los últimos partidos y Carmona ha sido una figura importantísima. Me alegro por Ramsés porque es un gimnástico hasta la médula, un tío súper currante que siempre está ahí para echar una mano.

—Su trabajo es ganar a la Segoviana. ¿Le pesa la idea de descenderles?
— Estadísticamente no se han salvado, pero hay muchos enfrentamientos directos. Hace un mes y medio sí que veía el calendario y pensaba que podíamos ir allí y que ese día fuera un drama. Por suerte el ambiente está mejor. Nosotros tenemos que ir y hacer nuestro partido. Personalmente, preferiría jugar en otro campo para sacar los tres puntos, pero hay que ser profesionales.

— ¿Qué espera de su vuelta a Segovia?
— Habrá un ambiente muy bonito de fútbol. Para mí será especial, jugar en La Albuera siempre lo es. Voy a estar igual de contento con un buen recibimiento o con que me piten, lo voy a entender porque se juegan mucho. He ido muchas veces y he notado el cariño de la gente. Con eso me vale, no necesito que me aplauda la gente.

— ¿Cómo lleva lo de compararse con su mejor versión?
— Es difícil, para qué te voy a engañar. Te podría decir que me conformo, pero no. Estoy acostumbrado a jugar siempre, a dar el máximo. Mis condiciones físicas no son las mismas y aquí tengo la espinita de que estoy jugando todo en banda y no en el centro.

—¿Tuvo la opción de volver a la Segoviana este inverno?
— Lo vi casi imposible desde el primer momento, Manu fue muy franco conmigo y me dijo que no había fichas. Yo sabía que la filosofía de la Segoviana no era dar bajas a unos jugadores para firmar otros, se llame Asier o Pepito Pérez. Y así ha sido, con todo lo que podía haber supuesto, que desciendes y luego te echan en cara no haber traído a un delantero.

—¿Le gustaría volver?
— Sí, por supuesto. Yo la Sego la considero mi casa. No sé qué va a pasar, igual este año dejo el fútbol y puedo colaborar con ellos de otra manera. Estoy estudiando un máster relacionado con el scouting, igual puedo ayudar a la Segoviana en ese aspecto. Estoy abierto a todo. Tengo que valorar mi situación porque soy padre, tengo dos hijos y me quitan mucho tiempo. Dejarlo es una de las posibilidades.