ciclismo vuelta a segovia
El podio final con los ganadores de cada clasificación. /CARLOS NAVARRO

La sexagésima edición de la Vuelta a Segovia y su microcosmos, ese pequeño universo ciclista que se crea en los aledaños del restaurante Atenas, ha servido de escenario para un debate internacional. ¿Hasta qué punto deben pagar un deportista las atrocidades de sus dirigentes? Egor Igoshev ganó ayer la general con el mismo tiempo que el uruguayo Antonio Fagúndez pero con mejor puesto en la primera etapa. Es ruso, como sus cinco compañeros de equipo, el Club Ciclista Catalunya, una entidad que les permite seguir compitiendo tras el boicot de la gobernanza del deporte a las federaciones rusas.

El equipo catalán, gran dominador de las dos etapas de la Vuelta, abrió la puerta a 22 rusos que competían para el Lokosphinx hasta que el 11 de marzo se encontraron con la puerta cerrada como respuesta internacional a la invasión rusa en Ucrania. La necesidad unió entonces a un grupo de ciclistas afincado en España y a un club que andaba justo de corredores. Su presidente, Josep Beltrán, amigo del presidente de la federación rusa de ciclismo, Viatcheslav Ekimov –gregario de Lance Armostrong y campeón olímpico–, argumentó que los chicos “no tenían la culpa”. Les inscribió en su equipo, con licencia catalana. Viven en una residencia en Tortosa, propiedad del entrenador soviético Alexander Kuznetsov. Para el club, que aspira a conseguir un equipo Continental –la tercera categoría del ciclismo profesional- es una gran oportunidad.

Pese a su timidez, Igoshev mostraba pinceladas de satisfacción tras su primera victoria en una clasificación general. “Estoy muy feliz por correr en España”. Su rápida adaptación a las nuevas circunstancias ha supuesto un reto para un grupo de ciclistas que aún tiene la adolescencia en el retrovisor. Un ejercicio de madurez forzada. “Estamos contentos por competir en España porque en Rusia no hay corredores fuertes ni un gran centro de entrenamiento. Y no tenemos montaña. Este es un gran país para entrenar; buen tiempo, buenas carreteras y equipos de nivel”.

Igoshev agradece la acogida. “Con lo que está pasando en el mundo, tenemos muchos problemas. Pero España nos ha dado la oportunidad de entrenar y competir”. Pide que solo se tenga en cuenta el ciclismo y no mezclarlo con otros factores. “No queremos guerra, no está bien, pero no mezclemos política y deporte”. El peso pesado del grupo, el sprinter Gleb Syritsa, hacía gestos a sus compañeros para que no hablaran más de la cuenta.

Fagúndez sonreía con su trofeo al ganador de una etapa “un poco rara, muy movida” con inicio y final en Segovia tras 127,1 kilómetros. Hubo una escapada de una docena de corredores, neutralizada tras unos 40 kilómetros. Le sucedieron otras dos en un día emocionante de ciclismo que terminó con un competido sprint en el paseo Ezequiel González entre dos corredores que aventajaron en 1m19s a sus perseguidores. “Estamos contentos del trabajo del equipo, se portaron muy bien. Lamentamos no habernos podido llevar la general, pero nos quedamos con una linda etapa”. El uruguayo esperaba que la contienda se decidiera entre un grupo más numeroso, pero tuvo que jugársela en un mano a mano con Igoshev, que atacó antes. Fagúndez salió de atrás, cazó a la fuga y fue a la estela del ruso cuando lanzó el ataque definitivo.

Un pacto entre ambos para que uno ganase la etapa y el otro la general no se llegó a negociar. “A los dos nos servía ir para adelante. Hubo entendimiento, los dos tirábamos fuerte. Él iba muy bien, la verdad, y nos dio para sacar tiempo al pelotón y que ganara el mejor”. El uruguayo tuvo un pequeño error de cálculo: “Yo creía que con la etapa ya me llevaba la general. Sí que lo intenté, pero él venía fuerte. Me bastó con un intento para verlo. Al final, me la jugué al sprint”.

El mal fario del día le tocó a Pau Llaneras, hijo de Joan Llaneras, el mejor ciclista en pista que ha conocido España, con una plata olímpica y siete mundiales. Sufrió una “caída tonta” cuando estaba bajando al coche a por un bidón. “No sé dónde he enganchado con la mano”, reconoció tras curar en la ambulancia una herida que requería puntos y visita al hospital. Corrió en 2019, edición que tuvo que abandonar por problemas de salud. Vestía el maillot de puntos rojos, ganado en la primera etapa. Agotado y con dolores, terminó los últimos kilómetros como pudo.

Como tantos de su generación, en el último año sub-23, no se esconde. “Quiero intentar ser más regular, y a ver si podemos dar el salto a profesional”. Su objetivo es gestar una trayectoria lejos de la sombra de su padre. “Al final cada uno ha hecho su carrera. Mi padre ha hecho la suya y yo intento hacer la mía. Tener el apellido tiene ventajas e inconvenientes”. Si vuelve a correr en Segovia lo haría como profesional, promete.

Pedro Delgado, un protagonista indispensable de la Vuelta a Segovia, se mostró partidario de dar una oportunidad a los rusos. Puso el ejemplo del Gazprom, un equipo profesional vetado por la Unión Ciclista Internacional en el que había corredores italianos, españoles o belgas. Mientras, los corredores rusos de equipos europeos sí pueden competir. “Es un contrasentido. Ante la situación tan delicada que se vive, se puede buscar esa solución. No llevas un patrocinador de bandera rusa, pero estos chavales, ya que están viviendo en España y alguno lleva aquí dos años, que por lo menos puedan competir. La guerra es lamentable, pero en la vida es bueno no tener rencillas. El deporte ayuda a curar heridas y todos tenemos que ser flexibles. Seguro que hay muchos rusos en contra de la guerra y viven con esa presión política”.

El segoviano hizo balance de la Vuelta. “Lo importante es que la carrera esté animada”. La primera etapa, con tres cuartas partes del recorrido diseñado en un perfil llano, creó incertidumbre con el viento y dejó un desenlace entretenido. “Esa parte final camino a Torrecabaleros es espectacular. Y en la etapa de Segovia, que resulta muchas veces más bloqueada, sobre todo con el equipo fuerte del líder, que iba a dejar pocas opciones, ha habido de todo”. Mario López se llevó el premio a mejor segoviano. Ninguno gana la Vuelta a Segovia desde que Pablo de Pedro, que paseaba ayer feliz un carrito de bebé, lo hiciera en 2002.