Hay milagros que forman parte de lo sobrenatural, como el del pastor que sobrevivió a un rayo, y otros que se forjan a lo largo del tiempo, que se cimentan en el trabajo bien hecho y que logran perdurar pese a que las vicisitudes de la vida le ponen a prueba de manera constante.

Los Internacionales de España en Pista Rápida Villa de El Espinar, Open Castilla y León, que a veces viene bien decir el nombre entero, forman parte de esa segunda categoría de milagros fruto del trabajo. Un torneo no consigue sumar 35 años de vida, y de ellos tres décadas dentro del Circuito de la ATP si no hay un excelente trabajo detrás, y aunque no hay que olvidar nunca que el torneo espinariego tiene un padre, que es Pedro Muñoz, resultaría absolutamente injusto minusvalorar el trabajo del equipo que año tras año, con cambios de nombres pero no de ilusión por sacar adelante el Open, ha venido realizando.

El Covid-19 se llevó al cielo a Pedro Muñoz, y dejó al cargo del milagro a su hija Mónica y a Vivi Ruano, que junto a su equipo de trabajo y el apoyo del Ayuntamiento de El Espinar se han dejado las pestañas para conseguir que el Open Castilla y León sufriera lo mínimo los efectos de la pandemia. Y no ha sido fácil, no solo porque la economía da para lo que da (sin hablar de los protocolos sanitarios que impidieron la celebración del torneo femenino compartiendo pista con el masculino), sino también porque faltaba la energía y la capacidad de trabajo de Pedro.

Del milagro, a la ‘obra’

Pero el milagro siguió adelante, convertido en la ‘obra’ de la que tanto hablaba el presidente de honor del torneo, al que con el paso del tiempo el tenis le echará de menos muchísimo más de lo que ha llorado su pérdida. Después de más de treinta años de trabajo hay puertas que están más predispuestas a abrirse, como la de la Junta de Castilla y León, sin cuyo apoyo el torneo hace tiempo que habría dejado de ser lo que es, o de algunas entidades privadas que han visto en el torneo de El Espinar un buen soporte.

Así que el Open, el quinto de España en importancia, dio comienzo en unas pistas que poco a poco fueron recobrando el color de pasadas ediciones. La presencia de Feliciano López tuvo algo que ver, que los españoles siempre enganchan, pero pronto se pudo comprobar que los ‘profesionales’ de los Challenger llegaban a Segovia con mucha mejor forma que el jugador toledano, que se vio apeado en la ronda de cuartos de final.

Vivi Ruano ha dicho siempre que en El Espinar no puede ganar cualquiera, sino quien muestra un nivel de tenis muy alto, y a la final de la edición de 2021 llegaron los dos jugadores que mejor nivel mostraron a lo largo de la semana. Y hubo máxima igualdad sobre la pista central del Complejo Deportivo Pedro Muñoz entre Benjamin Bonzi y Tim Van Rijthoven, que se repartieron los errores en los primeros juegos, aunque sin breaks, y los aciertos en cuanto ambos entraron en calor.

De menos a más

Tanto fue así que a partir del quinto juego ya no hubo opciones de ruptura y el primer set se abocó a una muerte súbita en la que Van Rijthoven comenzó muy acertado, llegando a un 6-1 que parecía decantar el parcial a su favor.

Sin embargo, al neerlandés le entraron los nervios, y falló con su servicio lo que no había fallado en todo el primer set. Bonzi recuperó las cinco bolas de set que tuvo su oponente, para terminar haciéndose con el primer parcial por 12-10.

Tim Van Rijthoven, que llegaba a El Espinar después de ganar el doble en el torneo de Pozoblanco, no quería desaprovechar la oportunidad de vencer en una final individual, y por ello en el segundo set volvió a presionar el servicio de Bonzi y a hacerse fuerte con su saque. Tanto fue así que en el cuarto juego llegó la rotura, con el tenista francés sin encontrar respuesta a los buenos restos de su oponente, y quedándose lejos del break cuando le tocaba servir al neerlandés.

Tuvo Van Rijthoven varias oportunidades de hacerse con el segundo parcial, pero algunos errores no forzados, y la voluntad de Bonzi de alargar el partido buscando la suerte que le sonrió en el primer set, impidieron que el holandés se colocara primero con 5/1, y posteriormente se hiciera con el set desaprovechando hasta tres oportunidades para conseguirlo al resto, la última de ellas muy clara con una bola a media pista que estrelló en la red con su rival ya vencido.

Así que al jugador de los Países Bajos le tocó cerrar el empate a un set con su saque, algo que sí consiguió después de dominar con su derecha, la misma que tantos ángulos ha abierto a lo largo de toda la semana del torneo, y que obligó a Bonzi una y otra vez a desplazarse con celeridad para intentar devolver en las mejores condiciones, algo que no siempre logró el tenista galo, que sin embargo no dio un solo punto por perdido.

La fortaleza mental, clave

El set definitivo puso a prueba el físico de los dos protagonistas de la final, ya menos acertados con su servicio. Tuvo Van Rijthoven su oportunidad de tomar ventaja con una bola de rotura en el octavo juego, pero Bonzi logró superar el momento para llegar al tramo final con un 5/4 a su favor, metiendo toda la presión a su oponente.

Van Rijthoven, que no había cedido un servicio en todo el encuentro, acabó perdiendo su saque en el momento decisivo, cuando con 30-40 en el marcador un golpe de derecha de su rival superó su subida a la red, acabando con una de las finales más igualadas en la historia del Open Castilla y León en la que Benjamin Bonzi se hizo con una victoria que le coloca entre los cien mejores jugadores del mundo, y que prolonga el idilio del tenis francés con el torneo.

Llegado el momento del balance, deportivamente la competición estuvo a la altura, con encuentros de buen nivel y la aparición de jóvenes talentos que poco a poco se van a ir haciendo un hueco entre los mejores. En el apartado institucional, la ‘obra’ de Pedro Muñoz tiene unos cimientos sólidos, y unos herederos capaces de seguir construyendo historia en el tenis. Mientras las instituciones sigan confiando en el trabajo de Vivi Ruano, de Mónica Muñoz y de su equipo, el Open Castilla y León seguirá teniendo un futuro en El Espinar.