Hugo Ramos del Barrio tenía una ecuación que resolver. ¿Cómo practicar esquí de fondo en Cuéllar? “Si me voy a preparar un Campeonato del Mundo, tendré que esquiar… Y Segovia es una de dos: o te cae una nevada y estás 15 días o no nieva en todo el año”. La respuesta se la dio un triatleta vasco que simulaba el entrenamiento con patines. Así que se compró un par en octubre y estuvo más de cuatro meses haciendo unos 20 kilómetros semanales. Una tarea que tuvo premio, pues ganó el Mundial de Andorra en el tramo de edad de 20 a 24 años. “Ha sido un invierno muy complicado porque no ha nieve en ningún lado, pero me ha gustado mucho. Fue una experiencia única. Un mundial y traértelo a casa”.

Este segoviano aprendió esquí con su tía. Su odisea con los patines empezó por un carril bici hacia el Santuario de El Henar. “Tiene raíces, piedras, barro… Me caía 70 veces y pasaba mucha gente”. Así que su padre le llevó un día a la carretera que une Sanchonuño con Zarzuela del Pinar. Asfaltada y con poco tránsito, daba vueltas de dos kilómetros y medio. “Me lo gozaba, a lo mejor pasaba un coche a la hora”. Él sostiene que simulan un 75% el esfuerzo del esquí; como en el biatlón, la técnica consiste en ‘clavar’ el esquí y avanzar.

Hugo era futbolista adolescente hasta que un día su madre le castigó haciendo un duatlón. ¿Qué hizo? “Creo que reventé un váter con un petardo, fíjate qué bueno era de pequeño”. Llegó como infantil de primer año y lo ganó. “Sentar la cabeza no, pero me cansaba y dormía más”, sonríe. Se define como hiperactivo. “Mira que en el fútbol era bueno, me ponía a correr por la banda. Pero en esto quemaba más energía”. Así que acabó dejando el fútbol y su apuesta no tardó en dar resultados: se proclamó campeón de España junior de triatlón de invierno en 2019 en Vinuesa (Soria). El apoyo de su abuelo Moisés tuvo mucho que ver.

En 2020 apenas pudo competir por la pandemia y por la falta de nieve. Y el cierre de la estación de esquí de fondo de Navafría le hizo polvo. “No veas la cara de tonto que se me quedó”. Probó en un pequeño terreno en Cotos, pero era un patatal con calvas de nieve. “Me basta con una recta larga y hacérmela 180 veces, pero no lo había”. Así las cosas, la primera nieve que tocó fue el sábado antes del Mundial.

El objetivo era el Mundial de Andorra. Para entrar en la categoría élite necesitaba ganarse la plaza en el campeonato de España, que se celebraba en febrero. Sus planes se frustraron por una caída que le fracturó una costilla. Estaba entrenando en el parque cuellarano de Huerta del Duque unos días de mucha lluvia. “Iba muy confiado y muy deprisa. Miré el Garmin -el ordenador que monitoriza el entrenamiento- una décima de segundo y me caí de bruces por delante. Me clavé el manillar en las costillas… un castañazo”. Al principio no dolía, pero con el paso de los días no podía subir la cuesta de su casa, así que canceló el viaje. Trabaja en una cantera y al lunes siguiente tuvo que irse a casa por los dolores. El centro de salud llamó y le confinó por dolor de pecho; cinco días en casa y dos PCR negativas.

Hubo otra caída. En el tramo de esquí de la prueba, Hugo, que cumple hoy 21 años, cayó al adelantar a un francés. “Le pisé el bastón sin querer y me tiró. Me levanté con toda la rabia, puse un paso imposible y de ahí a la meta”. Terminó los 14,2 kilómetros en 52:07 minutos, un buen tiempo teniendo en cuenta el desnivel y los más de 2.000 metros de altitud. Uno de sus puntos diferenciales son las transiciones. Por ejemplo, puso las zapatillas de la bici atadas al cuadro para no entretenerse en ponerlas; con el esquí también recuperó casi medio minuto. No hay tiempo que perder.

“Salió la carrera que estaba buscando”

Para no dar al traste con todo el trabajo, Hugo Ramos se apuntó por grupos de edad (entre 20 y 24 años) al Mundial de Andorra, aunque, a diferencia de la categoría absoluta, él debía costearse la inscripción y los gastos. Así que aquella caída costó 500 euros. El itinerario comenzaba con 3,5 kilómetros de carrera a pie en un circuito complicado que Hugo define como “la espeta montañosa” con mucho de nivel. Le siguieron 5,2 de ciclismo “por hielo”; de hecho, se cayó en una curva. Por último, 5,5 kilómetros de esquí de fondo. Su punto fuerte es el esquí y el débil el ciclismo, pero iba en su mejor momento en las tres. La caída provocó que le quitaran el liderato, pero lo recuperó en las transiciones y en el último tramo de esquí. “Trajeron 25 tráileres de nieve para poder hacer la competición”.

Hubo ausencias como los triatletas asiáticos, aunque sí hubo canadienses o estadounidenses. Había una decena de competidores en su categoría. “Haber corrido en élite y haber quedado el último habría sido ganar el campeonato. Al no poder clasificarme, lo di todo en grupos de edad. Y salió la carrera que estaba buscando”. La diferencia también es económica: el ganador absoluto se llevaba 2.000 euros y los de grupos de edad no recibían premio.