El entrenador Ángel Zamora, durante un partido con el CD Segosala. / KAMARERO
El entrenador Ángel Zamora, durante un partido con el CD Segosala. / KAMARERO

Ángel Zamora Olmos (20 de febrero de 1980) deja al Segosala tras cuatro temporadas porque cree que no puede sacar el máximo rendimiento de una plantilla acomodada a sus métodos. Repasa una etapa en la que su club ha pasado de ser un complemento a un referente de Primera División a quedarse como sostén del fútbol sala una fiesta en la que cada vez queda menos gente.

— ¿Por qué deja el Segosala?

— Ha sido una temporada muy complicada de gestión del grupo. La verdad es que me he ido agotando. Lesiones, salidas de jugadores en Navidad… Había algo en juego hasta el último día; al principio la Copa del Rey, luego cerquita del descenso y al final con posibilidades de ‘play off’. El equipo necesita un cambio porque la mayoría de los jugadores lleva conmigo los cuatro años: 13 de los 14 que empezaron la temporada estaban el año anterior. Los jugadores estaban muy acomodados y relajados, les faltaba ilusión y motivación. Tenían que entrar caras nuevas y hacer una revolución en la plantilla en Segovia es muy difícil porque no fichamos a base de talonario: no pagamos a los jugadores ni les ofrecemos piso o trabajo. La directiva quería mantener el bloque con gente de la casa, así que es más fácil que se vaya un entrenador a que vengan cinco jugadores nuevos.

— ¿Por qué cambiar a un equipo que acaba la Liga quinto?

— Desgraciadamente para el entrenador, la vara de medir son los resultados. Sí, vale, el equipo al final pilló una racha buena y hemos llegado con opciones de jugar unos ‘play off’, algo que era impensable durante el año. Los resultados han sido buenos, pero la temporada ha sido muy convulsa, con jugadores que no han podido tener el compromiso que requiere 2ª B por el tema laboral. Hace falta un cambio. Si volvemos a empezar una pretemporada con las mismas caras, va a ser otra vez lo mismo. El objetivo desde el inicio era estar entre los cuatro primeros y hemos estado más cerca de los puestos de abajo que de los de arriba.

— Da la sensación de que se va porque siente que estorba.

— Llevábamos meses dándole vueltas y pensábamos que era lo mejor. La directiva quería que continuásemos y los jugadores intentaron que nos quedáramos. Pero claro, quieren que sigamos porque están demasiado a gusto con nosotros. Estar acomodado hace que no rindas y este año el equipo no ha rendido al cien por cien, podía haber dado más. Hay que ser honestos. Si yo veo que no voy a sacar ese margen de mejora hay que dar paso a otro entrenador que a lo mejor sí consigue ese cien por cien.

— ¿Qué balance hace de sus cuatro años en el Segosala?

— Muy positivo. Cuando llegué éramos el otro club de Segovia; el Naturpellet estaba en Primera, era deporte profesional y nosotros cogíamos a la que gente que no tenía ese nivel. Al final, por el crecimiento de la cantera y por lo mal que hicieron las cosas otros, nos quedamos como referente. Estás hablando de Segunda B, que no es comprable a lo que se ha vivido en Segovia, pero esa responsabilidad no hemos sabido manejarla bien. Quizás teníamos que haber aprovechado ese tirón que tenía el fútbol sala cuando desapareció Segovia Futsal. Habernos hecho notar más. Son años difíciles, nos ha pillado la pandemia: a la gente le ha costado volver a los pabellones.

— ¿Ha pasado el tren de fútbol sala en Segovia?

— Me gustaría decir que no, pero la realidad es que ahora mismo otros deportes enganchan más. El fútbol está uno o dos escalones por encima. Hemos tenido afluencia en Copa del Rey, días muy concretos. Ha pasado un tren. Puede que vuelva otro, pero va a haber que trabajarlo muchísimo.

— Iba ser muy difícil recuperar al fútbol sala tras la desaparición del Segovia Futsal. ¿Sigue el proceso de luto?

— Sí. Despareció Caja Segovia, pero nació otro club dos meses después en Segunda División, con equipos que llaman la atención. Hicieron tres buenas campañas, con un entrenador de Segovia…. La gente todavía se quedó enganchada. Cuando vuelves a hacer las cosas mal, la gente se queda muy desengañada. Hubo mucha mentira, nunca se supo realmente la deuda y todavía hay gente que no ha cobrado. Y encima esa deuda es con gente de Segovia: con la empresa de autobuses o el restaurante. Ve a decirles que colaboren otra vez con el fútbol sala y te mandan a paseo. La temporada en la que nos quedamos como referentes estábamos en Tercera. Y justo cuando subes a 2ª B, no puedes meter gente en el pabellón. Éramos el equipo fantasma: no se sabía ni cuándo jugábamos ni en qué categoría estábamos. La gente se ha buscado otros hobbies. Estamos de luto, sí. Y vamos a estar todavía una temporada.

— ¿Puede Segosala aspirar a ocupar ese hueco?

— Debe ser realista. En Segovia va a ser difícil volver a ver un equipo, ya no te digo en Primera, sino a lo mejor en Segunda. Las exigencias son muy grandes y a nivel económico pasamos apuros para estar en Segunda B. En Segovia no hay industria y todos vamos a pedir dinero a los mismos sitios. Si el patrocinador más importante de un club es el Ayuntamiento es imposible crecer a gran escala.

— Con Segosala y Unami en la Segunda Femenina. ¿Por qué no es posible tener un solo equipo que juegue a Primera?

— Eso lo he vivido toda la vida, no solamente en el fútbol sala. Y ese ejemplo es clarísimo. Con Quintanar, Unami, Segoviana… Siempre había trabas, intentábamos ponernos zancadillas. Somos de crecer individualmente, cada uno dentro de su club, y no de mirar el crecimiento del deporte en la ciudad. Segovia es muy pequeña y, si cada uno remamos en una dirección diferente, será todo muy difícil.