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Rodrigo Pérez Arce se ve frenado por dos jugadores del Puente Genil en su intento de llegar a los seis metros de la portería cordobesa./ AMADOR MARUGÁN

Ni bola extra, ni cuentas, ni nada de nada. Pero de nada. El Viveros Herol Nava sigue empeñado en suicidarse pensando que con una buena primera vuelta le iba a ser suficiente, y en el encuentro aplazado de la vigésimo segunda jornada volvió a convertir a su oponente en un equipo mucho mejor de lo que en realidad es. Porque el Puente Genil que pisó Nava de la Asunción en la tarde del miércoles no es, sobre el papel, un equipo nueve goles mejor que el conjunto navero, pero sobre el papel no se ha ganado jamás un partido, o mejor dicho, se han ganado todos los que después en la cancha se han perdido.

Porque es sobre la cancha donde hay que plasmar la categoría de los jugadores, y salvando la honrosísima actuación de Patotski, el resto de la plantilla del Viveros Herol Nava no dio el nivel que se exige para un equipo de la Liga Asobal. Ni en la dirección del equipo, ni en defensa (de más a menos, y a casi nada) ni por supuesto en un ataque donde una simple defensa mixta en las primeras acciones del partido sobre Prokop y después sobre Horiha bastó para desactivar a ambos laterales, y por extensión a un equipo que durante demasiados minutos pareció no tener más recursos que pasarse en balón en doce metros, y cuando los árbitros levantaban el brazo intentar lanzar de cualquier manera. Y aunque Álvaro de Hita tenga ya 45 ‘palos’, sigue siendo un portero de primer nivel, más que suficiente para comerse con patatas a todos los ‘primera línea’ naveros, y a los extremos también.

Un inicio aceptable

Quizá, y solo quizá, de la actuación que perpetró el Balonmano Nava se puedan salvar los primeros diez minutos, cuando el equipo logró marcar cuatro goles, forzar tres lanzamientos de siete metros más una exclusión a Marcio, y defensivamente aparentar que el 6:0 funcionaba de manera decente.

Pero bastó con que Nicolo fallara el tercero de los lanzamientos de siete metros, y Paco Bustos sentara a Djukic y situara a Estepa en el lateral izquierdo para que la defensa navera se diluyera como azucarillo en café y del 4-2 se pasara al 4-6, al 5-7, al 6-9… y así comenzara la debacle.

Zupo cambió a la primera línea, pero la entrada en la cancha de Carlos Villagrán, Horiha y Moyano no aportó las soluciones que sí dio en el partido ante Torrelavega. El lateral ucraniano se lanzó hasta las zapatillas cuando debía y cuando no debía, errando lanzamiento tras lanzamiento. Y aun así, Patotski conseguía mantener un porcentaje de acierto cercano al cuarenta por ciento salvo cuando el que lanzaba era Chez Pomeranz, casi siempre más solo que la una probando suerte desde la zona central.

Un intermedio ‘reguleras’

La segunda exclusión de Marcio le dio a Nava la opción de empatar el partido a diez goles después de un tanto de Nicolo desde el área segoviana. Incluso con 11-12 Nava dispuso de veinte segundos para atacar tratando de empatar el partido, sabiendo que el primer ataque del segundo tiempo iba a ser suyo, pero jugadores veteranos como Carlos Villagrán o Rosales fueron incapaces de mirar el reloj para calcular el tiempo que quedaba. En resumen, un lanzamiento horrible, una contra del Puente Genil, y el 11-13 al descanso.

Pues, aunque no se lo crea el lector, hasta aquí llegan las buenas noticias. Porque lo que se jugó sobre la pista del Guerrer@s Naver@s tras el intermedio fue un esperpento por parte local. La roja por tres exclusiones a Marcio no sirvió para nada, porque el 6:0 pontano se hizo fuerte, impidiendo que los lanzadores locales siquiera pudieran acercarse a los nueve metros. Prokop iba de falta en ataque a lanzamiento fallado, Horiha seguía tirándose las zapatillas, Rodrigo Pérez Arce tenía las manos sudadas y tan solo Tsanaxidis (¡quién lo diría!) mostraba algo de picardía marcando dos goles tras saque de centro, señalando un camino, el de jugar rápido sabiendo que el repliegue del Puente Genil era muy lento. Pero nadie siguió ese camino, vaya usted a saber por qué.

Un final escandaloso

Así que durante un montón de tiempo el duelo discurrió en ataque local más o menos deslavazado, que acababa en parada de Álvaro de Hita, y ataque lento del Puente Genil que concluía en gol. Y vuelta a empezar hasta que el sonrojo encontró su máxima expresión en los últimos cinco minutos, en los que el Viveros Herol se encontró con un parcial de 0-5 cuando ya perdía por 20-24.

El castillo de naipes se ha caído, y toca reconstruir a toda prisa, porque no hay tiempo para demasiados lamentos. Desde Zupo al último jugador de la primera plantilla, o existe una conciencia clara de que el descenso es una realidad si se sigue por ese camino, o el Balonmano Nava bajará a Plata pensando que con lo que hizo en la primera vuelta era suficiente.