Ciclismo sincero

Gonzalo Serrano se hace con la victoria en la Vuelta a Segovia tras una épica tercera

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El ciclismo es un deporte tan sincero, que hasta los tramposos tienen que dar los mismos pedales que los demás, y pasar los mismos malos ratos que sus rivales, si quieren llegar los primeros. Por esa razón los aficionados siguen vibrando al paso de los corredores, porque entienden que su agónico esfuerzo es digno de una recompensa en forma de aplauso. Y porque, aunque los tramposos existen, y existirán siempre, el poso de nobleza que deja un chaval que al acabar la etapa se baja de la bicicleta y se queda sentado en el suelo intentando recuperar las fuerzas justas para conseguir articular palabra es de los que no se olvidan, sea el ganador de la carrera, o el gregario de turno al que su sordo trabajo apenas tiene eco más allá del agradecimiento de su equipo.

Ayer, en una calurosa mañana de San Pedro, quien se quedó sentado en la mediana que separa los carriles del paseo Ezequiel González al terminar la última etapa de la vuelta fue Gonzalo Serrano. A su alrededor, dejándole un metro de aire para que lograra respirar, se movía la lógica alegría de los compañeros de equipo que sabían que había ganado la vuelta a Segovia, pero él no logró articular una sonrisa hasta pasados varios minutos, cuando logró ponerse de pie y (ahora sí) recibir los abrazos de su gente.

Atrás habían quedado 124 kilómetros repletos de tensión defendiendo un liderato que por momentos vio perdido, cuando una escapada de siete corredores, entre los que se encontraban varios de los que se situaban a solo 25 segundos de distancia en la clasificación general, obligaba a sus compañeros de equipo a exprimirse para tratar de que las diferencias no terminaran siendo insalvables, como por momentos lo parecieron.

en jaque desde el principio Mientras que por delante los escapados luchaban cada uno por sus intereses, pero coincidiendo todos que había que colaborar para que todo se decidiera entre ellos tras la última subida a Los Hoyos, por detrás el Cartuchos-es.Magro trabajaba en solitario, porque todos los rivales de Serrano querían que el desgaste terminara pasando factura al final. El Gomur, con tres ciclistas muy cerca de la primera plaza, no movía ficha, y las distancias llegaron a moverse en torno a los dos minutos cuando los corredores ya enfilaban el Circuito de La Piedad.

Fue entonces cuando comenzaron los primeros movimientos estratégicos, como el que hizo Aser Estévez, saltando en el kilómetro 93, y encontrando a los fugados cinco más tarde. El ciclista del Rías Baixas pasaba entonces a ser el líder virtual de la carrera, y el principal oponente de un Gonzalo Serrano que se veía ya sin compañeros, y con bastante más de medio minuto perdido con respecto a los escapados, que se fueron disgregando en la penúltima subida a Los Hoyos, con Estévez, Noel Martín (que será olímpico en Río) y Mauricio Moreira, ganador de la primera etapa, en la fuga.

En primera persona Fue entonces, al inicio de la última vuelta, cuando el líder de la ronda, vio claro que era su turno. Ninguno de los candidatos a arrebatarle el liderato iba a echarle una mano, así que decidió ayudarse a sí mismo, y sin mirar atrás puso un ritmo elevado que puso en fila de uno al grupo hasta el Alto de La Piedad. Descendiendo por Tejadilla, Serrano se encontró con ayuda ‘extra’, la que le brindaron algunos amigos del pelotón (porque ya se sabe que hay que tener amigos hasta en el infierno) que en el llano le dieron los relevos suficientes como para que la pelea con los escapados fuera de igual a igual.

Así se llegó a la última subida a la Cuesta de Los Hoyos, al pavés en el que los que tienen más fuerzas tiran hacia delante, mientras que el resto sufre de lo lindo. Ahí fue donde Serrano puso lo último que le quedaba, mientras que por delante Aser Estévez también lo hacía, hasta quedarse sin fuerzas para responder al ataque de Noel Gómez, que entró el primero en la meta por delante de Moreira y el propio Estévez. El cronómetro comenzaba a hacer su tarea, pero a los 17 segundos se detuvo para rendir pleitesía a un grupo de ciclistas entre los que se encontraba Gonzalo Serrano que llegaba a la meta sin fuerzas siquiera para levantar los brazos, pero sabiendo que, por ocho benditos segundos, había conseguido imponerse en la vuelta a Segovia.

De esta manera finalizó una quincuagésima edición de la ronda segoviana que fue espectacular en sus tres jornadas. La primera con las tácticas de unos y otros tratando de reservar las fuerzas para una segunda etapa en la que se peleó de firme, y una tercera en la que el líder aguantó todos los ataques. Fue ciclismo del sincero, de ese que no entiende de nada más que de dar pedales. Del que sigue consiguiendo, pese a los tramposos, que los aficionados nunca dejen de vibrar con él.