Viejos y usados, pero históricos

El librero César Gutiérrez conserva valiosos ejemplares de la talla de la segunda edición de ‘La historia de Segovia’, de Colmenares, o la primera edición de la Constitución de 1812

Cesar Gutierrez Entrevista Libro Colmenares KAM7432
El libro más antiguo que guarda ‘El Torreón de Rueda’ en una de sus estanterías data de 1504. / KAMARERO

Está jubilado, la librería la lleva su hijo Fernando. Pero cada día, sobre las 11:30 horas, visita el lugar que hace años que se convirtió en la base de su felicidad. Desde su mesa, situada al fondo del ‘Torreón de Rueda’, actúa como “asesor cultural”. Cuando llega a sus manos un ejemplar que le “gusta”, César Gutiérrez (74 años) se ocupa de catalogarlo. Por la tarde, a partir de las 18:00 horas, repite el procedimiento: disfruta entre libros. Como suele decir, “estoy rodeado de miles de personas, todas me enseñan y ninguna me regaña”.

Las estanterías de su librería anticuaria permiten conocer la historia, sobre todo, segoviana: estas acunan ejemplares del 1500 o 1600, que tienen gran valor –el más antiguo data de 1504. El precio de los libros que Gutiérrez conserva puede ir desde uno hasta 7.000 euros, porque son “muy raros o antiguos y apenas hay en el mercado”. En cambio, tiene libros incunables de 1480 o 1490 de derecho o religión, que “no valen tanto, quizá 1.000 o 2.000 euros”. Por ello, lo que marca su precio no es su antigüedad, sino el tema que tratan y cómo están conservados.

A pesar de esos elevados precios, encuentra vendedores. Ahora hay “una ventaja”: Internet. La librería forma parte de la página web más grande de libros antiguos a la que pertenecen 100.000 libreros de todo el mundo y cuenta con más de 100 millones de ejemplares. Así logra acceder a clientes de cualquier parte del mundo.

Además, “los libros raros” los vende a la Biblioteca Nacional de España o a la de Castilla y León, a clientes particulares, e incluso a universidades americanas, algo que le “molesta porque ya no vuelven a España”. De hecho, tampoco le “gusta” que los compren las bibliotecas porque “no regresan al mercado, por lo que el conocimiento se estanca y no vuelve a estar en circulación” por distintas partes de la geografía.

Un pasado hostelero

Nacido y criado en Segovia, tras terminar tercero, “antes de hacer cuarto y reválida”, Gutiérrez siguió los pasos de su familia para adentrarse en el mercado laboral. Su padre y sus hermanos eran hosteleros y contaban con tres locales: el bar ‘Bahía’, la discoteca ‘Las Vegas’ y un mesón. Pasó a formar parte del bar que tenían y que abrieron en 1957 –en él estuvo hasta 1971. Así, pertenecía a un sector clave en una provincia como Segovia, en el que cree que hay algo que ha cambiado: “En aquella época había menos hostelería y más profesionales, algo de lo que ahora adolece”. Este trabajo no era sencillo, “eran muchas horas, pero había nacido en ello y estaba acostumbrado”.

El segoviano abrió el bar-restaurante ‘César’, situado en las proximidades del Acueducto. Cuando en 1974 cortaron el tráfico en la zona, su negocio empezó a ir “mal”. “Se notó muchísimo porque trabajaba con segovianos y sobre todo con turistas y la gente ya no entraba por ahí”, lamenta. Después de 18 años, tuvo que echar el cierre. Fue entonces cuando se planteó montar el restaurante en otro sitio, o dedicarse a los libros, la que era su gran pasión, puesto que coleccionaba ejemplares viejos y antiguos de cocina –llegó a tener 2.000-, de la historia de Segovia, poesía y masonería. “Dije bueno, vamos a probar con los libros”, y así lo hizo.

Cuando tenía el restaurante, hizo amistades que le introdujeron en el mundo del libro. Se dedicaba a comprar ejemplares por la provincia de Segovia a particulares y traperos: tenía un fondo de unos 5.000 libros.

En 1991, montó la librería ‘Torreón de Rueda’ en la calle Escuderos, en una casa llamada ‘La casa de rueda’, que tiene un torreón, con un patio “muy bonito” del siglo XV, de ahí el nombre que escogió. Pese a que su idea era “tener tiempo y una jubilación tranquila, aunque ganara menos dinero que en la hostelería”, al principio no le resultó sencillo al no tener experiencia en el sector. “Llevo 30 años y todavía no he aprendido”, bromea. Tuvo que empezar a “moverse”, a hablar con libreros, a ver libros y, poco a poco, logró hacerse con ello.

No titubea en la respuesta cuando le preguntan cuál es la clave para mantener una librería anticuaria: “Que te gusten los libros”, afirma con contundencia. Considera que no se han de ver como un objeto de venta. Es un ávido lector, ha perdido la cuenta de las obras que ha leído a lo largo de su vida, excepto novelas –no le “gustan”-.

Preciados tesoros

Tiene libros de hace 10 o 15 años a los que “no les presta mucha atención”. No ocurre lo mismo con aquellos de más de 100 años, con los que “disfruta”. Este es el caso de la segunda edición, de 1640, de la ‘Historia de la insigne Ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla’, escrita por el historiador Diego de Colmenares. Igual sucede con la primera edición de la Constitución de Cádiz de 1812, “que es bastante rara y está muy alta de precio, en el mercado ronda los 2.000 o 3.000 euros”. La compró hace aproximadamente un mes a una biblioteca de la provincia.

El conservar estos libros históricos tan valiosos tiene también una parte menos positiva que ha ido aprendiendo con el tiempo y que cree que le ocurre a “todos los libreros”; “Les pones unos precios desorbitados y luego te das cuenta de que es muy sentimental para ti, no su valor real”. Todos los cuida con esmero y, si el libro “merece la pena”, lo restaura su hijo, salvo los que son “importantes”, que los mandan a un profesional.

Hace años, sí que le tenía especial cariño a ciertos libros. Ahora, una vez que los cataloga y los pone en la estantería, los “olvida” ya que, de lo contrario se “encariñaría” de obras que no querría vender. Solo conserva en casa libros galantes o de erótica antiguos, de antes de 1800 o 1700, de temática étnica porque hace colección de máscaras de todo el mundo, y aquellos dedicados por autores.

Guía machadiano

“Suelo contar la historia de Machado en Segovia, si alguien no sabe nada empiezo desde que nació”. Siempre comentaba lo mismo antes de comenzar una visita por la Casa Museo de Antonio Machado. Tras pasar cuatro años como librero en Pedraza, regresó a Segovia. A cambio de dejarle el local de abajo para montar la librería, se dedicaría a llevar y enseñar el museo como guía.

Aunque tuvo que estudiar a fondo la vida de Machado, esto no le resultó demasiado tedioso porque había leído buen parte de su obra. Esta época de su vida “estuvo muy bien”. Durante las explicaciones y el recorrido por la vivienda, procuraba hacer “algún chascarrillo o broma para romper la tensión con la gente”.

En la Casa Museo de Antonio Machado, Gutiérrez alcanzó su jubilación. Desde entonces, puede dedicarse en cuerpo y alma a ‘El Torreón de Rueda’. Le satisface que gente de distinta edad visite su librería. Pero si hay algo que le hace especial ilusión es ver a los más pequeños atravesar su puerta. De esta forma, espera que pierdan “el miedo” a sostener en sus manos los libros que han construido la historia.