Víctimas y una afición de moda

Un tribunal popular juzga a varios jóvenes acusados de allanamiento de morada para los que se solicitan hasta quince meses de cárcel y que ellos definen como un ‘hobby’ de entretenimiento

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Momento del juicio que tuvo lugar ayer en la sala de vistas de la Audiencia Provincial.

Dos jóvenes se enfrentan a una pena de quince meses de prisión y una multa de 2.000 euros por un supuesto delito de allanamiento de morada del que les acusa la Fiscalía Provincial, al haber entrado en una vivienda privada, tomado imágenes y difundirlas en un canal de internet público.

A través de un juicio con tribunal popular que comenzó ayer, los doce ciudadanos segovianos seleccionados, y el tribunal profesional, deberán dirimir si los jóvenes son culpables o inocentes.

De acuerdo con la versión de los hechos relatados por la Fiscalía, los jóvenes entraron en la vivienda el día 28 de enero de 2018 a las 4:00 de la madrugada por una ventana que se encontraba rota. Permanecieron en el interior grabando un vídeo de la vivienda y sus estancias, hasta la llegada de unos familiares del propietario, quienes les informaron que la vivienda era una propiedad privada y no podían estar allí. Entonces abandonaron pacíficamente el lugar a la vez que se avisó a la Guardia Civil, que abrió diligencias de lo ocurrido.

El propietario efectuó una reclamación por los perjuicios sufridos, y ya ha vendido el inmueble, que pertenecía a su familia.

En la vista oral, las defensas de los acusados, dos hombres y una mujer que también fue sorprendida en el interior del inmueble, en la localidad de Navas de Riofrío, pidieron la libre absolución para los tres.

Los acusados reconocieron los hechos, pero aseguraron a la magistrada y al fiscal que ellos no son conscientes de haber realizado ningún acto delictivo. Se confesaron seguidores de una actividad de moda denominada ‘urbex’, contracción de ‘exploraciones urbanas’, una afición que practican aquellas personas a las que les gusta visitar y explorar lugares olvidados, remotos o abandonados. A quienes llevan a cabo esta actividad les atrae su decadencia, su posible historia y la adrenalina que se siente al explorarlos. Algunos tienen muchos seguidores y suelen buscar reconocimiento social con ‘likes’ en sus canales.

Uno de los acusados, S., aseguró que la exploración urbana tiene un código ético que se rige por cuatro reglas, entre las que se encuentra el no robar, no forzar nada ni compartir las direcciones de los lugares explorados. “No sacaba dinero con estos vídeos, sólo buscaba disfrutar y hacer disfrutar a la gente”, manifestó.

Su compañero, A. mantuvo la misma teoría, que reconoció que subir a Youtube esos vídeos “es la afición que teníamos”, a la vez que detalló el protocolo que aplican cuando acceden a los edificios abandonados.

La también investigada, L., fue más allá y afirmó que le gustaba la “atmósfera de terror” que se vive en esos lugares, donde acudió con su pareja. Pero “si hay gente, no se me ocurre entrar en un lugar así”, apostilló. Y se sorprendió cuando la Guardia Civil la llamó para ser interrogada y luego detenida.

En la vista oral también participó el dueño del inmueble en el momento de producirse los hechos. Aseguró que la vivienda pertenecía a su abuelo y se puso a la venta, período en que él se encargaba de mostrar a posibles interesados; y comprobó que a veces entraba gente a curiosear.