Óscar de la Fuente.
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Hablar de ciertas cosas es siempre difícil pero, nos guste o no, están ahí. A nadie se le escapa que el momento que estamos viviendo es, simplemente terrible. Todos hemos vivido de cerca las consecuencias del Covid-19. Unos han perdido a un familiar, otros a un amigo, un compañero, un conocido… Segovia ha sido azotada de manera muy dura.

Sabemos el grado de estrés por el que están pasando quienes integran el sector sanitario, nunca agradeceremos bastante el inmenso esfuerzo que están realizando hoy, como siempre. El mundo del transporte, de las Fuerzas de Seguridad, el Ejército, y quienes nos han atendido en supermercados y mercados… Pero, hay otro sector en esta tragedia del que se conocen menos datos, menos detalles, las funerarias.

Esa parte más negra de la tragedia, también ha pasado por sus malos momentos y tiene sus cifras. De qué ocurrió desde que las estadísticas dijeron que algo empezaba y de cómo se ve el futuro, nos habla Óscar de la Fuente, director de la Agencia Funeraria Santa Teresa.

¿Hábleme de la Agencia Funeraria Santa Teresa? ¿Cuántos años lleva funcionando?

— Llevamos toda la vida con diferentes nombres, en los años 60 la creó mi abuelo, aunque luego, cuando la cogió mi padre, Elías de la Fuente, la reconvirtió completamente en el año 1981-82.

— ¿En este tiempo la empresa habrá pasado por todo tipo de casos?
— Llevamos trabajando toda la vida. Ha pasado por nuestras manos toda Segovia. En casi 70 años, alguien ha fallecido en la familia. Ha pasado por nosotros casi todo el mundo.

— A tu padre ¿Lo has oído hablar de algún momento un poco más especial?
— Los Ángeles de San Rafael, nada más. Ese es el caso que fue una “hecatombe”, donde 58 personas perdieron la vida y 160 resultaron heridas tras el hundimiento de un comedor repleto de público.

— Imagino que para una funeraria pequeña, porque entonces tendría un tamaño muy inferior al que tiene ahora…
— Claro, y antes llevábamos las ambulancias, con lo cual, hacíamos traslados de heridos y fallecidos. ¡Aquello fue tremendo! Pero duró cuatro o cinco días. El momento de la tarde que se derrumbó, la recogida de cadáveres, el traslado de heridos, el entierro, unos días, pero no lo que estamos viviendo ahora…

— Háblenos de la situación actual.
— Incluso, mi padre, que ahora está retirado, me llama muchas mañanas y cuando le digo lo que hay, no sé si se sorprende porque no veo su cara, pero me dice que eso es ilógico, que nunca, nunca, nunca, pensaba él que pudiera ocurrir algo así.

— ¿Cuántas personas fallecen de media en Segovia?
— En situación normal, nosotros contamos con una media de 3, 4, 5 fallecidos al día en toda la provincia. Y, estamos diciendo que, en este caso, entre el 20 de marzo y el día 6 de abril… ahora ha bajado un poco el número pero todavía estamos con 16-19, hemos realizado una media de 35-40 “servicios” al día. El día máximo, fue el día 29 que tuvimos 58 fallecidos en la provincia.

— ¿Eso cómo se aborda?
— En primer lugar porque, suspendimos los velatorios el día 13 de marzo, como ya se comunicó oportunamente y fue publicado. Cuatro días después, se solicitó a la Junta de Castilla y León, a través de delegado Territorial y el jefe de la Ordenación Sanitaria, para que le fuera comunicado a la Consejera, que se suspendiera el Decreto de Policía Sanitaria Mortuoria que dice que hay que enterrar después de las 24 horas del fallecimiento, para que nos diesen la opción de poder enterrar antes, a las pocas horas. La Junta aceptó y, dada la situación, en algunos casos la gente era enterrada o incinerada, el mismo día que fallecía.

Otra cosa que hemos hecho es, aparte de mis empleados, que se han portado genial y están trabajando 24 horas como máquinas y ninguno se ha apartado de echar horas y de ayudar, cada vez que había algún fallecido, íbamos rápido. Y no hemos aceptado, y ha estado mal visto por mis colegas de Madrid pero creo que ha sido una decisión muy buena, no hemos aceptado traer cadáveres de Madrid para ser incinerados en Segovia.

Preferimos hacer los servicios de la provincia de Segovia antes que ganar dinero con los de Madrid. Si no lo hubiéramos hecho así, hubiéramos colapsado Segovia y estaríamos como en Madrid que, según me han contado, ha llegado a estar un cadáver durante 13 días en un domicilio. Llamaban a las funerarias pero… Nosotros nos adelantamos y eso ha dado sus frutos, íbamos más rápido y no colapsamos Segovia.

Hemos reforzado el personal, hemos organizado los turnos para que no coincidan, para que no haya ningún contagio, hemos montado un sistema muy efectivo para que todo funcionase.

— ¿Esto se vio venir? ¿Cuándo se vio que las cifras aumentaban?
— Sí se vio venir porque, según las estadísticas que nos pasó la Junta de Castilla y León, tuvimos de 2 a 7 fallecidos hasta el día 9, a partir del día 10 se vio un pequeño repunte de 10-12 cadáveres diarios y, el viernes día 13, decidimos suspender los velatorios al conocerse que los mayores focos de contagio eran los tanatorios y los entierros, como le pasó a una familia en Miranda de Ebro, entonces suspendimos los velatorios aquí para evitar un mal mayor.

Hablé con el delegado territorial, José Mazarías, se lo expuse, le pareció bien la idea, anteponer la salud de los segovianos y de los empleados, antes que la facturación por sala.

Acto seguido lo comuniqué al presidente de la Diputación, a la alcaldesa de Segovia y a la subdelegada del Gobierno. Después, lo comunicamos a los alcaldes de la provincia, para que tuviesen conocimiento y no se asustasen, a través de un escrito que también se publicó, en el que se explicaba el por qué.

Con eso, pusimos nuestro granito de arena para evitar, un poco, el contagio porque si no, hubiera sido una hecatombe. Si aguantamos una semana con los velatorios, las quinientas personas que suelen pasar por ellos al día, todos dándose besos y abrazos, podía haber sido… tres veces lo que estamos viviendo ahora.

Y vuelvo a las mismas, todo ha ido en contra de mi negocio porque, si no hay velatorios, entierras a las cinco horas del fallecimiento, no hay corona, no hay esquelas, no pones nada. Eso me perjudica pero, creo que lo importante en este momento, es anteponer la salud de todo el mundo y el evitar colapsar.

— Imagino que en estos días habréis vivido situaciones de todo tipo…
— Hemos vivido de todo, Segovia es una ciudad muy pequeña y nos conocemos todos, con lo cual el aluvión de llamadas que he recibido, ha sido inmenso.

Por lo general, la gente lo ha entendido muy bien. Estamos hablando de que, entre el 13 de marzo y el 13 de abril, hemos hecho 800 servicios (no hay error), cosa impensable, creo que solo hemos tenido una reclamación porque siempre hay alguien que da la nota pero no ha habido quejas, la gente ha entendido todo muy bien, mucho mejor de lo que esperábamos, en esos momentos tan difíciles, cualquiera puede ponerse nervioso.

Entre las anécdotas que hemos tenido, una fue con un cadáver de vino desde Madrid a Navas de San Antonio, al llegar al cementerio, la etiqueta no correspondía con el nombre del fallecido. La familia solicitó que se personara la Guardia Civil para abrir el féretro y hacer un reconocimiento. El caso no era nuestro, venía de Madrid, nosotros no teníamos ninguna incidencia. Se retrasó una hora y media el entierro pero ese era el caos había en Madrid.

En Segovia, cada vez que retiramos un cadáver, lo metemos en el féretro y precintamos la caja con dos etiquetas trasversales para unir el féretro con la tapa y que se vea, primero, que no se ha manipulado y, segundo, la identificación del cadáver en el momento. En Madrid, creo que hay cadáveres perdidos, confundidos… Creo que aquí lo hemos hecho bastante bien.

— ¿Donde ha conservado los cadáveres la funeraria?
— La Agencia Funeraria tiene 27 tanatorios y velatorios en la provincia de Segovia y, en cada velatorio, un mínimo de dos salas, quitando el de Segovia que tiene diez y Cuéllar que hay cuatro, lo que significa que disponemos de hasta 70 -80 salas. Allí lo hemos hecho, con un volumen de conservación que podría haber llegado a los 150 cadáveres.

Aunque, con la medida que tomamos con la Junta de Castilla y León, de enterrar antes de las 24 horas, tampoco nos ha hecho falta. Salvo alguna excepción, ahora mismo la ocupación puede ser de 20-25 fallecidos en el tanatorio y hacemos una rotación muy rápida.

— Cuando las cosas se ponen así ¿Cómo se consiguen tantos ataúdes?
— Por la Ley de Policía Sanitaria Mortuoria, debemos tener un “stocage” de un mínimo del cincuenta por ciento de la media que se haga en un año pero, al ver cómo podía evolucionar y, al ser un material no perecedero, nos adelantamos, hablamos con las fábricas, negociamos la compra de féretros a largo plazo y, nos estaban sirviendo cada semana 150-200 féretros. Además, también nos adelantamos en el tema de los sudarios y los sacos “limbo”, que nos obliga a poner la Junta de Castilla y León y el Estado, para hacer un cerramiento perfecto y, en vez de tener un stocage de 150, lo tenemos de 600.

De la misma manera nos hicimos con monos, calzas, guantes, máscaras, botas y aparatos de ozono para desinfectar vehículos y salas donde firman las familias, despachos…

— En otras palabras, estaba todo previsto. Ahora, parece que comienza a verse la luz ¿o todavía queda?
— Vemos la luz pero, no nos fiamos. Seguimos diciendo que Segovia es pequeño y, cada día nos informan de gente que está muy mal, con lo cual, vemos que esto puede tener un repunte en cualquier momento. Que hemos bajado la media… ahora estamos en 16-19 fallecidos… no hemos bajado mucho, solo hemos bajado si lo comparamos con la “brutalidad” de hace unos días. Seguimos al 250 o al 300%.

— En las residencias ha tenido que ser muy triste…
— Ha habido residencias que las ha azotado mucho. En algunas hemos tenido que ir varias veces al día a recoger a los fallecidos.

El foco principal estaba en el Hospital General de Segovia pero, cuidado con las residencias, en algunas ha hecho estragos. Pero además, estamos notando ahora que el virus está empezando a “tocar” otras residencias donde antes no había nada. Por eso digo que nos da un poco de pánico, sabemos que pueden ser de cinco a diez días y, empezar otra vez otro repunte al alza.

— Crees que después de esto, cuando todo termine ¿habrá cosas que deban cambiar?
— Cuando algo termina, siempre hay cosas que se aprenden, cosas que hay que cambiar, cosas que hay que valorar y cosas que deben permanecer porque han funcionado bien. Creo que va a haber cambios. No en el tema funerario, porque la gente seguirá queriendo hacer las despedidas como antiguamente, pero sí en la ejecución, en la transmisión…

Por ejemplo, con el Ministerio de Justicia estamos encantados porque solicitamos al Registro Civil de Segovia que tramitase las licencias que pudieran ser de juzgados pequeños, como los de los pueblos, en los que no esté o no tenga secretario o Juez de Paz, y que tal situación entorpeciera el enterramiento. El juzgado nº3, que lleva el Registro Civil, se ha portado genial porque nos ha facilitado, en todo momento, las licencias necesarias para poder cumplir con todo lo que habíamos hecho. Si no, hubiera sido igualmente un colapso.

Creo que después de esto, la Administración de Justicia, verá que ha salido todo tan bien que hará algo para que siga todo así.

También tengo que agradecer a la alcaldesa, Clara Luquero, a quien le pedí que se olvidara del horario de enterramientos en vigor, de 10 de la mañana a una de la tarde ya que, mientras viviéramos esta situación tendría que ser “de sol a sol”, porque tendríamos que poner todos de nuestra parte. “Si necesito enterrar a alguien a las 6 de la tarde, tienes que tener gente” y ella me dijo que si yo creía que debía ser así, daría orden a la jefa de Servicios Sociales para que se organizaran. Creo que nos hemos adelantado a todo el mundo.

— Segovia ha sido una de las provincias más azotadas por el virus…
— Claro, por su cercanía a Madrid. Pero, si nos hemos adelantado ha sido porque nos hemos sentado mis encargados y yo y nos hemos planteado la situación poniéndonos en lo peor. Por ejemplo, nos encontramos con el problema de los enterradores. En los pueblos, los enterradores son los albañiles del pueblo, unos amigos… y, a la hora de la verdad, en algunos lugares nos encontrábamos sin enterradores.

En nuestra plantilla tenemos diez enterradores y cuatro albañiles de la provincia, que son de confianza y nos hemos organizado.

Cuando había que enterrar a alguien en algún pueblo, nos encargábamos de enviar a dos enterradores nuestros para prepararlo todo. En definitiva, hablamos todos y pensamos en lo que hacía falta para que el problema fuera lo más llevadero posible. Para la incineración tenemos que tener gasoil, personal de incineración 16 horas, gente de recepción para firmar papeles, protocolos de seguridad, EPIS, desinfectantes, vehículos, mecánicos, furgones… una organización que no siempre se valora, solo se piensa en que los servicios funerarios son caros, pero, el 21% es del Estado, no es mío y, tengo una plantilla de 90 personas para que, cuando fallece alguien, esté todo resuelto.