La familia de Cristina Gala recuerda a la joven asesinada todos los años con una concentración. / NEREA LLORENTE

Hay quien dice que el tiempo cura las heridas del alma, pero cuando son profundas , el paso de los años no es suficiente para que cicatricen y sanen. Veinte años han pasado ya desde que el 22 de diciembre de 2000, cuando toda Segovia celebraba con cava la llegada del ‘gordo’ de la lotería de Navidad, Cristina Gala Enjuto, una joven universitaria de 21 años perdiera la vida asesinada por Erasmo San Pablo, un compañero de clase que en un brutal e incomprensible brote de ira le asestó cerca de 40 puñaladas tras una discusión motivada por un trabajo que tenían que realizar conjuntamente para clase.

La fecha del veinte aniversario de este asesinato coincide en el tiempo con la puesta en libertad del homicida, que el pasado miércoles 16 de diciembre, conforme al auto dictado por la Audiencia Provincial de Segovia, recibió el licenciamiento definitivo de la pena de prisión impuesta por la sentencia , que cumplía en el Centro Penitenciario de Alicante, aunque la resolución judicial incluye la prohibición al condenado de regresar a Segovia en un plazo de cinco años para la familia de Cristina Gala, el aniversario de su muerte este año añade más dolor con la noticia de la puesta en libertad de su asesino, que provoca una sensación de “rabia, indignación, angustia y miedo” en sus más allegados.

Raúl Gala, hermano de la víctima y promotor de la asociación ‘Segovia contra la violencia’ creada en recuerdo de su hermana y en defensa del endurecimiento de las penas por delitos de sangre aseguró que en la familia “sentimos miedo no hacia nosotros, sino hacia la población por que quede en libertad una persona que ha matado y que en ningún momento ha mostrado su arrepentimiento por esta acción, y que es posible que pueda volver a hacerlo”.

“Sentimos inseguridad e indefensión, porque parece que matar sale gratis –asegura Gala-. Lo cierto es que este tío está en la calle y puede rehacer su vida, mientras que mi hermana está bajo tierra”.

El hermano de Cristina Gala explica que el paso de Erasmo por la cárcel ha sido “bastante confllictivo”, donde ha protagonizado varios incidentes a lo largo de su periodo en prisión que no le han permitido disfrutar de beneficios penitenciarios, vinculados a su participación en grupos antisistema. Pese a que ha cumplido íntegramente su condena, Raúl Gala considera que los delitos de sangre “deben tener otro tratamiento en el Código Penal”, y señaló que la prisión permanente revisable “no es una solución, porque un asesino puede salir a la cárcel en 20 ó 30 años, y en algunos casos con toda la vida por delante, y lo más lógico es que estos delitos tuvieran cadena perpetua”.

Este año, la crisis sanitaria no hará posible la concentración que, como en años anteriores, recuerda la figura de Crstina Gala, pero si que se celebrará una misa en su recuerdo en la iglesia de El Salvador el día 22 a las siete de la tarde, donde la familia volverá a recordar con emoción a “una buena hija, alegre y divertida”, como fue definida por su hermano.

Historia

Dos décadas han pasado desde aquel trágico día, y el relato de los hechos aún estremece el recuerdo de quienes vivieron aquellos días. El camino que une el paseo de Santo Domingo con la plaza de Colmenares, muy utilizado por las alumnos de la entonces Universidad SEK y hoy IE University fue el lugar elegido para el crimen por San Pablo, que compartía estudios de Historia del Arte en el campus de Santa Cruz la Real.

Ambos tenían que completar un trabajo conjunto sobre cultura islámica y al salir de clase, Erasmo le reprochó a Cristina que no hubiera completado a tiempo su parte. Ella se excusó argumentando que su ordenador estaba estropeado y su padre estaba enfermo, pero la discusión fue subiendo de tono hasta que en un arranque de ira, Erasmo decidió agredir con un cuchillo a su compañera asestándole 40 puñaladas.

Minutos después, varios compañeros hallaron el cuerpo sin vida de la joven, y a partir de ahí, la policía comenzó una incesante investigación que, tan solo unas pocas horas después concluyó con la detención del homicida, que decidió entregarse a la policía y colaborar con las autoridades realizando un relato “exhaustivo” de su brutal acción en su primera declaración, según comentaron los policías que llevaron la investigación en la vista oral que en mayo de 2002 dirimió la causa, y que fue la primera celebrada en Segovia con jurado popular.

Entre la razón y la locura

El juicio puso de manifiesto la delgada línea entre la razón y la locura en la que discurrieron tanto la fiscalía como la acusación particular y la defensa del acusado. Así, la defensa argumentó que el crimen fue cometido en un “estado crepuscular de consciencia” fruto de una situación de estrés generada por su obsesiva preocupación por el éxito en sus estudios, mientras que la fiscal y la acusación particular aseguraba que las pruebas periciales del estado de salud mental del acusado evidencian que su voluntad era “la de acabar con la vida de su víctima, y en todo momento supo que estaba matando”. En las conclusiones definitivas, la defensa modificó su petición de absolución por una pena de tres años de prisión, ya que el letrado de la defensa Manuel González Herrero manifestó que la sociedad “exige respuestas punitivas para estas acciones”, pero el jurado popular emitió un veredicto de culpabilidad que fue refrendado por la sentencia definitiva que condenó a San Pablo a veinte años de prisión por un delito de asesinato con alevosía y ensañamiento, con la atenuante de confesión, así como indemnizar a la familia con cerca de 112.000 euros.