Grupo participante en la ruta. / G. Herrero
Grupo participante en la ruta. / G. Herrero

Con la boca abierta se quedó la mayoría de los participantes en la ruta de ayer de ‘Domingos de Patrimonio’, denominada ‘Las sorprendentes aves de la ciudad de Segovia’. Dirigida por Gloria Molina y Francisco Javier Sáez Frayssinet, los asistentes fueron de sorpresa en sorpresa, descubriendo que “el otro patrimonio de Segovia” (el natural) no es menos importante que el artístico.

En el Azoguejo, los guías hablaron, sobre todo, de vencejos. Era el mejor día para hacerlo, pues justo ayer se percibió un claro incremento de ejemplares en el entorno del monumento romano. Este año han llegado con retraso a Segovia, y en menor número de ejercicios precedentes. Pero ya están aquí. “En el Acueducto —resumió Sáez Frayssinet— se reproducen cientos de parejas de vencejos”.

La ruta pasó por la iglesia de San Clemente, cuya restauración criticaron los guías por no dejar huecos para las aves, e hizo escala pocos minutos después en San Millán, donde el grupo se llevó un bonito regalo, el de contemplar a un adulto de chova piquirroja alimentando a sus polluelos. De allí, al barrio de San Millán, donde se constató el éxito de las actuaciones llevadas a cabo en la muralla y el muro bajo del Paseo del Salón, lo que ha permitido el anidamiento de numerosas especies.

Antes de llegar al Salón, unos minutos de descanso para ver el cedro plantado por Castellarnau, comedero habitual del aguililla calzada. La siguiente parada, en San Martín; allí se habló de un hecho inexplicable, el de los nidos de avión roquero, una especie que se alimenta de insectos. “¿De qué comen en invierno?”, dejó en el aire Sáez Frayssinet. La pregunta, lógicamente, quedó sin responder. Misterios de Segovia.

Otro nido de la misma especie se pudo ver en la iglesia de la Trinidad. Y allí estaban los pollos, recibiendo alimento de los adultos.

Para acabar, la Plaza Mayor, con la enhiesta torre de la Catedral, desde donde habitualmente caza la única pareja de halcón de Segovia. Allí, en la Catedral, se juntan a primera hora de la mañana las chovas piquirrojas. Hasta un par de centenares se han podido contar. En bando van en busca de comida, por el entorno de Segovia. Regresan luego a la Catedral, y desde allí cada una va a su nido.

Lo dicho, una ruta para ir de sorpresa y sorpresa. Y el público, feliz por aprender tantas cosas.