Palacio Quintanar Expo Teodosio Magnoni KAM7132
En su obra, Magnoni trata de buscar la realidad del espacio. / KAMARERO

Es reconocido internacionalmente por su planteamiento de cómo una obra hace emerger el espacio que habita. Esta, y otras cuestiones, hacen de Teodosio Magnoni (Italia, 1934-2021) una de las principales figuras de la escultura italiana de la segunda mitad del siglo XX. Ahora el Palacio Quintanar convierte a Segovia en la primera provincia española que acoge una de sus exposiciones, en este caso ‘Habitus-habitare’, una amplia retrospectiva de la obra del artista que fue inaugurada ayer y que se podrá visitar hasta el próximo 27 de marzo.

Con una media cercana a las 18 exposiciones anuales, el Palacio Quintanar reflexiona con ‘Habitus-habitare’ sobre aspectos espaciales. En su obra, Magnoni trata de buscar la realidad del espacio, para lo que utiliza distintas herramientas.

La muestra, concebida por el propio artista antes de su fallecimiento el pasado mes de septiembre, se compone de 57 piezas que “habitan” la fisonomía renacentista del Palacio con el rigor y la esencialidad de unas obras que enseñan a trabajar con el espacio desde el interior de estas, de manera que propicia la reflexión sobre lo que significa habitar un lugar. Buena parte de la obra gira en torno a la idea de que esta genera su propio espacio, que adquiere dimensiones humanas, y dialoga con el lugar en el que se encuentra (el Palacio Quintanar).

Así, en la planta baja del Palacio, incluidos el patio y el jardín, se distribuyen una serie de ambientes que permiten contemplar su evolución personal, comprendida en el concepto de “habitar” y de “espacio” que desarrolló el artista y que dan nombre a su exposición, de manera que estas nociones juegan un papel clave en su obra. ‘Habitus-habitare’ implica una idea de coparticipación del espacio en un sentido social, no solo como un espacio físico, “sino de costumbres que pertenecen a la comunidad”, argumentó la directora del Instituto Italiano de Cultura, Marialuisa Pappalardo.

En la inauguración participó el director general de Políticas Culturales, José Ramón González, quien defendió el “orgullo” que supone que Segovia albergue la que se puede considerar “una de las grandes exposiciones que se van a mostrar en Castilla y León a lo largo de este año”.

La escultura como lugar

Aunque Teodosio Magnoni se interesó primero por la pintura, a lo largo del tiempo fue desarrollando su pasión por la arquitectura, una transición que se refleja en algunas de las piezas de la exposición. Tras haber vivido en España, Suiza, Holanda y Suecia, regresó a Italia, donde materializó su evolución hacia la escultura. De hecho, la primera pieza de la muestra, ‘M-Misterio’ (1062), es clave, ya que plasma el paso de la pintura a obras con volumen, construyendo una profundidad en lo que inicialmente parece la superficie del cuadro. A partir de ahí, comienza una honda reflexión sobre la escultura y su relación con el espacio.

“Al principio me encontré con un tipo de obras que parecían minimalistas, pero cuando trabajé con ellas, me di cuenta de que no se corresponden con ninguno de los movimientos”, explicó el comisario de la exposición, Pedro Medina. La muestra de Magnoni se apoya en la reflexión de Heidegger sobre la escultura como “lugar”, que el artista asume para ir proponiendo diversas maneras de entender la “espacialidad del cuerpo”. Estas premisas le conducirán en las siguientes décadas a ensayar distintas maneras de intervenir el espacio público y a numerosas variantes escultóricas que crecen alrededor del “vacío”, concebido este último como un componente fundamental de la forma.

En la obra también destacan los contrastes que establece “entre cromáticos, claro y oscuro, vacío y lleno, dinamismo y estatismo…”, que son “un concepto fundamental de su obra y el resultado de una investigación muy importante”, según Pappalardo, dado que logran equilibrios entre formas y reflexión de la luz.

La muestra dedica las dos salas finales a profundizar en el proceso creativo de Teodosio Magnoni. Así, la exposición representa la impronta del escultor, que ocupó sus últimos momentos en detallar la muestra por lo que, en palabras de su hijo, Enrico Magnoni, esta es “la más pura expresión de su pensamiento”.