Una reflexión del pasado para vivir el presente

Inmerso en la creación audiovisual y literaria, Álvaro Martín Sanz ha recibido diversos premios, entre ellos, el Viriato de Oro del FICACYL por su cortometraje ‘Acueductos’, en el que aborda una historia sobre la memoria familiar

El último cortometraje de Álvaro Martín ha sido seleccionado en 24 festivales de 14 países. / A.M.
El último cortometraje de Álvaro Martín ha sido seleccionado en 24 festivales de 14 países. / A.M.

Durante el confinamiento que impuso en 2020 la actual crisis sanitaria, hubo una idea que no dejaba de planear sobre su cabeza. El presente desapareció. El futuro no existía. Y el pasado fue el único que parecía sobrevivir. Este se convirtió en un refugio para muchos. Álvaro Martín Sanz es uno de ellos. Le inquietaba. Quería escribirlo todo sobre él. Y así lo hizo. En su cortometraje ‘Acueductos’ trató de hacer un ensayo sobre cómo la sociedad reflexiona sobre su pasado y se relaciona con las imágenes de su vida. Incluso en el mismo momento en el que se están produciendo. Estrenado en octubre del pasado año, con este corto ganó en noviembre el Viriato de Oro en la V Edición del Festival Internacional de Cine Arqueológico de Castilla y León (FICACYL).

“El valor que se le dan a las cosas es relativo al momento en el que estamos en nuestras vidas”. Así lo cree Martín. Esta constatación le surgió a raíz de digitalizar archivos familiares. Conserva numerosas fotografías con el Acueducto como protagonista. Esas fotos ya “no le interesan”. En cambio, sí le gustaría guardar imágenes de sus padres cuando visitaban Segovia. Indagó. Y descubrió que este era un patrón que se repetía en el resto de familias.

Una de sus amigas le envió vídeos grabados por su abuelo a principios de los años 70. En ellos “sucede lo mismo”. Filmaba el Acueducto. Pero no aparecía él. Esto ejemplifica a la perfección la relación que se establece con las imágenes y los recuerdos.

Es profesor de Comunicación Audiovisual en el Campus ‘María Zambrano’ de la Universidad de Valladolid. Aunque estudió Filosofía, su verdadera pasión era el cine. Durante la carrera, empezó a hacer cortometrajes. Generaba todo tipo de contenido audiovisual. Incluso grababa chistes. Una vez acabó sus estudios, siguió ese camino. Le fueron surgiendo oportunidades de trabajo. Algunas de sus piezas empezaron a tener un recorrido “bastante grande”. Este fue el empujón que necesitaba para labrarse su propio camino en el mundo del cine. Aunque nunca pasó por una escuela; “No tenía el dinero para hacerlo”, sostiene. Ni tampoco lo necesitó. Fue autodidacta.

Hace diez años que hace sus propios cortos. Ya cuenta con nueve. Desde entonces, no ha parado. Cursó un doctorado en Comunicación. Pero no es su formación lo que ha definido su trayectoria profesional. Es su mayor pasión: lo que le hace feliz, “en general”, es crear y contar historias. Aunque reconoce que el formato de cortometrajes le “gusta” por las posibilidades que le ofrece. Este le parece un trabajo “muy estimulante”.

No es de los que se conforman con la monotonía. Ni con limitarse a estar al servicio del cliente. Estos proyectos no le interesan tanto como aquellos en los que puede dejar volar su creatividad. De hecho, en todos los cortos que ha realizado por el momento, él es el artífice de los guiones. Es esta su manera de crear nuevos universos: ya sean de comedia, drama, documentales…

Martín está a caballo entre el cine y la literatura. En diciembre ganó un certamen de poesía y pronto publicará un poemario. Ahora está inmerso en la adaptación de una serie basada en su última novela.

‘Acueductos’ ha sido seleccionado en 24 festivales de 14 países. Ha ganado seis premios. Esto no solo es una buena noticia para él. También para Segovia. La majestuosidad del Acueducto está llegando a países como Perú o Irán. Es el poder del cine. Aunque puede que en estos lugares tan remotos ya fueran conscientes de la magnificencia de tal monumento.