Una labor de artesano con las palabras

Natural de Madrid, Segovia acogió al escritor Sergio Rodríguez hace ya “mucho tiempo”. Con apenas 27 años, descubrió un género literario peculiar: el Haiku Japonés. Este modelo poético ha inspirado su última obra, ‘Tréboles’

El poeta Sergio Rodríguez evoca el Haiku, pero se libera de ciertas pautas de la tradición, como la métrica de cinco, siete y cinco sílabas de los versos. / NEREA LLORENTE
El poeta Sergio Rodríguez evoca el Haiku, pero se libera de ciertas pautas de la tradición, como la métrica de cinco, siete y cinco sílabas de los versos. / NEREA LLORENTE

Hay quienes escriben con “giros raros”, como él dice. El escritor Sergio Rodríguez se compara con un artesano que hace jarrones. “Fruto del trabajo que hacen con el barro, sale una gran obra”, relata. Esto le ocurre con la poesía. Para él es como “una especie de juego de palabras”. Después le salen “cosas bonitas” que perduran en el tiempo y que proyectan su interior y sus sentimientos.

Es un género un tanto inusual. El mundo de los haikus detiene el tiempo y se centra en el objeto en sí mismo, sin que importe el sujeto. Rodríguez evoca el haiku, pero se libera de ciertas pautas de la tradición japonesa, como la métrica de cinco, siete y cinco sílabas de los versos, para componer una obra serena. Acaba de publicar su nuevo libro, ‘Tréboles’, en el que trata de mostrar un rico universo interior que mueva a una reflexión tranquila.

Una parte de su libro la hizo en 1998. La otra en 2020. Con apenas 27 años y un poemario ya publicado, buscaba nuevas formas de expresión. Fue entonces cuando dio con esta especial versificación.

Durante dos años, 1998 y 2020, se propuso hacer un poema cada día. Los iba apuntando en una agenda. ‘Tréboles’ es una selección de esos poemas. “Son breves y me parecían fáciles de reflexionar”, sostiene. De ahí que su lectura no resulte compleja.

Es un hombre de mirada profunda. En la escritura encontró una vía de escape para su timidez. Nació en Madrid hace ya 49 años, pero Segovia se convirtió pronto en su hogar. Sin embargo, de ella “escapó” a los 30. “Me marché al extranjero, renegando de mis orígenes”, explica. Pero tardó poco en regresar a Segovia. Es en esta tierra en la que ha desarrollado su gran pasión: la escritura. Y es aquí donde ha recogido dos premios: el Premio de Humanidades de la Fundación IE en 2019 y 2020.

La poesía no da para vivir”, lamenta el autor. Toda su obra la ha escrito en cafeterías de Segovia, en las que ha encontrado la soledad que necesita para evadirse. Pero, su afición por la escritura no le ha bastado para poder dedicarse en exclusiva a ella. Esto tiene que compaginarlo con su trabajo como auxiliar de apoyo en la IE University. “Hago lo que puedo para sacar horas y seguir escribiendo”, reconoce.

El haiku le construye como persona. Es un hobby que tenía oculto y que ha sacado a la luz. Ahora esto, además, le ayuda a combatir su timidez.