Una hostelera de manual

Pensaba que su vocación era el turismo, pero la hostelería pronto “enganchó” a Mayte Prados, un sector al que ha dedicado sus tres manuales

En realidad, lo que le gustaba era el turismo. La vida le hizo dar un poco de vuelta para llegar a la meta. La segoviana Mayte Prados estudió primero hostelería. Pensaba que tendría más salidas profesionales. Pronto se “enganchó”. Tal es así, que aún no ha podido separarse del sector. Pero jamás dejó de lado la que creía que era su verdadera vocación: una vez convertida en hostelera, se licenció en Turismo.

Cada maestrillo tiene su librillo. Prados bien lo sabe. De hecho, ha publicado tres manuales: uno lo dedica al bar y la cafetería, otro a los restaurantes y el último a los platos a la vista del cliente. En ellos invita a bucear en el que se ha convertido en el sector más popular del último año y medio.

Habla de la “casualidad” cuando piensa en cómo se adentró en este universo. No le viene de familia: no tenía referentes. Fuera de ella, sí: Segovia. No hay duda de que la provincia es la reina de la hostelería. Ella ha crecido rodeada de bares, restaurantes y terrazas repletas de gente. “He visto que siempre ha funcionando bastante bien”, asegura. En parte, fue lo que le despertó esa pasión que el tiempo no ha hecho más que acrecentar.

Hace años, dio el salto a la educación: es profesora de hostelería en el Centro Integrado de Formación Profesional ‘Felipe VI’. Aunque aprobó la oposición, nunca ha bajado la guardia: está en continua formación. Es tal su vocación, que Prados no puede considerar esto un trabajo: “es un disfrute diario”, sostiene.

Sueña con que sus manuales se conviertan en una referencia. Por el momento, tienen “mucha aceptación”. Está contenta. No obstante, el miedo a que su trabajo no guste siempre está presente. Si volviera a nacer, no dudaría en enfocar su vida hacia el mismo camino.

“Mucha gente me pregunta por el papel de la mujer en hostelería”, afirma. Esto le sorprende. Ella no ha sentido diferencias en el trato. En cambio, cuando hace catas de vino, la cosa cambia. En el rostro de los clientes detecta cierta sorpresa. Tienen la idea de que “es un mundo de hombres”, lamenta. Una vez que les atiende, pone fin a su incredulidad.

Cuando empezó los estudios, solo el 15% de sus compañeros eran mujeres: “por desconocimiento, no por incapacidad”, añade. Ahora, en sus clases son un 50-50.

Hace años que las mujeres salieron de las cocinas. Cada vez han ido teniendo un papel más importante fuera de ellas. No debería ser de otra forma.