En la actualidad, Mario Cuesta produce un documental sobre el Museo Nacional de Ciencias Naturales. / MARIO CUESTA
En la actualidad, Mario Cuesta produce un documental sobre el Museo Nacional de Ciencias Naturales. / MARIO CUESTA

Era un gran lector. En la vida hay momentos en los que uno tiene que “empezar a ser más activo que pasivo”, asegura. Esto le ocurrió a él. Mario Cuesta tenía ganas de “hacer”. Le “picó la curiosidad” por la escritura y acabó convirtiéndola en su profesión. Hace años que se adentró en el mundo del documental. Esto le hace sentirse “afortunado” por formar parte del tejido social. Y le da la oportunidad de “aportar algo”. No es para menos: sus trabajos los centra en los derechos humanos, la defensa de la naturaleza y el medio ambiente. Así trata de poner “su granito de arena” para construir una vida mejor.

Su familia es segoviana. Él nació en Madrid. Pero ha estado largas temporadas en la casa de su familia en Olombrada. El tiempo que pasaba en su pueblo, ha tenido “mucho peso” en su formación como persona.

No tenía ningún referente en su entorno que se dedicara a la cultura, al arte o a la comunicación. Cuando decidió estudiar periodismo, a sus padres “les pareció bien”. La cosa cambió cuando quiso “dar el saltoal cine. Creían que esta opción vital “podía ser más inestable”.

Y así es en realidad. Él lo sabía. “Estaban en lo correcto”, añade. Al no tener ninguna referencia, “no sabían valorar” a qué problemas se iba a enfrentar . Pese a ello, nunca le ha faltado el apoyo de su familia. Sobre todo, una vez que han comprobado que el éxito le acompaña. “Estaba predestinado a hacer documentales”, afirma.

Desde 2020 produce sus propios documentales. Esto le “encanta”: puede elegir los temas en los quiere profundizar. Se considera afortunado. Está orgulloso de lo que ha conseguido hasta el momento. Cuesta es capaz de poner más voz, e incluso incidir más, en los temas que le parecen importantes.

A lo largo de su carrera, ha participado en diversos documentales de La2. Y ha sido el guionista de Jesús Calleja en ‘Desafío extremo’. En la actualidad, hace documentales de gran formato. El año pasado, produjo uno sobre la Antártida. Ahora está haciendo uno del Museo Nacional de Ciencias Naturales. En las próximas semanas empezará a rodar otro sobre oceanografía. El año que viene estudiará el impacto de los huracanes producto del cambio climático.

Pasé de ver la defensa de los derechos humanos como una posición moral, a ver cómo la gente la convertía en una acción diaria”, relata. Residió en Damasco (Siria) durante un tiempo. Allí conoció a su mujer. Desde entonces, ha viajado con bastante frecuencia a Oriente Medio. Esta experiencia le cambió la forma en la que entendía los derechos humanos y la complejidad de las relaciones sociales. Pero, sobre todo, le hizo madurar “moralmente”.

Comprobó que “nuestra idea de lo que es justo y la libertad”, en ciertos contextos adquiere unos grados de dificultad que aquí no se vislumbran. Allí la lucha social “tiene unas consecuencias distintas”, explica. Todas estas cuestiones las recoge en el libro que publicó en 2015: ‘Por encima de mi cadáver: un viajero sin paciencia por Siria, Líbano y la Turquía kurda’. Pronto se cumplirán 10 años del viaje que hizo al inicio de la Primavera Árabe. Este viernes, estará firmando ejemplares en la Feria del Libro de Madrid.

En 2020, publicó un álbum ilustrado infantil sobre la Antártida. ¿Su objetivo? Promover la divulgación científica entre los más pequeños, enamorarlos del planeta y convertirlos en “fanáticos del medio ambiente y de su defensa’. Quiere hacer ver que, aunque miren alrededor y “casi todo les lleve al pesimismo”, eso no es real. “Hay lugares en los que los seres humanos promovemos valores sociales”, sostiene. Desde pequeños, les dice que deben de creer en ellos.