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Bankia ha dejado de existir oficialmente desde este miércoles como banco. El Boletín Oficial del Estado (BOE) anunció su salida del Registro de entidades de crédito, debido a su fusión por absorción con CaixaBank.

La desaparición de Bankia pone fin a una historia de diez años. La marca verde parecía suponer la prolongación de Caja Segovia, la cual desapareció tras fusionarse con otras seis entidades de ahorro provinciales: Caja Madrid, Caja de Canarias, Caixa Laietana y las cajas de Ávila y La Rioja, a las que se incorporó Bancaja poco después.

En este tiempo, la trayectoria de Bankia no ha estado exenta de polémica, desde su salida a Bolsa, pasando por el caso de las tarjetas black, hasta el millonario rescate europeo. Y en el ámbito doméstico, por la concesión de un crédito hipotecario que otorga Bankia a Caja Segovia sobre el Torreón de Lozoya. Este hecho generó un largo proceso judicial con ramificaciones políticas que llegó a condicionar algunos procesos electorales municipales.

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Presentación de Bankia en Valencia en 2011

Y si los políticos se vieron afectados en esta pasada década por juicios y vaivenes financieros, no menos han sufrido los empleados: no se encuentra parecido entre las condiciones laborales y prestigio que tuvieron los antiguos empleados de `La Caja’, con las tensiones que sufren muchos trabajadores actuales, que miran de reojo el nuevo expediente de regulación de empleo que se les avecina.

Con carácter caritativo y benéfico con que nació la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, con miembros de la Junta Provincial de Beneficencia de Segovia. Luego se pasó a una entidad que aportó finanzas, empleo, deporte, o actividad cultural por toda la provincia. Los últimos coletazos fueron de reacciones y negociaciones para evitar perder su autonomía. Pero había que integrarse. Primero con Caja Duero y Caja España, o Banca Cívica, pero fracasando ambos proyectos. Luego con Caja Madrid y nació Bankia, un proyecto que ha durado solo diez años.

El nexo de unión de Bankia con la nueva entidad, CaixaBank lo representa ahora José Ignacio Goirigolzarri, que ha pasado de presidir la que marca que desaparece, al nuevo banco, el mayor grupo financiero español actual.

CaixaBank había ido incorporando estos últimos años diversas entidades, casi todas integrantes de la antigua Banca Cívica, que surgió de la fusión de las cajas de Navarra, Burgos y Canarias, y que después incorporó Cajasol y Caja de Gaudalajara. También forman parte del grupo, entre otras, Caixa Girona y el Banco de Valencia. En total la nueva CaixaBank, es la resultante de la unión de al menos 17 antiguas cajas de ahorros, un sector bicentenario, desaparecido con la anterior crisis y transformado casi por completo en bancos y que llegó a estar formado por más de 40 entidades.

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Visita de José Ignacio Goirigolzarri a Segovia en 2014

La marca Bankia pasa así también a ser historia. En estos días están sustituyéndose los carteles de las oficinas y los cajeros. Nada hacía sospechar hace una década que su historia sería tan corta.

Nació a principios de 2010, cuando el exvicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato asumió las riendas de Caja Madrid, la segunda caja del país y, a mediados de ese año, negociaba la incorporación de varias cajas, entre ellas Caja Segovia. A ese proyecto se incorporó Bancaja, la tercera caja de España, lo que suponía crear un grupo mucho más ambicioso que requirió desde el primer momento una ayuda de 4.465 millones de euros que vio con buenos ojos el Banco de España en tiempos de Miguel Ángel Fernández Ordóñez y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. En diciembre de 2010 se creó el Banco Financiero y de Ahorros (BFA), que aglutinaba el negocio de Caja Madrid, Bancaja y las otras cinco cajas más pequeñas; en 2011, las mayores exigencias de capital promovidas por el equipo de Elena Salgado, la entonces ministra de Economía, animaban al grupo a debutar en Bolsa ese mismo año para evitar una posible entrada en su capital del Estado.

Comienza así en marzo de 2011 la historia de Bankia, una filial de BFA con buena parte de sus activos y que, a pesar de las dudas de los inversores hacia España, consiguió dar el salto al parqué en julio de 2011 gracias a la confianza y el apoyo de miles de clientes que luego vieron cómo la economía volvió a caer en recesión.

Con Mariano Rajoy en Moncloa y una nueva forma de gestión de la crisis impulsada por Luis de Guindos desde el Ministerio de Economía había un nuevo reto para Bankia, que, al igual que el resto del sector, tenía que afrontar un volumen extraordinario de provisiones. La diferencia es que a Bankia no sólo le penalizaba su exposición inmobiliaria, sino también su enorme tamaño y los inversores empezaron a señalar a la entidad como el foco de los problemas del sistema financiero español y, por ende, del conjunto de la economía española. En mayo de 2012, Rato cede el timón a José Ignacio Goirigolzarri, el Estado nacionaliza BFA y pasa a convertirse en el principal accionista de Bankia.

El 17 de septiembre de 2020, el consejo de Administración Bankia aprueba su integración en CaixaBank y este miércoles, 14 de abril, se oficializó su muerte definitiva.