Publicidad

El 22 de febrero de 1970, la catedral se llenaba de segovianos para recibir a su nuevo obispo, un vallisoletano enjuto y de palabra pausada que llegaba a una diócesis en la que permaneció 25 años al frente con la nada fácil tarea de adaptar las exigencias del Concilio Vaticano II a la vida diocesana y ajustar su tarea pastoral en pleno proceso de cambio político y social.
La labor de monseñor Antonio Palenzuela fue recordada ayer con ocasión del 50 aniversario de su ordenación episcopal por la Asociación de Amigos del que fuera obispo de Segovia, que organizaron una serie de actividades destinadas a que la memoria del prelado no quede en el olvido.
A mediodía, amigos y familiares se dieron cita junto a la placa conmemorativa instalada en 2017 en el muro de la residencia de las Hermanitas de los Pobres en donde hace años se ubicaba la casa en la que residió Don Antonio para llevar a cabo una ofrenda floral, depositando junto a ella una corona de flores.
Tras la ofrenda, se dio lectura a un texto conmemorativo escrito por José María Carlero, en el que jugando con la etimología de la palabra, aseguró que este aniversario era para “re-cordar, porque no es solo memoria del pasado, sino como su significado más genuino indica es vuelta al corazón para actualizar su humildad, empatía, sabiduría y espiritualidad, así como su profunda fe en Jesucristo”. Carlero aseguró que conoció al obispo por sus escritos, y señaló que “al igual que un pintor impacta en la vista y transmite su vida interior con colores, luces y veladuras, los riquísimos escritos de Don Antonio revelan su experiencia de Dios Padre encarnado en su liberador hijo e impulsado por la fuerza de la libertad del Espíritu”.
En torno a la palabra giraron los actos organizados por la tarde, donde tras una misa solemne conmemorativa de su ordenación en la Catedral, la Sala Capitular albergó la presentación de una nueva edición del libro ‘Desde la libertad del espíritu’, publicado inicialmente en 1995 que reúne textos de Palenzuela por un equipo coordinado por Benedicto Cuesta Polo.