Un comercio para enmarcar

Después de más de un siglo enmarcando los cuadros de los segovianos, ‘Salcedo’ cierra de forma definitiva su tienda de la calle Herrería, por la jubilación de su actual propietario.

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“Salcedo cierra”, se escucha con insistencia en la Calle Real. Y el dueño del negocio, Andrés Salcedo, confirma la noticia. El 31 de diciembre, coincidiendo con el último suspiro de 2014, el comercio echa el cierre definitivo. “Me jubilo, ha llegado la hora”, resume Andrés.

En la hora del adiós, los recuerdos se agolpan. Empezando por los de su abuelo, Zacarías Salcedo. Él fue quien abrió la tienda, el 4 de diciembre de 1910, en el número 4 de la calle Isabel la Católica. “Aquel establecimiento —sostiene ahora su nieto—, era El Corte Inglés en pequeño”. La especialidad de la casa fue desde sus inicios poner marcos a los cuadros. Pero también se despachaban persianas, perchas para la ropa, espejos, hule para las mesas, nacimientos de Navidad, asientos para las sillas de madera… Allí se vendía de todo, vamos. Zacarías se pasó toda su vida trabajando. De hecho, murió al pie del cañón.

De él tomó el relevo su hijo Andrés, un hombre de personalidad muy diferente a la de su padre. Entró de aprendiz en el negocio familiar, hubo luego de marchar a pelear al frente, y tras ese paréntesis de la Guerra Civil regresó a Segovia para hacerse cargo del comercio. Era extrovertido, amigo de todo el mundo, dado a la broma y con mil anécdotas a sus espaldas. Una vez, Adolfo Suárez, en su época de gobernador civil de Segovia, le urgió a enmarcar un cuadro, y cuando fue a recogerlo comprobó que, con las prisas, le había dado mal las medidas, obligando entonces a Andrés a modificar el trabajo ipso facto. Como gran profesional que era, resolvió el problema en un santiamén.

De su abuelo y su padre heredó Andrés el buen hacer en el arte de enmarcar. Empezó a los 14 años, “para encender el brasero y limpiar la tienda”. Poco a poco, fue aprendiendo el oficio. El abuelo Zacarías le encargaba lijar la madera de los marcos, una labor para la que se necesitaba, sobre todo, paciencia. “Debes hacerlo hasta que huela a queso”, le decía. Viendo tantas obras de arte, el mozo llegó a soñar en convertirse en pintor. Fue incluso a clases con don Toribio. Hasta que un día éste le advirtió: “Usted de pintor se va a morir de hambre. Más le vale seguir enmarcando cuadros, que eso lo hace muy bien”. Así que olvidó su ilusión de ser pintor célebre y se dedicó por completo al negocio, centrado en los marcos y materiales para las bellas artes.

“Lo que más me gusta de mi trabajo es enmarcar, sin lugar a duda. Y hoy en día no es muy complicado, pues me ayudo de máquinas. Antes todo era manual”, relata. En 60 años de oficio, asegura haber enmarcado cerca de 25.000 cuadros. El más valioso, económicamente, un Dalí, encargado por un cliente de Madrid. “Valía tanto dinero que decidí hacer el trabajo en un solo día, para quitármelo de encima cuanto antes posible”, señala. Todos los artistas segovianos, “todos”, han pasado por su casa. Desde los Lope Tablada hasta José Luis López Saura, pasando por Ángel Cristóbal, Mon Montoya, José Manuel Contreras, Carlos Muñoz de Pablos… Andrés reconoce que tiene artistas preferidos, pero no quiere citarlos, “porque quedaría mal con muchos, y todos son amigos”.

La calle Herrería, donde se ubica ‘Salcedo’ desde 1973, se quedará ahora un poco huérfana tras el cierre del negocio. Andrés dice que él, por fin, va a disfrutar “haciendo deporte, viendo exposiciones de pintura y, en general, dándome a la buena vida”. Su esposa, María Antonia Martín, se lo va a agradecer, de eso está seguro. Pero Segovia pierde un comercio histórico.