Detalle Diario de la guerra de Marruecos
Detalle de una de las páginas del diario del soldado segoviano. / EL ADELANTADO

Aquel día de mediados de julio de 1909 la vida de Frutos López Yuste iba a sufrir un vuelco que no solo le marcaría de manera personal sino que dejaría poso en la historia: fue llamado a filas para guerrear en tierra mora. Lo haría durante todo ese año, y sus experiencias, sus sentimientos, sus miedos, su soledad quedarían recogidos -con la fidelidad de quien sabe que la vida se le puede ir en cualquier escarceo- en unos diarios que fecha entre el 25 de julio y el 15 de diciembre de 1909.

Decía André Malraux que escribir diarios es una manera de exorcizar la muerte. Es lo que hizo el joven Frutos. La narración en primera persona de los acontecimientos por el joven segoviano aumenta el valor y la singularidad de esta pieza documental. Estremece no solo leer el contenido de las cuartillas sino observar que detrás de cada una de las letras, de las dudas a la hora de terminar un párrafo, de una minúscula traza de tinta, se esconden las vivencias de un chico sacado de su entorno natural y enfrentado a un acontecimiento tan radical como es una guerra. El Archivo Provincial de Segovia ha escogido esta pieza de valor histórico, pero de íntima humanidad, como tesoro oculto. Llegó precisamente al archivo por donación de uno de sus descendientes, Estará expuesta para consulta de quienes quieran acercarse a esta manifestación de la vida agarrada a la comisura de unas letras.

Durante el espacio temporal que recoge el diario se vivió en España uno de los episodios más crueles de la Guerra de Marruecos, el conocido como “Barranco del Lobo”. El día 25 de junio, Frutos llega a África y marcha al monte Gurugú dos días después. Lo hace sin agua y con el mínimo entrenamiento. Está a punto de consumarse la carnicería. La columna de infantería se adentra en el paraje y con los flancos descubiertos son atacados por las cábilas rifeñas. Los hombres caen a porrillo. Él consigue zafarse de la muerte tras haber permanecido agazapado durante horas entre rocas y matojos. En el diario se palpa el miedo y la desesperación que vivió el segoviano en aquella jornada. Frutos regresó a su pueblo sano y salvo, pero profundamente marcado por lo vivido.

En el diario se recoge también la otra cara de la guerra: el sufrimiento y la angustia de una madre que desde Hoyuelos le envía a su hijo continuas cartas, reclamando que no deje de informarla sobre su situación. Testimonio humano. Rico testimonio.