Un recipiente constata la existencia de resineros hace 3.500 años

El hallazgo ha sido revelado en la excavación arqueológica de Peña del Moro de Navas de Oro

Restos del recipiente en el que se encontró restos de resina de pino.
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Un recipiente reveló como los habitantes de Peña del Moro, un asentamiento de hace 3.500 años, trabajaban la resina del pino y constata como estos antecesores ya usaban esta sustancia producida por los abundantes pinares que pueblan todo el área norte de la provincia.

Cercano a la población actual de Navas de Oro, este poblado antiguo ha revelado ya numerosos secretos al que ahora une esta antigua labor resinera, uno de los múltiples hallazgos que se han encontrado durante la IV campaña de excavaciones arqueológicas en el yacimiento de la Peña del Moro.

La campaña se ha centrado en delimitar los límites de los dos poblados asentados en lo alto del castro. A través de un estudio geofísico, sufragado por el director de Kairos Digital Solutions, Carlos Moure, el proyecto ha podido afinar más todavía las características del yacimiento. Sin embargo, tan solo se ha podido intervenir en una parte, ya que otra está pendiente de análisis, por lo que áun quedan “muchos secretos” por descubrir.

“Se trata de una especie de radiografía del enclave que nos permite inferir donde está más densamente ocupado. Hemos podido descartar algunas zonas donde no se detectan evidencias arqueológicas y otras donde efectivamente se concentra el grueso del poblado, concretamente, en la ladera occidental”, explicó el director del proyecto, Raúl Martín Vela.

En ese sector, el equipo pudo confirmar la existencia de nuevos núcleos habitacionales y restos de un horno de cerámica de la Edad del Bronce, además de una “serie de evidencias” que reivindican los “cuatro pilares del medio rural”. “La artesanía del barro, la agricultura, la ganadería y el monte pinariego”, añadió.

“El mundo del barro está representado por los alfareros que modelaron y cocieron cerámicas decoradas con ricos motivos dentro de un horno prehistórico. Además, están las viviendas construidas con barro y madera que hemos podido documentar”, continuó Martín Vela que recuerda que Navas de Oro cuenta con una “larga tradición” de artesanos del barro que actualmente siguen en la brecha y que muestra una forma de construcción tradicional que ya se rastrea en la Peña del Moro.

“Por otra parte, la ganadería y agricultura practicada por los habitantes del castro hace 3.500 años nos permite establecer esa conexión con el necesario sector primario de nuestra tierra. Finalmente, y esta es la sorpresa de este año, son los resultados obtenidos de los análisis de dos recipientes cerámicos recuperados, en busca de restos orgánicos”, anunció.

Este estudio, sufragado por el colectivo vecinal Crea_NdO, ha revelado, por un lado, que uno de los recipientes contuvo restos de grasas de animales rumiantes junto con ceras vegetales que se encuentran en las raíces y plantas.

“Las características y el gran tamaño de una de las vasijas, permite inferir que contuvo algún tipo de guiso de carne. Ya sabíamos que las gentes de la Peña del Moro cultivaban la tierra y pastoreaban animales, cuyos restos se recuperan en las viviendas, destacando la oveja, la vaca y el cerdo. Por lo tanto, estamos ante un puchero donde se cocinó una especie de caldereta de cordero o vaca, aliñado con plantas y raíces del entorno. De esta forma, entramos de lleno en sus hogares y en su vida cotidiana”, asevera el director del proyecto.

Otro de los recipientes, recuperado del interior de una vivienda de la Edad del Bronce, ha dado unos resultados “sorprendentes”, por las implicaciones “afectivas” que tiene con el entorno natural del municipio segoviano de Navas de Oro.

“El año pasado, a través de unos estudios polínicos realizados en el yacimiento, pudimos constatar el origen prehistórico de nuestro monte pinariego, presente desde hace al menos 3.500 años. Este año, la sorpresa ha venido del estudio de residuos en un pequeño cuenco de cerámica, que revela que contuvo resina de pino”, agrega.

La presencia en la muestra de dos tipos de ácidos revela como la resina de pino contenida en este recipiente se calentó a más de 110 grados para derretirla, lo que indica, según explicó el arqueólogo segoviano, por un lado, unos “usos concretos”, y por otro, el conocimiento de las “propiedades” de la resina y de su extracción.“Las aplicaciones que tradicionalmente se le atribuyen a la resina en estas épocas son la de adhesivo para enmangar herramientas. Pero no podemos descartar otros usos que han llegado hasta nuestros días, como era su empleo como cicatrizante en las heridas del ganado o como aislante de pellejos y odres. Lo que es cierto, es que hace más de 3.000 años, los moradores del castro, conocían a la perfección las posibilidades que les ofrecía el monte pinariego y que explotan en su beneficio”, matiza.

Estas evidencias permiten reivindicar un oficio que tradicionalmente sigue formando parte del paisaje del ‘Mar de Pinares’ segoviano, el de resinero, cuyo origen milenario se rastrea y se evidencia en la Peña del Moro hace 3.500 años.