D. Rafael con D. Cipriano en la sacristía de la Fuencisla.
D. Rafael con D. Cipriano en la sacristía de la Fuencisla.
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El sacerdote y poeta D. Rafael Matesanz (1933-1999) empezaría a tener devoción a la Virgen de la Fuencisla desde el año 1951 en que ingresó en el Seminario de Segovia. Él venía de su Prádena natal donde se venera a Nuestra Señora del Rosario. A los segovianos nos resulta fácil unir al dulce nombre de Fuencisla el de Rafael Matesanz, pues desde que predicó el novenario de 1978 hasta su muerte, gastó parte de sus privilegiadas energías a compartir su gran amor a la Virgen de las Peñas Grajeras. Con el paso del tiempo se podrá completar la información que aquí se recoge, pero no podíamos esperar a dar a conocer lo que ya se ha recopilado, que redundará en una mayor devoción a nuestra Madre del Cielo bajo la advocación de la Fuencisla.

En 1983 publicó Segovia, hogar con Madre, que recoge 35 sonetos relacionando a la ciudad con la Virgen de la Fuencisla. Cada soneto es precedido por una breve introducción que ayuda a su lectura. No faltan varios dibujos del autor de la obra, y alguna fotografía.

El pórtico de este libro da razón de su título: Nuestra Señora de la Fuencisla es Madre que une a sus hijos y siembra en ellos sentido de filiación divina y de fraternidad. Ya poéticamente lo dirá de esta manera: Segovia tiene Madre, tiene casa/ y pan de cada día que se amasa/ con frescura de mansa poesía.

En Invasión de Ti ve en el don de la Virgen un entrañable don divino. El joven Rafael que acostumbraba a pararse a la puerta de su parroquia en Prádena antes de llevar el ganado a pastar, fue fiel a esa costumbre practicándola en la Alameda del Santuario de la Fuencisla, queriendo compartir con nosotros cómo en la Madrugada en la Fuencisla se puede sentir… el corazón de Dios en la mañana.

Un ciprés ya desaparecido por la caída de toneladas de roca el año 2005, llamó la atención de nuestro poeta. Estaba detrás de la Casa del Capellán junto al también abatido campanario. El autor lo personifica como un monje fiel en la compañía a la Virgen de la Fuencisla, mereciendo el título de Ciprés del Santuario.

En vecindad se encuentra el Convento en el que vivió el gran místico san Juan de la Cruz, al que Matesanz relaciona con la Fuencisla donde atiza llama viva…y bebe y liba el néctar de su sangre de poeta.

En Fuentecillas: Fuencisla recuerda la sed vital del ser humano que se sacia con la familia, amistad, trabajo, etc, siempre que estas realidades tengan dimensión de eternidad. La advocación mariana de la Patrona de Segovia se suma a otras que relacionan a la Virgen con las fuentes: Nació tu nombre del amor vertido en palabra fresquísima de fuente. En el programa de la Novena de 1983 terminará su poema Fuencisla, Madre con este verso: Nombre de luz y agua: FUENCISLA DE SEGOVIA.

Otro santo, san Francisco de Asís, hijo fiel de la Virgen, está presente junto a Ella, en un paraje de tan marcado encanto natural: flora, agua, y aves. También, rocas, esas Peñas Grajeras testigos de las confidencias de los segovianos ante su Virgen. D. Rafael quedó prendado de la mirada que el artista puso en la talla de la Fuencisla: Por tus ojos se vierte tanta luna,/tanto candor, tanto brizar la cuna/ que, siendo hombre, yo me vuelvo niño.

Cuando se baja a la Virgen de la Catedral al Santuario, los Monasterios de San Vicente el Real y del Parral quedan a la vista en el trayecto. La Fuencisla mira complacida a estas hijas e hijos del silencio y nos invita a los demás a la fecunda serenidad contemplativa. Entre ellos, está el Convento de Santo Domingo en el que eran cuidados niños huérfanos y ancianos por las Hijas de la Caridad. La Virgen de la Fuencisla en ellas y con ellas, cura y limpia a los ancianos, abraza a los niños, besa, sonríe, llora para que nunca padezcan la amarga herida de carencia de afectividad.

Los tres monumentos emblemáticos de la ciudad de Segovia, Alcázar, Catedral, Acueducto, son relacionados con la Virgen de la Fuencisla. El primero en su subida a la Catedral, entonces: Hoy el alcázar se hace llama escrita: nunca vuela tan alto y sonriente,/ nunca besa la luz tan castamente/ como al pasar tu imagen pequeñita. El segundo en su estancia de 10 días se hace hogar de fervor con la Madre. Subes, un año más, a la Catedral/ para tener más cerca a tus hijos le dijo para la Novena de 1995. Y el tercero en la bajada al Santuario se ve transformado: Pasa, Virgen, tan leve y tan hermosa,/prendiendo en el granito blanca rosa/ de luz perenne y de volar eterno.

La presencia de niños con sus madres ante la imagen de la Virgen atrajo la atención de nuestro sacerdote, contento de ver como tiraban un beso a la Madre del Cielo a indicación de sus mamás.

Entre las súplicas de Rafael Matesanz a la Fuencisla está la que se refiere a los jóvenes sometidos a ideologías turbias y demoledoras, conductas fáciles y esclavizantes, mentiras muchas mentiras disfrazadas de liberación: ¡danos, oh Virgen, juventud de vida!.

Los sábados, los que se sienten hijos de la Fuencisla tienen una cita de cariño filial nacido de la fe. Antes de cantar la salve y el himno se reza el rosario, y se hacen primaveras sin notarlo y sin complejos de flores.

Muchos matrimonios visitan a la Virgen y la ponen de testigo de su amor perseverante, perpetuo y siempre nuevo. Al contemplar el silencio de la imagen de Nuestra Señora, Matesanz nos propone la ofrenda de nuestro silencio, y como conjunción de ambos saboreamos la dimensión materna del Amor Infinito al manuscribirse con la sangre de María.

Para nuestro poeta cada Santa Misa es Navidad, con la particularidad de que la Virgen está presente aunque no la llamemos. Junto a la Virgen, –dirá- la Eucaristía se vive mejor, se nota más la cercanía de Dios. ¿Cómo no, si Ella es su hogar, su recinto materno y nutriente en la tierra?

Ante el desgarro de la muerte de un ser querido, Rafael Matesanz invita en Los muertos viven a fiarse de Dios, como la Virgen María desde el Viernes Santo hasta el amanecer del Domingo.

Probablemente la bendición de coches que cada año se hace en la fiesta de san Cristóbal a la puerta del Santuario le sirve a D. Rafael para su poema Cuando los coches rezan. En quien pide la bendición no hay que ver un acto de magia ni residuos supersticiosos de su fe, sino radical desconfianza en la propia fragilidad y filial confianza en la providencia divina.

Amas de casa y amor, así sintetiza Rafael Matesanz el esfuerzo de la mujer esposa y madre por crear en torno así un hogar, rogando a la Virgen de la Fuencisla cuide a estas generosísimas mujeres que están salvando al mundo sin que el mundo lo sepa.

Muchos segovianos viven y trabajan en la Villa y Corte. El Centro Segoviano y la Cofradía de la Fuencisla de Madrid impiden su desarraigo. Una selecta representación se hace presente cada año en el Santuario llenando sus alforjas de optimismo para seguir nutriendo su hombría de bien.

Cada año los segovianos agradecen la presencia de los artilleros al lado de su Patrona: Segovia se siente feliz con sus militares porque tienen vocación cristiana y la cultivan en el servicio fiel a la Paloma de la Paz, Nuestra Señora de la Fuencisla, su Capitán General.

D. Rafael sentía el noble orgullo de ser sacerdote, de formar parte de ese grupo de elegidos peregrinos de paz, que siembran sus huellas/ su palabra, su sangre, sus estrellas/ en la noche del mundo en agonía.

Es corriente ver ir al trabajo con enfado. Para nuestro poeta el trabajo puede unirse al misterio pascual, a la muerte y resurrección de Jesús, es el trabajo hecho canción, en el que la Virgen de la Fuencisla besa con su mirada las manos encallecidas, refresca los ojos inundados de letras. Así cambia la actitud, y nos sentimos colaboradores con Él en su maravillosa obra.

Rafael Matesanz dedicó parte de su ministerio a las religiosas. Valoraba su estado de vida, su vocación: La Virgen, Reina de las vírgenes, sigue fecundando los más exquisitos valores del mundo en sus hijas fieles, estas mujeres, incomprendidas, que regalan su maternidad sin pedir nada a cambio.

Una de las 4 líneas de inspiración de la obra poética de Matesanz es su dolor por el ateísmo. Hijos de la noche fría pertenece a ella. Desearíamos -dice-, sobre todo, que percibieran, como nosotros percibimos, la cercanía de Dios en su Palabra encarnada. Palabra nacida de algo nuestro: la más sencilla, encantadora y agradecida criatura: María. En la Navidad de 1980 asocia al cuidado de la Virgen a los que no tienen fe: Paloma de la Paz, Virgen María/ que al Hijo de Dios reciente nos enseñas/ y, en materno desvelo, vives, sueñas/ con otros hijos de la noche fría.

La Fuencisla es uno de esos lugares donde recuperamos fuerzas, en el que el corazón se abre fácilmente y se deja invadir por la sabiduría de los sencillos. Se encuentra sentido a la vida y a la muerte. Se salvan las grietas de la existencia en plácida armonía.

El dolor es una de las experiencias más complejas de la vida. Si se sigue amando y no desaparece la sonrisa auténtica es por favor divino. La Virgen Santísima de la Fuencisla acoge a sus hijos en todo momento, más aún en el más difícil: la enfermedad.

Para los ancianos, D. Rafael tiene un rendido reconocimiento. Ha contemplado a muchos de ellos ante la Virgen Bendita. Califica de ingratitud y necedad el abandono de los ancianos, e invita a la generosidad que nos madura y a la sabiduría del corazón que nos hace ver en ellos un tesoro.

La torre del Santuario se vino abajo en el mencionado derrumbe de las rocas del año 2005. En ella había campanas, pero llevaban tiempo sin sonar. Elvira, la hermana del entonces Capellán del Santuario, D. José González Gozalo, quería su arreglo, que pudo llevarse a cabo: Necesitamos usar las campanas que siempre hablan para hermanarnos y para decirnos que Dios nos espera y en Él, en su regazo, se multiplicarán nuestras alegrías y se aliviarán nuestras penas.

Rafael Matesanz fue testigo de la visita de san Juan Pablo II el 4 de noviembre de 1982 a la Virgen de a Fuencisla en su Santuario: Gracias, Juan Pablo, gracias por el vuelo/ que pusiste en el aire de esta Casa/ donde la Madre con amor amasa/ el pan de la dulzura y el consuelo.

Terminamos agradeciendo a D. Rafael que nos enseñara, tan bella y profundamente, a querer a la Madre de Jesús en su advocación de Ntra. Sra. la Virgen de la Fuencisla, Patrona de Segovia y de su Tierra.