D. Tomás Calleja, con chaqueta y corbata, junto a D. Julio Martinez Santa-Olalla en una de sus visitas como Comisario General de Excavaciones a tierras de Segovia en fecha no precisa (años 50?). [Foto inédita propiedad Legado de D. Tomás Calleja Guijarro].
D. Tomás Calleja, con chaqueta y corbata, junto a D. Julio Martinez Santa-Olalla en una de sus visitas como Comisario General de Excavaciones a tierras de Segovia en fecha no precisa (años 50?). [Foto inédita propiedad Legado de D. Tomás Calleja Guijarro].
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En memoria en el aniversario de su muerte

Hace justo estos días un año (3 de agosto de 2018) falleció D. Tomás Calleja Guijarro, un segoviano que pasó buena parte de su vida en Madrid, donde ejerció como maestro, pero también como aficionado y entusiasta de la Arqueología. Esta es la faceta que yo quiero valorar en estas líneas; pero no sería justo hacerlo hoy sin tener en cuenta los principios que regían el desarrollo de la ciencia arqueológica en esos momentos, dejando también aparte las implicaciones políticas en su momento, ya que lo desconozco completamente. Ni por supuesto esta pequeña laudatio quiere ser una lista de sus aportaciones al conocimiento arqueológico de Segovia. Otros discípulos y amigos suyos, seguro que con más conocimiento que el mío, ya pusieron de relieve desde estas mismas páginas de El Adelantando (21 y 28 de agosto, 5 de septiembre de 2018) muchas de sus capacidades y grandes méritos como pedagogo y como escritor de narrativa juvenil, por cuya actividad recibió numerosos premios y reconocimientos.

He utilizado a propósito el calificativo de “pionero de la arqueología segoviana”, tomándolo prestado de un artículo aparecido en el último número de La Villa. La Revista de Cuéllar (nº66, diciembre de 2018) dedicado por J. R. Criado Miguel a otro segoviano, Juan García Sánchez (Sanchonuño 1889-1958), descubridor? –aunque el lugar ya venía siendo expoliado intensamente por las gentes del pueblo- o, quizás mejor, quien dio a conocer en 1930 a los responsables de la II República la extraordinaria necrópolis visigoda de Castiltierra. De manera inmediata y en años posteriores sería excavada de manera sistemática por el director y conservadores del Museo Arqueológico Nacional, pasando a formar parte de los fondos de este Museo.

Es de suponer que este personaje, gran aficionado a las antigüedades, y D. Tomás se conociesen, aunque la forma de implicación en la tarea arqueológica fue muy distinta en ambos, privilegiando en nuestro caso el interés científico. Este contacto es plausible pues en los años posteriores a la Guerra Civil, cuando se retoman por las autoridades franquistas las investigaciones en este cementerio visigodo lo hicieron bajo responsabilidad de D. Julio Martínez Santa-Olalla, con quien D. Tomás tuvo una intensa relación personal en esos años y a quien acompañó por tierras segovianas. Así lo pone en evidencia la fotografía en que ambos aparecen junto a otras personas en algún lugar de nuestra provincia donde se estaba excavando en esos momentos (¿quizás en las proximidades de Castiltierra?). Sus hijas han querido autorizarme a incluir en estas líneas dicho documento gráfico inédito; creo que así puede calificarse pues no aparece recogido en ninguna de las exposiciones y estudios realizados en los últimos años sobre la labor como arqueólogo de D. Julio Martínez Santa-Olalla, Comisario General de Excavaciones en esos primeros años de la Dictadura de Franco.

Entre los años 1940-1963, pasada la Guerra Civil, D. Tomás fue una persona que colaboró junto a D. Antonio Molinero, inspector veterinario y entonces Comisario Provincial de Excavaciones, cada uno en su justa medida y de acuerdo a sus responsabilidades, en el desarrollo de la incipiente Arqueología de Segovia. Es verdad que no lo pudo hacer desde la posición académica de otros arqueólogos o historiadores, y por tanto no sería justo juzgar su labor bajo el mismo criterio, pero sí lo hizo desde el conocimiento del territorio, desde el interés científico y, sobre todo, desde el entusiasmo y entrega que calificó a estos pioneros. De todos sus descubrimientos fue dando cuenta a las autoridades provinciales o nacionales, y en algunos casos de gran relieve, especialmente con todo lo relativo a las Vegas de Pedraza, lo hizo publicando sus investigaciones y hallazgos en Estudios Segovianos y otras revistas históricas. También son destacables sus descubrimientos de otros yacimientos romanos como El Guijar, o Las Negrillas en La Cuesta. No menos interés puso en la prospección de yacimientos prehistóricos en cueva en los ríos Pirón, Cega y Viejo. De algunos de ellos publicó trabajos en la revista segoviana referida, y en otras de ámbito nacional o internacional. Pero como dije líneas arriba no es momento de convertir estas palabras de elogio y recuerdo en un relatorio bibliográfico.

Yo no tuve con D. Tomás Callejo la misma relación que muchos de sus discípulos y amigos. Él contactó conmigo a través de una de mis compañeras de Dpto. en la UAM, por la relación que Manuel Castelo y D. Tomás tenían desde hacía años. El único argumento que me dio para querer conocerme es que había sabido que era Catedrático de Arqueología y que era segoviano. Después de varias conversaciones telefónicas, lo conocí en su casa cuando ya tenía 90 años y estaba casi ciego. Nos vimos en dos ocasiones y una tercera se frustró a finales de mayo de 2018 a causa de su estado de salud. A pesar de la edad y de la pérdida de visión tenía una mente en plenitud y un gran entusiasmo por el conocimiento. Charlamos de la Arqueologia de sus años y de los actuales, desde una visión abierta y comprensiva por los grandes avances metodológicos en nuestra ciencia. Sin duda, era un hombre con una gran pasión por la ciencia, por el descubrimiento arqueológico y por la enseñanza; no en vano fue un gran pedagogo. Me dio a conocer hechos y datos de su intensa labor de prospección en nuestra provincia, tanto de lo publicado como de lo inédito, especialmente en las tierras de Pedraza y Sepúlveda donde ejerció como maestro hasta que vino destinado a Madrid.

Él quiso a través de sus hijas hacerme legatario de esta documentación referida a su actividad arqueológica. En estas visitas pude comprobar la completa y extensa biblioteca que tenía en su casa, donde no faltaban todas las publicaciones de temática arqueológica sobre Segovia desde los años 30 del siglo XX. Me di cuenta, por las fotografías que aparecían en algunos de sus estantes de la intensa relación que tuvo con personajes muy relevantes por esos años de la Historia, la Literatura o la Arqueología: D. Ramón Menéndez Pidal, el Marqués de Lozoya, D. Julio Martínez Santa Olalla,…..

Su generosidad con nuestra provincia se puso de manifiesto con su donación en mayo del 2011 de su colección arqueológica al Museo de Segovia, con la intención de que se diese a conocer y se investigase. Es coincidencia que por estas en la exposición temporal “Recuperando el pasado” dedicada por esta institución museística a presentar una selección de obras arqueológicas incorporadas o donadas en los últimos años a su colección se hayan expuesto algunas piezas interesantísimas localizadas en Coca de las muy numerosas pertenecientes a la colección de D. Tomás Calleja y de su esposa. Algunas de estas piezas serán motivo de investigación por el Prof. J.F. Blanco García y por mí mismo en los próximos meses. Es de suponer que por todo ello D. Tomás se hubiese alegrado, aunque obviamente llega tarde para cumplir con los deseos de su donación.

Otra faceta que quiero destacar de gran afición y labor arqueológica es la pertenencia como socio a la Asociación Española de Amigos de la Arqueologia (AEAA), y con este denominador firmó un artículo en este mismo periódico en el año 2014; una asociación pionera en España que acaba de cumplir 50 años. En compañía de muchos de los socios realizó excursiones arqueológicas también por otras provincias del entorno como Cuenca o Guadalajara. Como resultado realizó varias publicaciones muy valiosas en la Revista de la AEAA.

Recuerdo que mi primer conocimiento de D. Tomás debió de ser en alguna de las conferencias semanales que organizaba y sigue organizando la Asociación, y a las que acudíamos muchos alumnos de la UAM, motivados por dos de nuestras profesoras, la Dra. Rosario Lucas Pellicer, Catedrática de Prehistoria, y la Dra. Mª Ángeles Alonso; no en vano ellas eran socias fundadoras de la AEAA. Especialmente la relación de D. Tomás fue con la primera de ellas, pues la Dra. Lucas llevó a cabo numerosas investigaciones en la provincia de Segovia desde los años 60 del siglo XX. En la fiesta de celebración que se realizó en junio en los jardines de la Residencia de Estudiantes con presencia del Ministro de Cultura, pude recordar a D. Tomás con algunos de los socios más antiguos presentes en el acto con los que el compartió afición y conocimientos. Se complace pensar que él hubiese estado encantado de compartir ese momento de éxito y reconocimiento de la AEAA en la que se mostró tan integrado, como para usarlo en su pie de firma. Este recuerdo sirva de gratitud a su persona.

Fuentepiñel, 5 de agosto de 2019.


(*) Catedrático de Arqueología de la UAM y segoviano.