El coordinador de Cáritas Samuel Hernández y el director Ángel Anaya muestran una de las salas reformada para reuniones de trabajo./EL ADELANTADO
El coordinador de Cáritas Samuel Hernández y el director Ángel Anaya muestran una de las salas reformada para reuniones de trabajo./EL ADELANTADO

La peste que asoló Segovia en 1599 –aquella que acabó con la milagrosa intercesión de San Roque- obligó a emplear el recién abierto convento de los Hermanos de San Juan de Dios como hospital para proporcionar atención a los enfermos y apestados que se concentraban en las casas y en las calles de la capital. Desde entonces, el edificio ubicado en la calle de Los Desamparados ha tenido una historia casi siempre relacionada con la vocación de servicio a los demás tanto en el plano material como en el espiritual, ya que en sus últimos años albergó a la comunidad de religiosas franciscanas de la Tercera Orden Regular (TOR), conocidas popularmente en Segovia como las ‘Juaninas’.

La crisis vocacional  ha obligado a esta comunidad a abandonar este edificio, pero su espíritu de servicio será heredado por Cáritas Diocesana, que ha encontrado entre sus habitaciones y estancias el lugar idóneo para desarrollar su ingente tarea asistencial contando con mayores posibilidades de atención a las cerca de 3.000 personas que se benefician anualmente de su  trabajo.

Antes de Semana Santa, los trabajadores y voluntarios de Cáritas concretaron el traslado de su antigua sede en la calle de San Agustín al nuevo hogar, muy cerca de la Catedral en pleno corazón espiritual de la ciudad. Para concretar el traslado, ha habido que emprender un proyecto de adecuación de las instalaciones tendente a reacondicionar lo que fueron celdas y estancias para las religiosas y transformarlas en despachos, salas de reuniones y aulas de formación.

Ángel Anaya, director de Cáritas Diocesana, señala que el cambio “lo hemos asumido con ilusión, porque estábamos en un local demasiado pequeño para los servicios que estamos dando, que nos obligaba incluso a establecer turnos para ocupar determinados despachos o incluir a dos o tres profesionales en el mismo lugar, y ahora el cambio ha sido como del agua al vino”.

De este modo, la nueva sede ha conseguido habilitar un total de 22 despachos repartidos en dos plantas a los que se unen amplias salas para el desarrollo de reuniones y cursos de formación que han permitido centralizar la práctica totalidad de los servicios, lo que supone una mejora sustancial en la atención que presta a los usuarios. Asimismo, estancias como la cocina del convento o el jardín servirán como marco para el desarrollo de cursos de formación en hostelería o jardinería enmarcados en los programas de empleo que se desarrollan en la diócesis.

El proyecto ha contado con un presupuesto cercano a los 150.000 euros, que ha sido sufragado en su totalidad con la venta del inmueble de San Agustín, lo que ha hecho posible afrontar las obras sin mermar la capacidad presupuestaria para seguir manteniendo los programas asistenciales. “Nuestra prioridad es y será siempre destinar nuestros medios económicos a las personas más vulnerables –explica el director de Cáritas- por lo que el dinero obtenido con la venta del edificio ha servido como colchón necesario para este proyecto”.

La remodelación del edificio ha alcanzado sólo dos tercios de su superficie total, y para la parte restante ya hay proyectos en los que la dirección de Cáritas trabaja a la espera de poder concretarlos en un futuro. Así, en la parte pendiente de reacondicionamiento  la oenegé dependiente de la Iglesia maneja la posibilidad de crear hogares de acogida de estancias temporales para familias, aunque todo dependerá de la disponibilidad económica y humana de la organización. En este punto, Ángel Anaya señaló que “tenemos que crecer en la medida de nuestras posibilidades, y tirando mucho del voluntariado, porque es el gran valor que tenemos, y confiamos en poder integrar ahora a más voluntarios en los distintos servicios”.

Por otra parte, precisa que un edificio de estas características aumenta las necesidades de mantenimiento en aspectos como la limpieza o la calefacción, lo que obligará a hacer “ajustes económicospara garantizar su uso en las mejores condiciones posibles; aunque el director de Cáritas no duda en que “Dios acontecerá para hacerlo viable”.

Cambio de modelo en el ropero y el economato

La centralización de los servicios de Caritas en su nueva sede deja fuera proyectos como el economato y el ropero, ubicados ahora en los locales del Cristo del Mercado, que están ahora en pleno cambio de modelo asistencial basado en dignificar la atención que prestan a las familias que requieren sus servicios. Anaya señaló que en el caso del economato, el programa ‘Gracias a ti pueden elegir’ con el que los usuarios disponen de una tarjeta prepago con la que pueden acceder a cualquier comercio de alimentación para satisfacer sus necesidades básicos está restando validez al modelo tradicional, que “o bien terminará desapareciendo o quedará para casos muy puntuales”.

En cuanto al ropero, Cáritas Diocesana trabaja a pasos agigantados para la creación de una tienda de ropa de segunda mano vinculada a la plataforma Moda Re-creada por Cáritas para la gestión integral de la ropa usada, al estilo de las que ya hay abiertas por todo el territorio nacional. El sistema será también a través de una tarjeta prepago para poder comprar la ropa necesaria, y habrá una zona abierta al público en general que podrá también comprar  y sumarse a la reutilización textil  ya muy en boga.