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Tartxi Azkargorta, en un momento de su espectáculo en los jardines del Museo Esteban Vicente. / NEREA LLORENTE

Menudo Tremendo, el cantautor del espectáculo de Armando Risotto, rasguea su guitarra para lanzar vitriólicos mensajes en su canción, asegurando que “a mi me maneja un insolvente, a vosotros vuestra cuenta corriente”. Es, sin duda, un retazo de la variedad que Txo Titelles presenta en su presencia en Titirimundi con un espectáculo que lleva ya tres lustros de andadura pero que sigue fresco sobre el escenario en virtud de un menú que combina el circo y el cabaret.

El muñidor de esta propuesta es Nartxi Azkargorta, con casi tres décadas de oficio titiritero a sus espaldas, tras formar su compañía en 1995, y que continúa con la ilusión intacta pero golpeada por una pandemia que ha hecho temblar los cimientos de todo lo construido hasta la fecha. “Hemos estado parados mucho tiempo, y con muchos momentos de incertidumbre con contrataciones y suspensiones –explica- pero estamos empezando a salir”.

Azkargorta define su espectáculo como “un menú familiar en el que cada artista es uno de los platos”, y basado en la interacción con el espectador. Asimismo, reconoce que tiene un punto gamberro y crítico que se refleja en números como el del cantautor, lo que le permite también acercarse a un público más veterano, pero siempre desde la “crítica suave”, según sus propias palabras.

Para el veterano titiritero, la versatilidad de esta disciplina permite ofrecer registros más completos al espectador. “Los títeres hacen cosas que los actores no pueden hacer, y para mi es una forma de sacar lo que pienso –explica-. El títere es un escudo para el manipulador, y a nivel estético puede jugar de otras maneras y explotar la capacidad de sorprender con cosas que un actor no puede hacer”.

Tras 15 años de andadura, Txo Titelles pondrá a prueba este año su último espectáculo ‘Galletas de queso’, que pudo estrenar en Tolosa durante la pandemia pero que confía en que pueda tener mayor recorrido durante el otoño y el invierno. A la espera de este nuevo reto, su presencia en Titirimundi es “un regalo”, ya que además de poder trabajar, el festival ofrece la oportunidad de convivir con otros compañeros y disfrutar de sus espectáculos en un ambiente catárquico, dados los tiempos que corren.