Un liderazgo resiliente

Jesús Castellanos se convirtió en el presidente de Hotuse en plena pandemia: en octubre de 2020. En su mano está que uno de los principales motores de Segovia, la hostelería, recupere la vida que a punto estuvo de perder

Jesús Castellanos se adentró en el mundo de la hostelería hace ya 16 años. / KAMARERO
Jesús Castellanos se adentró en el mundo de la hostelería hace ya 16 años. / KAMARERO

El éxito siempre le ha acompañado. Hace ya 16 años que se adentró en este mundo. Hoy está al frente de un sector en Segovia que lleva en boca de todos desde hace más de un año. En plena pandemia, en octubre de 2020, Jesús Castellanos se convirtió en el presidente de la Asociación de Empresarios de Alojamiento, Hostelería y Turismo de Segovia (Hotuse). ¿Su “único” objetivo? Que la hostelería recobre la vida que la crisis sanitaria ha estado a punto de arrebatarle. Espera que esto también sea un éxito.

Nunca se lo ha tomado como un cargo de presión. Desde que tomó posesión, ha tratado de hacer todo lo posible. Ya lo dice su lema de vida: “Al que hace todo lo que puede, no se le puede exigir más”. De hecho, el puesto le ha “absorbido demasiado”: en ocasiones, le ha resultado difícil compaginar su vida personal con la profesional. Ha tenido que dar “muchas explicaciones”. Pero tenía que salvar el sector, que ha atravesado una situación crítica.

No tenía referentes. Viene del mundo del funcionariado. “Cuando se monta un negocio, toda la familia se tiene que implicar, no queda otra”, afirma. El barrio del Carmen vio nacer su primer negocio en 2005. Junto a su mujer, Marian, abrió un pequeño bar. Ese era “el problema”: era demasiado pequeño y el número de clientes no dejaba de crecer. Por aquel entonces ya tenían claro cómo debían llamar a su criatura: Haggen, un hada de la mitología vikinga. Se ha mantenido fiel al nombre a lo largo de todo este tiempo. “Las cosas que funcionan no me gusta cambiarlas”, en palabras de Castellanos. Y las suyas funcionan.

En 2008 se mudaron a Vía Roma, donde permanecieron abiertos más de ocho años. A este barrio asegura que tiene mucho que agradecerle: “Siempre nos acogieron muy bien”, sostiene. De nuevo, se encontró con el mismo “problema”: su tamaño. En este lugar se anotó uno de sus mayores tantos. “Conseguimos que llegara turismo gracias a las redes sociales, algo muy extraño en esta zona”, relata.

Fue entonces cuando dio el gran salto y montó un restaurante en la Vía del Acueducto. A ella llegó con cierto “miedo”. No es para menos: es una de las principales arterias de Segovia. Quizá esto no le parecía suficiente desafío. Tal es así que, en enero del pasado año, tuvo “la feliz idea”, dice con ironía, de abrir un restaurante en el Centro de Transportes. “Aquello fue un desastre”, lamenta. La pandemia rápido les obligó a cerrar. Lograron reabrir y ahora está “encantado”. Se atrevió a jugar. Y parece estar ganándole la partida al Covid.

En este momento puede decir que sus negocios están “estabilizados”. Pese a ello, la incertidumbre sigue planeando sobre su cabeza. Tiene miedo a lo que le pueda deparar el futuro a corto plazo.

“Este año ha sido una masterclass”, manifiesta. Castellanos ha tenido que pelear por ayudas y subvenciones. Esta experiencia de vida la lleva en la mochila: “Me servirá para mucho”, garantiza. Es una persona de retos. Está acostumbrado “a luchar para salir del pozo”. Sus negocios han tenido altibajos. Entre ellos, han pasado por dos crisis.

Para él es un orgullo poder defender al sector “en el momento más difícil que ha vivido en su historia”. Es una gran responsabilidad. Se están jugando mucho: el mantenimiento de un buen número de empleos. Está satisfecho: “En la provincia no ha habido demasiados cierres”, declara. Su único deseo es que, cuando termine su presidencia, se hayan olvidado de este agujero negro en el que han estado metidos durante meses. Por lo pronto, se conforma con que salgan de esta crisis los mismos que entraron en ella.