Un legado repleto de recuerdos

El segoviano Enrique González es el propietario de una tienda de souvenirs que tiene más de 70 años de historia y que ahora debe hacer frente a su mayor reto: sobrevivir a una pandemia que a punto ha estado de acabar con este emblemático negocio

Enrique González está al frente de la tienda de souvenirs ‘El Alcázar’ desde 1986, tras la jubilación de sus padres, quienes abrieron el negocio a finales de los años 50. / NEREA LLORENTE
Enrique González está al frente de la tienda de souvenirs ‘El Alcázar’ desde 1986, tras la jubilación de sus padres, quienes abrieron el negocio a finales de los años 50. / NEREA LLORENTE

Hace más de 70 años, la familia González decidía abrir una pequeña librería en la calle Marqués del Arco, a medio camino entre la Catedral y el Alcázar. De ahí que recibiera el nombre de uno de los monumentos estrella de Segovia: ‘El Alcázar’. A finales de los años 50, en plena dictadura franquista, un matrimonio segoviano se atrevió a vender cultura desde una tienda que pronto cambiaría las letras por objetos de recuerdo. Hoy, más de 70 años después, es Enrique, el pequeño de los dos hermanos, quien ha sido el encargado de continuar con el legado familiar.

A diferencia de lo que ocurría en zonas más céntricas como la calle Real, por ‘El Alcázar’ solo pasaban turistas admirados por la belleza de la ciudad. Poco a poco el negocio tomó otro camino: se convirtió en una tienda de souvenirs dedicada al turismo. En sus inicios era un local muy pequeño pero, con el tiempo, se fue ampliando. De hecho, “cuando tuvieron oportunidad”, en palabras de Enrique, los González se hicieron con el edificio en el que se encuentra la tienda, optimizado como un almacén. “Es muy viejo, tiene alrededor de 400 años”, asegura. Las reformas en este edificio las “cuida y vigila” el Ayuntamiento. Y no es para menos, ya que formaba parte del Palacio del Marqués del Arco: era la zona de la casa en la que vivía la servidumbre.

En 1986, Enrique tuvo que escoger entre cumplir su sueño de estudiar periodismo o ponerse al frente del negocio familiar que en ese momento necesitaba mano de obra. Así, acabó sustituyendo a sus padres cuando les llegó la edad de jubilación.

En cambio, la tradición familiar podría llegar a su fin con él. “Este negocio es satisfactorio, pero trabajas cuando todo el mundo está de ocio”, sostiene. Es por ello que prefiere que ninguna de sus dos hijas le tome el relevo cuando se retire.

En la tienda hay un objeto a cada milímetro. Sin embargo, aunque reconoce que “puede parecer una chorrada”, el que guarda con más cariño, incluso dentro de una vitrina, es una pequeña capilla de la virgen de la Fuencisla, una de las cosas que más le gustaba vender a su madre.

Con la incertidumbre propia generada por una pandemia a la que ‘El Alcázar’ ha logrado sortear, Enrique espera que pronto vuelvan a descolocar las muñecas flamencas de porcelana y las figuras de toros. Será buena señal.