Un dulce final para un periodo mágico

Las pastelerías y obradores de la provincia mejoran las cifras de esta campaña navideña gracias a la alta demanda de los tradicionales roscones de Reyes

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La venta de roscones está funcionando “bastante bien” y ayer despacharon más de 200 unidades de media. / ROCÍO PARDOS

Los nervios de los pequeños han sido estos días los protagonistas; estaban expectantes por descubrir con qué les sorprenderían esta vez Sus Majestades. Mientras, muchos (los no tan pequeños) deambulan por las calles sosteniendo en sus manos cajas con el dulce por excelencia de la Navidad, que será el epicentro de las mesas de un buen número de salones; en torno al tradicional roscón de Reyes, se reunirán un año más amigos y familiares.

Las pastelerías y obradores de la provincia de Segovia huelen desde hace días a agua de azahar, frutas confitadas, almendra y masas fermentadas. Hasta la fecha, la venta de estos productos está yendo “bastante bien” y ayer despacharon más de 200 unidades, de acuerdo con la presidenta de la Asociación Provincial de Empresarios Pasteleros de Segovia (APEPS), Rocío Gil.

Pese a ello, el sector subraya que esta campaña de Navidad no ha funcionado todo lo bien que esperaban y aún no han logrado alcanzar los datos de 2019. No obstante, han obtenido mejores cifras en comparación con las que tuvieron en 2020, un año marcado por las restricciones y el cierre perimetral de Castilla y León a causa de la pandemia.

Una elaboración tediosa

Estos días, los obradores tienen una actividad frenética; comienzan la elaboración de roscones en la mañana del 4 de enero y continúan durante toda la noche, con el único objetivo de que el día de Reyes esté todo listo.

Y es que el proceso no es sencillo. El primer paso es hacer la masa con harina, agua de azahar, ron y zumo de naranja. Tras su fermentación, se amasa durante una hora y se deja reposar otros 60 minutos. Una vez ha doblado su tamaño, de nuevo ha de fermentar, esta vez durante 24 o 48 horas. A continuación, se coge el tamaño de masa deseado y se introducen en su interior las tradicionales figuras y el haba. Cuando su último reposo ha llegado a su fin, se le da forma y se coloca la fruta escarchada, aunque cada vez son más los que prescinden de ella y se limitan a la naranja, “porque es algo que no comemos y solo sirve para adornar”, sostiene Gil.

Para terminar, se inserta en su interior nata, trufa, crema o el relleno con el que algunos negocios tratan de innovar, por ejemplo con trufa de fresa, y romper la “monotonía” de una de las tradiciones más dulces que conserva la historia española.

Pero la mayoría de los segovianos parecen mantenerse fieles a las tradiciones y el roscón preferido por estos sigue siendo el relleno de nata o de crema, de acuerdo con APEPS.

Crece la demanda

La Navidad ha sido, un año más, atípica y esto se ha reflejado en buena parte de los negocios que dependen de esta campaña. Así, el aumento constante de la incidencia en la provincia de Segovia ha incrementado la demanda de roscones de Reyes, puesto que son muchos los que han trasladado a sus casas las comidas y cenas con familiares y amigos que son tan propias de estas fechas. “La gente suele salir mucho el día de Reyes y con esta situación, se han quedado más en casa”, explica la también propietaria del obrador de ‘El Molino’, en Carbonero el Mayor.

La tradición de este dulce está tan extendida que no se consume solo en el día en el que la magia invade los hogares, aunque es el 5 de enero cuando más venden -una media de 200 roscones-; las pastelerías y obradores los ofertan unos 15 o 20 días antes y los mantienen cerca de diez días después -algunos incluso los venden durante un mes.

En un momento en el que cada vez son más los que optan por la compra de roscones en los supermercados debido, sobre todo, a su bajo precio, desde el sector hacen hincapié en que la calidad “no se puede comparar”, puesto que en las pastelerías y obradores los hacen artesanos, sin conservantes ni otros añadidos. En estos establecimientos, el pequeño (relleno) tiene un precio medio de 15 euros, el mediano de 20 y el grande de 25.

El roscón de Reyes marca así el final de la Navidad y pone su histórico toque dulce a un día en el que la ilusión y la esperanza sobrevuelan (ahora más que nunca) los hogares.