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García de Juan pinta entre seis y siete horas diarias y, de media, tarda ocho meses en realizar un cuadro. / E.A.

Nació en el barrio de San Millán el 28 de mayo de 1939. Esto es, quizá, lo más importante de su extensa trayectoria. Segovia es su tierra. Y su mayor orgullo. Lleva el nombre de su “casa” allá por donde va. Es posible que quienes vean una de las exposiciones de Fernando García de Juan crean que las obras las han realizado distintos artistas. En cada cuadro, hace “lo que quiere”. Hace tiempo que se otorgó plena libertad. No es de los que se enfocan en un tema concreto. No pinta para poder vivir: vive para poder pintar. Siempre compaginó esto con la música: es el último componente de la banda ‘La Popular’. Pero, desde su retirada, se volcó en la representación gráfica.

García de Juan ha expuesto en buena parte de la geografía nacional e internacional: su obra la han conocido en Nueva York, Lima (Perú), Beirut (Líbano), Teherán (Irán), Egipto o Francia. Esto no es todo: ha retratado al rey Juan Carlos I y al Sah de Persia, entre otros. En 1995, recibió de manos de la reina Sofía la Medalla de Oro de Dibujo. En 2001, obtuvo la Medalla Conmemorativa del VIII Certamen Nacional de ‘La Gastronomía en la Pintura’. Su currículum parece no tener fin. Es por ello por lo que cree que merece poder exponer sus obras en Segovia. No sería la primera vez que lo hace. Pero considera que este es el momento ideal. “Tengo 83 años y me gustaría hacer, posiblemente, mi última exposición en vida”, explica. Pide a “sus paisanos” que reconozcan su trayectoria. Y descubran sus trabajos: cuenta con cerca de 50 obras.

“La verdad que no lo sé”, responde cuando le preguntan qué le llevó a introducirse en el mundo del arte. Lo que tiene claro es que, desde que tiene uso de razón, esto ha sido algo innato en él. Su padre era tipógrafo y músico. Perteneció a la banda ‘La Popular’, la más representativa de Segovia durante décadas. A ella se unió después su hijo, con apenas 14 años. “La sangre tira”, asegura. No podría estar sin música. Sigue viviendo de ella. Aunque lleve 30 años sin coger una baqueta. “Mi pensión es gracias a ella”, cuenta. Como tampoco puede estar sin la pintura. Todo fluyó de manera natural.

Fue en el colegio cuando el segoviano comenzó a desarrollar sus dotes pictóricas. En 1956, ganó el primer premio de un concurso de dibujo local. Esto le animó a seguir este camino. Realizó dibujo técnico. Y topográfico. Fue autodidacta. Esto lo combinaba con la música: empezó a estudiarla a los cuatro años. Su inclinación iba dirigida hacia el piano. Pero su instrumento acabó siendo la batería. Con ella se ganó la vida, recorriendo toda España y varios países asiáticos, africanos y europeos.

En su adolescencia y durante algún tiempo, asimiló todos los conocimientos que pudo al lado del gran dibujante y cartelista Teodoro Dominique. “Esto quedó en mí”, recuerda. Sobre todo, cómo trataba las tintas planas. Ahora es esta su técnica más habitual. Así realizó su dibujo de la vista de la iglesia de San Millán desde el Teatro Cervantes. Otra de sus señas de identidad es que hace la mayoría de sus dibujos sobre cartulina negra.

Pinta entre seis y siete horas diarias. De media, tarda ocho meses en realizar un cuadro. En la actualidad, está representando una vista de la Iglesia de la Vera Cruz desde un lateral del Alcázar. En 2003, trasladó su residencia a Benidorm. Pero Segovia sigue siendo el epicentro de sus creaciones.